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Villa-Devoto

25 de mayo de 1973, Una crónica para no olvidar.

Courtney Stodden, una escandalosa medi√°tica norteamericana, sorprendi√≥ al entrar en la casa de Gran Hermano con sus pechos color p√ļrpura. Con s√≥lo 19 a√Īos, esta rubia –demasiado parecida a Barbie- es una habitu√© de los quir√≥fanos y una obsesiva de la imagen. Los efectos de la adicci√≥n a las cirug√≠as, en primera persona.
  
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25 de mayo de 1973, Una cr√≥nica para no olvidar.   
27/5/14

LA CASA MONTONERA: El 25 de mayo de 1973, la asunción de un gobierno democrático, y el retorno al poder del peronismo tras casi dos décadas de proscripción, marcó uno de los periodos más caóticos y anárquicos de la historia argentina.Por el Dr. Adalberto C. Agozino -Especial TNA-

Durante los 1.035 días que duraría esta nueva experiencia democrática se alternarían en el poder cuatro presidentes de la nación y ochenta ministros. La violencia política alcanzó niveles astronómicos cuando al terrorismo revolucionario se sumó el terrorismo de Estado protagonizado por grupos parapoliciales. La economía se derrumbó después que una combinación de precios máximos y desabastecimiento que disparó la inflación a niveles nunca vistos antes.

El clima de anarqu√≠a comenz√≥ en el mismo acto de traspaso del gobierno a las autoridades electas. En la Casa Rosada -bautizada por los manifestantes como “Casa Montonera”-[i], la ceremonia se realiz√≥ en un marco cargado de tensi√≥n. En la Plaza de Mayo se produjeron incidentes entre las autoridades militares salientes y los manifestantes peronistas que arrojaron varios muertos, cinco autom√≥viles particulares, una motocicleta y un cami√≥n celular de la Polic√≠a Federal volcados e incendiados.

Desde el d√≠a anterior grupos de manifestantes juveniles acamparon y encendieron fogatas en la Plaza de Mayo. Enormes banderas y las fotos de los terroristas muertos en Trelew anunciaban la presencia de las “formaciones especiales”: FAP, FAR y Montoneros. Los manifestantes alborozados entonaban c√°nticos contra los militares: “Se van, se van y nunca volver√°n”. Otras consignas anunciaban la llegada de la utop√≠a al poder: “Que lindo, que lindo, que lindo que va a ser, el Hospital de Ni√Īos en el Sheraton Hotel”.[ii]

El d√≠a de la asunci√≥n del gobierno una verdadera alfombra humana cubr√≠a la Plaza de Mayo y la avenida de Mayo desde la casa Rosada hasta el edificio del Congreso Nacional. Para muchos esta era la posibilidad de ver un verdaderoacto peronista, el primero desde 1955, una manifestaci√≥n que s√≥lo conoc√≠an por referencias de sus mayores. La euforia popular y la curiosidad fueron m√°s convocantes que la ideolog√≠a pol√≠tica. Todos quer√≠an sumarse a la fiesta ciudadana y saludar al nuevo gobierno democr√°tico. Matrimonio j√≥venes concurr√≠an con sus hijos de corta edad esgrimiendo banderas argentinas. Hombres maduros, que hab√≠an acompa√Īado a Per√≥n en los d√≠as de 1945, volv√≠an al escenario de tantas convocatorias populares anhelando que la magia hiciera resurgir la prosperidad de anta√Īo.

Entre la multitud, ese d√≠a en la Plaza, no faltaron los famosos como Soledad Silveyra, Juan Carlos Gen√© –nombrado pocos d√≠as despu√©s director general del Canal 7 de televisi√≥n-, la modelo Chunchuna Villafa√Īe, Irma Roy y su marido el periodista Osvaldo Papaleo, el cantante Piero, junto a intelectuales como Arturo Jauretche, sacerdotes tercermundistas como Carlos M√ļgica, o incluso el cardiocirujano Miguel √Āngel Bellizi.[iii] Pero, poco falt√≥ para que la fiesta terminara en tragedia.

