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Villa-Devoto

Ten√≠a 18 a√Īos y le temblaron las piernas: Se√ļl 88 marc√≥ la vida de Gabriela Sabatini para siempre

Aquel día cambiaría su vida. Y la de toda la familia.

Gabriela Sabatini ten√≠a 13 a√Īos. Cursaba en el Colegio San Jos√©, de Villa Devoto. Era muy introvertida. Siempre lo fue, al punto que sus propios compa√Īeros y las autoridades del instituto reci√©n se enteraron de que compet√≠a en el tenis, y muy bien por cierto, cuando vieron su foto en los diarios y algunas im√°genes en TV. "Nunca nos hab√≠a contado que jugaba al tenis", cont√≥ alguna vez la rectora Mabel Vetti.





Se despertaba promedio a las 6, cursaba, se entrenaba por la tarde y hacía las tareas escolares de noche. Su padre, Osvaldo, tenía la cabeza en "modo licuadora" de escuchar consejos sobre qué era lo mejor para su hija. Qué hacer con el estudio era una decisión sumamente compleja: ella ya competía, había ganado varios torneos internacionales venciendo a jugadoras mayores y saltaba a los ojos que era una adelantada. Gaby se lo simplificó aquel día en que todo cambiaría para siempre y, fiel a su estilo, fue en muy pocas palabras: "Pá, quiero jugar al tenis. Siento que me hace bien. Me da felicidad".



Al a√Īo, Sabatini fue campeona junior de Roland Garros , con 14, en una categor√≠a en la que compet√≠a con mujeres de hasta 18 y del Orange Bowl, cerrando la temporada como 74° del mundo. A los 24 meses se convirti√≥ en la semifinalista m√°s joven de la historia del Grand Slam parisino, pero en mayores, cayendo con Chris Evert. En ese 1985 tambi√©n logr√≥ su primer t√≠tulo, el Pan Pacific en Tokio, y pele√≥ mano a mano el Olimpia de Oro con Hugo Porta. Era ya 12° del ranking y estaba lanzada a trascender en la historia del deporte argentino.

Cinco a√Īos despu√©s de aquella decisi√≥n, tom√≥ otra que le terminar√≠a de abrir la cabeza. "Vamos", le dijo a su padre. Ten√≠a 18, dos semifinales m√°s de Roland Garros encima, ya eran 8 los t√≠tulos como profesional y se hab√≠a instalado en el top 5. El tenis volv√≠a oficialmente a ser parte de los Juegos Ol√≠mpicos, condici√≥n que hab√≠a tenido por √ļltima vez en Par√≠s 1924, a causa del distanciamiento entre el Comit√© Ol√≠mpico Internacional (COI) y la Federaci√≥n Internacional de Tenis (FIT). En el camino, dos veces fue deporte de exhibici√≥n: en M√©xico 1968 y en Los Angeles 1984. Pero eran 64 a√Īos sin presencia ol√≠mpica por las medallas. Una excelente oportunidad para aprovechar su buen momento profesional, su √°ngel especial y la curiosidad por descubrir un mundo nuevo. La esperaba Se√ļl, en Corea del Sur. Una experiencia fascinante que la marc√≥ para siempre.

Como en los tiempos de la primaria en la escuela San Juan Bosco, Gabriela fue elegida para ser la imagen argentina m√°s importante en Se√ļl 1988: le toc√≥ ser abanderada. Una distinci√≥n, para comprender la magnitud, que en las √ļltimas d√©cadas le cupo a Manu Gin√≥bili , Luciana Aymar , Luis Scola y Camau Esp√≠nola, por citar a los m√°s relevantes. "Me temblaron las piernas", nos cont√≥ dos semanas despu√©s, en una caminata desde el estadio hasta la Villa Ol√≠mpica, junto con su padre y el recordado periodista Eduardo Alperin. Ya era otra Gabriela. Que, adem√°s, llevaba encima e incrustada en el alma, la medalla plateada. Hab√≠an transcurrido 26 a√Īos desde la anterior para la Argentina: la del remero Alberto Demiddi, en Munich 72.

