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La bicicleta y la emancipación de las mujeres

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A finales del siglo XIX, las mujeres se convirtieron en las usuarias m√°s entusiastas de las nuevas bicicletas con pedales



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La bicicleta y la emancipación de las mujeres


19/4/2018

La osadía de ponerse pantalones

A mediados del siglo XIX, Amelia Bloomer inventó unos pantalones anchos de inspiración turca que eran prácticamente una falda dividida en dos. Estos bloomers fueron recibidos con el más absoluto rechazo. Algunas mujeres ciclistas (como la de la foto junto a estas líneas) decidieron vestir estos pantalones para poder pedalear cómodamente, pero las críticas, e incluso las agresiones físicas, impidieron que el invento prosperara. Sólo algunas valientes insistieron en seguir llevando bloomers para montar en bicicleta: la mayoría continuaron haciéndolo con vestidos o escondiendo los pantalones bajo la falda, para recogérsela sólo a salvo de miradas indiscretas.

Anuncio de un fabricante de bicicletas belga

El camino de la bicicleta hab√≠a sido largo. Los primeros modelos, desde 1817, consist√≠an en una mera barra que un√≠a dos ruedas. Alrededor de 1870 se le a√Īadieron pedales, lo que aparte de permitir avanzar montado tambi√©n aumentaba las posibilidades de salir indemne de la aventura.

Ciclistas en un parque de Par√≠s, el bosque de Bolonia. √ďleo por Jean B√©raud. 1899.

Poco a poco, la imagen de la mujer en bicicleta fue dejando de ser extra√Īa. Cada vez m√°s baratas, las bicicletas se popularizaron. Surgieron multitud de clubes femeninos que ofrec√≠an la oportunidad de viajar en compa√Ī√≠a y evitar as√≠ el acoso callejero.



La bicicleta y la emancipación de las mujeres

"Antes pensaba que lo peor que pod√≠a hacer una mujer era fumar, pero he cambiado de idea. Lo peor que he visto en mi vida es una mujer montando en bicicleta". As√≠ se manifestaba el 25 de julio de 1891 la corresponsal del Chicago Tribune en una peque√Īa columna en la que afirmaba que podr√≠a hacerle la vida imposible a su futura nuera si √©sta demostraba la m√°s m√≠nima inclinaci√≥n por el ciclismo; las pioneras de la bicicleta estaban empezando a causar una impresi√≥n abrumadora.

El camino de la bicicleta hab√≠a sido largo. Los primeros modelos, desde 1817, consist√≠an en una mera barra que un√≠a dos ruedas. Alrededor de 1870 se le a√Īadieron pedales, lo que aparte de permitir avanzar montado tambi√©n aumentaba las posibilidades de salir indemne de la aventura. Estos "veloc√≠pedos", con la rueda delantera m√°s grande que la trasera, fueron sustituidos por bicicletas con ruedas de igual tama√Īo y cadenas que transmit√≠an la energ√≠a del pedal a la rueda trasera. Mucho m√°s seguras, las bicicletas de principios de la Belle √Čpoque empezaron a venderse a precios exorbitantes a aquellos que pod√≠an permit√≠rselo.

Las mujeres de clase alta fueron atrevi√©ndose a montar en este nuevo invento, que pon√≠a a su alcance la posibilidad de desplazarse con libertad y rapidez en un mundo que las condenaba al enclaustramiento en la vivienda familiar. Estas pioneras atra√≠an todas las miradas, lo que ya de por s√≠ era malo. Los manuales de comportamiento de la √©poca dejaban muy claro que lo √ļltimo que deb√≠a hacer una dama en la calle era llamar la atenci√≥n de los viandantes. Andar deprisa era un signo de mala educaci√≥n, lo mismo que hablar alto o mover los brazos lejos del cuerpo.

Rompiendo esquemas

La mujer que montaba en bicicleta romp√≠a las reglas establecidas sobre el comportamiento femenino y se convert√≠a en una persona de dudosa moral. Un gran esc√°ndalo acompa√Ī√≥ a las primeras ciclistas. A la londinense Emma Eades la recib√≠an a pedradas; a otras muchas las insultaban y agred√≠an. Por si fuera poco, los m√©dicos de la √©poca opinaban que el ciclismo era una actividad perjudicial para el organismo femenino, considerado m√°s d√©bil que el masculino. Montar en bicicleta, cre√≠an, pod√≠a causar esterilidad y trastornos nerviosos.

Pero estas pioneras no s√≥lo se enfrentaron a los cimentados prejuicios de la √©poca. Tuvieron delante un obst√°culo a√ļn mayor: la vestimenta femenina, compuesta por pesados vestidos (la ropa interior pesaba unos seis kilos) y apretados cors√©s con los que hacer el m√°s m√≠nimo ejercicio sin desmayarse era un prodigio.

Al rescate de las ciclistas vinieron los bloomers, unos pantalones muy anchos. Pero cuando algunas mujeres se atrevieron a vestirlos, el esc√°ndalo fue may√ļsculo. Los sacerdotes dedicaron sermones a resaltar lo pecaminoso del asunto; a las profesoras francesas se les prohibi√≥ acudir con ellos a la escuela y a la arist√≥crata Lady Haberton se le impidi√≥ entrar, por llevar bloomers, en una cafeter√≠a donde pretend√≠a beber algo antes de montar de nuevo en su bicicleta. La batalla por los pantalones estaba perdida, pero mientras tanto se hab√≠a avanzado un largo trecho en la emancipaci√≥n femenina.

La popularización de la bicicleta

Poco a poco, la imagen de la mujer en bicicleta fue dejando de ser extra√Īa. Cada vez m√°s baratas, las bicicletas se popularizaron. Surgieron multitud de clubes femeninos que ofrec√≠an la oportunidad de viajar en compa√Ī√≠a y evitar as√≠ el acoso callejero. Ejemplos como la vuelta al mundo en bicicleta de Annie Londonderry en 1895 cautivaron la imaginaci√≥n de muchos y demostraron que las mujeres eran capaces de las mismas haza√Īas que los hombres. Mientras, la publicidad present√≥ el ciclismo como una actividad respetable. Ahora los m√©dicos recomendaban montar en bicicleta, y los periodistas ve√≠an en la ciclista a la "nueva mujer". El g√©nero femenino conquistaba un nuevo terreno que antes le hab√≠a estado vedado.

De hecho, el fen√≥meno se hab√≠a vuelto tan popular que, a finales de la Belle √Čpoque, una mujer soltera se quejaba de que ya no se pod√≠a ligar sin montar en bicicleta. Por mucho que ensanchara los horizontes de su g√©nero, a ella le molestaban sobremanera las incomodidades de este deporte. Nunca ha llovido a gusto de todos.

Fuente:

http://www.nationalgeographic.com.es

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