C√ĀMPORA EN EL CONGRESO

Siguiendo la tradici√≥n, C√°mpora inici√≥ las ceremonias de asunci√≥n present√°ndose ante la Asamblea Legislativa formada por ambas c√°maras de legislatura. El odont√≥logo de San Andr√©s de Giles, ley√≥ un extenso y aburrido discurso de tres horas y media de duraci√≥n. En el mismo present√≥ un ambiciosoprograma de acci√≥n. En la alocuci√≥n no faltaron los elogios a Per√≥n y Evita y un encendido tributo a “una juventud maravillosa [que] supo responder a la violencia con la violencia”, pero dio la seguridad a los asistentes de que “la violencia decaer√°. La paz prevalecer√°”.

C√°mpora, para remarcar la orientaci√≥n que seguir√≠a su gobierno dijo: “No vacilo en proclamarlo: ¡es la hora de Per√≥n! Y se que interpreto el sentimiento que anida en los hombres y mujeres de Patria”. [...] “¡Por decreto del 31 de octubre de 1955 quienes utilizaban sus armas contra el pueblo privaban de su grado al Teniente General don Juan Per√≥n!” [...] “Como Presidente de los argentinos e interpretando su asentimiento pr√°cticamente un√°nime he de hacer todo lo que sea necesario para el reintegro formal del grado al General don Juan Per√≥n.”

La extensa alocuci√≥n conclu√≠a diciendo: “La Revoluci√≥n pac√≠fica que vamos a realizar mediante un conjunto de medidas de gobierno que ir√°n directamente a la ra√≠z de nuestros males, exige tambi√©n su desarme de los √°nimos, que ha estado siempre en nuestro temperamento y en nuestra intenci√≥n”.

“La Revoluci√≥n no es para nosotros una gimnasia ni una profesi√≥n. Es una conducta. Desde hace treinta a√Īos, desde 1943, los hombres que hoy tenemos la responsabilidad de gobernar vivimos en Revoluci√≥n”.

“Quienes se suman hoy a nuestra marcha tienen que aceptar que el ritmo, el procedimiento y los objetivos, los fijamos nosotros, los que conocemos el punto de partida y las acechanzas del camino. Los que hemos recorrido este largo sendero que si en algunos momentos fue de gloria y alegr√≠a, tambi√©n supo ser de negaci√≥n, de sangre y de dolor. Y lo hemos transitado sin perder nunca el rumbo y sin traicionar jam√°s la fe depositada en nuestras manos”.

“Nuestra posici√≥n doctrinar√≠a es la que ha definido el general Per√≥n. Ni m√°s ac√° ni m√°s all√° de nuestra doctrina”.

“Con total acatamiento a lo que el pueblo quiere, porque el pueblo identific√≥ una conducta y un programa en nosotros, a trav√©s de la figura de Per√≥n y de la doctrina justicialista que levantamos como bandera”.

“Esta es la lealtad esencial que el pueblo espera de quienes fuimos elegidos por sus votos: No alterar. No adulterar. No traicionar. Ser esencialmente fieles a la voluntad popular”.[iv]

VIOLENCIA EN LA PLAZA

Terminada la ceremonia en Congreso de la Nación el presidente intentó trasladarse en automóvil a la Casa Rosada. La gran multitud y el fervor de la gente impido queCámpora hiciera el trayecto en automóvil tal como estaba previsto. Debió trasladarse en helicóptero.

Tampoco pudo realizarse el desfile militar. En la zona de Plaza de Mayo, en especial en la intersecci√≥n de la Avenida de Mayo con la calle Per√ļ se produjeron una serie de incidentes entre manifestantes y militares. En especial con el destacamento perteneciente a la Escuela de Mec√°nica de la Armada. La Armada concitaba, especialmente, el odio de los manifestantes, los peronistas ortodoxos la responsabilizaban por los bombardeos de la Plaza de Mayo en junio de 1955, en tanto que la Juventud Peronista los acusaba de la Masacre de Trelew.