Steffi, su cl√°sico

Semanas previas a seul, sabatini hab√≠a jugado su primera final de grand slam, en el US Open. El sue√Īo de coronarse en New York, su ciudad favorita, qued√≥ postergado por Steffi Graff, la topadora alemana; el monstruo del mejor drive femenino de la historia que sell√≥ el flushing meadows, su grand slam a la antigua, como los del australiano Rod Laver en 1962 y 1969, completando los cuatro titulos en la misma temporada. Llegaba Gaby con deseos de revancha y sab√≠a a la perfecci√≥n que Graf era la gran enemiga. Sin menospreciar a la se√Īora de los courts, Chris Evert, que estaba en el mismo sector del draw. ¿Ausentes? Martina Navratilova, por ejemplo.

Los Juegos de Se√ļl ten√≠an muchos factores especiales. No solo volv√≠a oficialmente el tenis: tambi√©n eran los Juegos del reencuentro despu√©s del boicot estadounidense (y aliados) a Mosc√ļ 1980 y de la devoluci√≥n de gentilezas del bloque sovi√©tico a Los Angeles 1984. Corea del Norte ya era una amenaza para Corea del Sur y las medidas de seguridad abrumaban. Para ir a ver un partido de f√ļtbol del seleccionado dirigido por Carlos Pacham√© a Taeg√ļ o Pus√°n, a 300 y 500 kil√≥metros de Se√ļl, respectivamente, las combis de prensa eran escoltadas por motociclistas de fuerzas especiales, ida y vuelta. La organizaci√≥n no quer√≠a sorpresas. Aunque la mayor atracci√≥n estaba prevista para las 13.30 del s√°bado 24 de septiembre: la final de los 100 metros con el duelo entre Carl Lewis y Ben Johnson. Los 9s79/100 del canadiense para el oro que le dur√≥ 48 horas por doping. Se√ļl 88 es y ser√° recordado por ese escandoloso desenlace.

Una carrera de menos de 10 segundos que Gabriela sigui√≥ de cerca junto con muchos atletas argentinos. En Se√ļl 88 hubo 124 representantes de nuestro pa√≠s: 98 varones y 26 damas. Entre las mujeres estaban Sabatini, Mercedes Paz y Bettina Fulco. El equipo de tenis se completaba con Mart√≠n Jaite y Javier Frana. Las chicas no tardaron en sumarse en los tiempos libres en la Villa al seleccionado femenino de hockey sobre c√©sped: la comuni√≥n fue instant√°nea. Y la qu√≠mica con Gaby, m√°s especial a√ļn por su edad. Era la mimada.



Acostumbrada en los viajes a la compa√Ī√≠a familiar de sus padres (Osvaldo y Beatriz) o de su hermano (Osvaldo), y de su coach (en ese momento, el espa√Īol Angel Gim√©nez), a ir de hotel en hotel y de tener autos de la organizaci√≥n de los torneos de tenis a disposici√≥n, de pronto a Sabatini se le abri√≥ un mundo diferente. Quiz√° sin imaginarlo cinco a√Īos antes cuando tom√≥ aquella decisi√≥n de vida, Gabriela lleg√≥ a Se√ļl ya como una profesional, con sus usos y costumbres: el individualismo del circuito, las miradas celosas, las grandes rivalidades, los vac√≠os de los que muchas veces son v√≠ctimas los deportistas. Eran, todav√≠a, tiempos de un arraigado amateurismo en los Juegos. De pronto se encontraba en el comedor de la Villa y participaba de sobremesas de dos o tres horas con atletas de una realidad diferente a la de ella. Que realizaban un esfuerzo superior, con privaciones incluidas, para poder estar ah√≠, en la cita ol√≠mpica. Es cierto que Sabatini compiti√≥ en ese torneo sin que diera puntos ni premios, una rareza para lo que es el tenis, deporte h√≠perprofesional. Pero conocer historias particulares, descubrir esa realidad paralela que caracteriza al atleta amateur, le hizo recordar mucho aquellos primeros tiempos en River con su profe Palito Fidalgo. Con una diferencia n√≠tida: estaba mimetizada con la elite del deporte mundial.

Si Gabriela decidi√≥ jugar al tenis porque la hac√≠a feliz, tanto o m√°s feliz la hizo aquella experiencia ol√≠mpica de la que ya pasaron tres d√©cadas. Por las amistades que cosech√≥, por sentirse querida y protegida. "Era todo muy lindo. Ten√≠a gran relaci√≥n con las chicas del hockey, con los chicos del voley. Me ven√≠an a ver, me alentaban. Despu√©s yo iba a ver los partidos de ellos y lo mismo. Siempre recordar√© a Se√ļl como algo muy especial y muy lindo en mi vida", dijo Gabriela muchos a√Īos despu√©s, pero con los recuerdos a flor de piel. Sentidos. Como si estuviera reviviendo aquellos d√≠as de 1988. Durante un tiempo sigui√≥ vi√©ndose con algunas de las integrantes del equipo de hockey (que todav√≠a no eran las Leonas), como Gabriela S√°nchez y Alina Vergara. V√≠nculos que trascienden y que marcan la relevancia de una experiencia singular.

Tiempo de medallas

Se iban los juegos y argentina estaba seca en el medallero. Aunque quedaban dos cartas bravas: Sabatini y el seleccionado de voleibol, con aquella generaci√≥n inolvidable de Hugo Conte, Waldo Kantor, Daniel Castellani, Estaban MArtinez y Ra√ļl Quiroga, entre otros. Ellos lograron el bronce, con un inolvidable 3-2 ante Brasil, la medalla m√°s importante le tenia un lugar reservado a Gabriela.

Que tuvo alg√ļn sofoc√≥n en el camino. Tras ganarle a la yugoslava Sabrina Goles, en octavos se cruz√≥ con la alemana Silvia Hanika. El problema no era la rival en s√≠, sino las 4h20m que hab√≠a jugado el d√≠a anterior, en dobles, junto con la tucumana Mecha Paz, su gran amiga de la infancia y "hermana mayor" en las giras. Sabatini arranc√≥ est√°tica, sin reacci√≥n, y el primer set se le fue sin darse cuenta (6-1). Caminaba con dificultad, hasta parec√≠a lesionada. Termin√≥ ganando en 2h4m por 1-6, 6-4 y 6-2. "Me cost√≥ entrar en ritmo, pero no ten√≠a nada. Estoy perfecta", expres√≥, para tranquilidad de la delegaci√≥n. Con una sonrisa adicional cuando se enter√≥ de que Evert hab√≠a perdido con la italiana Raffaella Reggi. Un obst√°culo dif√≠cil se apartaba de su ruta al podio.



Sabatini se asegur√≥ una medalla al eliminar a la bielorrusa Natalia Zvereva (6-4 y 6-3) y se garantiz√≥ la plateada al vencer en semifinales a la b√ļlgara Manuela Maleeva (6-1 y 6- 1) en 1h7m. La esperaba...Graf, obviamente, que en 45 minutos hab√≠a despachado a la estadounidense Zina Garrison (6-1 y 6-0). Bien a lo Steffi.

Los n√ļmeros no acompa√Īaban a Gabriela: 13-2 marcaba el historial para Graf. Aunque sus dos victorias las hab√≠a conseguido ese a√Īo en Boca Rat√≥n y Amelia Island, en marzo y abril. "Me gan√≥ m√°s veces, s√≠, pero s√© que no le gusta nada jugar conmigo, que la incomodo. Quiero el oro", anticip√≥. Ese d√≠a se le iluminaron los ojos cuando se le remarc√≥ que la Argentina llevaba 36 a√Īos sin victorias ol√≠mpicas, desde Helsinki 52, mediante los remeros Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero.

Casi ni quedaban tenistas en el complejo ol√≠mpico: los eliminados se fueron yendo porque ten√≠an compromisos profesionales la semana siguiente. Tanto Sabatini como Graf contaron con un colaborador de lujo en la puesta a punto: Javier Frana. De los pocos que a√ļn permanec√≠an en Se√ļl. "Steffi se enojaba mucho cuando perd√≠a un punto en las pr√°cticas. Me llam√≥ la atenci√≥n", recuerda el rafaelino. "A Gaby la vi tranquila".



Ese s√°bado 1° de octubre de 1988, hace hoy 30 a√Īos, Sabatini se levant√≥ en la Villa Ol√≠mpica con una gran ilusi√≥n. La esperaban para desayunar en el comedor sus amigas del hockey, sus hinchas N° 1 de cada d√≠a; las mismas que la fueron a buscar despu√©s del cotejo para abrazarla una y otra vez. Jug√≥ un buen partido que no refleja el 6-3 y 6-3 de la derrota final. Pero un buen partido y una Gran Willy que enloqueci√≥ a los 9000 asistentes no alcanzaban para vencer a esa endemoniada Steffi Graf, que coronaba algo √ļnico: el Grand Slam Dorado. Al momento de la entrega de premios, Gaby estaba tocada como pocas veces. Al borde de las l√°grimas. Distinta a como estaba, por ejemplo, Juan Mart√≠n del Potro cuando obtuvo la misma medalla en R√≠o 2016 o la de bronce en Londres 2012. No le gustaba perder. Menos con Graf, su cl√°sico.

La caminata con Osvaldo llevando los bolsos hacia la Villa fue a paso lento. La congoja iba aflojando. "Ya habl√© con mam√°. Me felicit√≥ y me dijo que no me preocupara, que lo que hab√≠a hecho era muy importante y que estaba orgullosa. ¡Y que volviera r√°pido porque quer√≠a darme abrazos y besos! Y tener en sus manos la medalla para ver c√≥mo es. Termin√© lagrimeando un poco", confes√≥. Y enseguida se le filtr√≥ una sonrisa.

Le preguntamos por el momento del podio. Baj√≥ la cabeza. Camin√≥ unos 10 metros. La levant√≥ y sigui√≥ el relato: "Cuando estaba en el podio y vi subir la bandera me emocion√©, pens√© en lo que representaba, no tanto por m√≠, sino por todos los argentinos. Sent√≠ algo extra√Īo, como un escalofr√≠o, y tuve pena por no haberla podido hacer acompa√Īar con el Himno. S√≠, me emocion√© mucho".

En la despedida, la pregunta: "¿Y ahora qu√©, Gaby? ¿Con qu√© te vas de los Juegos?". Lo mir√≥ a Osvaldo, el gu√≠a de su vida y a quien extra√Īa cada d√≠a, y parec√≠a otra persona: "Siento que fue otro paso importante para mi carrera. Distinto. Ver tantos atletas, conocer sus historias, verlos entrenar cada ma√Īana al lado tuyo. Me voy con unas ganas de entrenar y jugar incre√≠bles".

Gan√≥ un US Open (1990, y a Graf). Estuvo a dos puntos de ganar Wimbledon (1991). Fue 3 del mundo (1989, 1991 y 1992). Logr√≥ 27 t√≠tulos. Y como calculaba a los 16 a√Īos cuando se le preguntaba sobre el futuro, se retir√≥ a los 26. Cuando el tenis ya no la hac√≠a tan feliz como aquella vez que tom√≥ su primera gran decisi√≥n. Una deportista ejemplar y adorada en el mundo. Ovacionada a√ļn hoy. A 30 a√Īos de la medalla plateada en Se√ļl, Gabriela sabe que esa experiencia la termin√≥ de moldear para todo lo bueno que vendr√≠a. Profesional y sobre todo humanamente, donde el oro le cuelga del cuello desde siempre

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