Otros manifestantes hab√≠an impedido a las ocho de la ma√Īana que el intendente municipal Saturnino Montero Ruiz, acompa√Īado de tres oficiales de las fuerzas armadas cumpliera con la tradicional ceremonia de izar el pabell√≥n nacional en el m√°stil de la Plaza de Mayo.[v]

En general, los militares eran hostigados con la consigna: “Se van, se van / y ya nunca volver√°n”, “Ya van a ver / ya van a ver / cuando venguemos / los muertos de Trelew o la m√°s truculenta de“Duro, Duro, Duro / Aqu√≠ est√°n los Montoneros / que mataron a Aramburu”.

A las diez y media de la ma√Īana, la Plaza de Mayo resultaba chica para la multitud que presionaban, en oleadas sucesivas, sobre el palco oficial y la propia Casa Rosada. Los manifestantes invadieron tambi√©n el palco oficial que pas√≥ a convertirse en “Palco del Pueblo”. Hab√≠a gente en los balcones del Cabildo, en la terraza de la vieja Curia, quemada en junio de 1955, sobre el techo de la Catedral formando un gigantesco s√≠mbolo de Per√≥n Vuelve para que los vieran desde el aire. Gente sobre los √°rboles, los faroles y en la propia fachada de la Casa Rosada.[vi]

Las puertas de la Casa Rosada debieron ser fuertemente cerradas para impedir que grupos de exaltados manifestantes ingresaran al recinto donde deb√≠a efectuarse la transici√≥n del mando presidencial. Los insultos y escupitajos empezaron a llover sobre oficiales del Ej√©rcito y el cardenal arzobispo de Buenos Aires cuando se aproximaron al edificio. Algunos jefes militares debieron apelar a las armas para preservar su integridad de la furia de los manifestantes, tal lo ocurrido con los custodias del Comandante en Jefe de la Armada, Almirante Carlos Guido Natal Coda, que dispararon contra la multitud para impedir que agredieran a su jefe provocando una decena de heridos. El personal policial que custodiaba la zona era agredido, algunos perdieron sus gorras y sus armas, otros debieron de aceptar pasivamente que grupos de la Juventud Peronista pintaran con aerosoles la “V” y la “P” sobre sus uniformes.

Por momentos, los efectivos policiales de la Guardia de Infanter√≠a reprim√≠an a la multitud para contenerla, el aire se tornaba irrespirable, los proyectiles y las corridas provocaban heridos y desmayados. Finalmente grupos de activistas de la Juventud Peronista tomaron el control del acto y comenzaron a establecer cierto orden. A lo largo de la Avenida de Mayo se rompieron vidrieras y algunos negocios fueron saqueados por los manifestantes, entre ellos el local de la sastrer√≠a Modart sito en la esquina de Avenida de Mayo y Per√ļ. Se incendiaron varios veh√≠culos que no pudieron ser retirados a tiempo por la polic√≠a. El saldo de v√≠ctimas de la jornada nunca se dar√≠a a conocer, pero un centenar de personas recibieron heridas de armas de fuego, pisotones y apretujones.

LOS COMPA√ĎEROS PRESIDENTES

Dentro de la Casa Rosada, los militares trataban de sobrellevar con estoicismo las diversas humillaciones a que eran sometidos. No parec√≠an poder creer lo que suced√≠a. Los asistentes entonaban las estrofas de la marcha peronista y levantaba los brazos haciendo la ”V” de la victoria mientras el presidente C√°mporarecib√≠a la banda y el bast√≥n presidencial. El presidente de facto saliente, Alejandro A. Lanusse escuch√≥ los c√°nticos, firme como una estaca, con una sonrisa apenas insinuada y desafiante. A su lado, en un lugar de preferencia, fueron ubicados el presidente socialista de Chile, Salvador Allende y el presidente comunista de Cuba, Osvaldo Dortic√≥s Torrado, a quienes la izquierda peronista saludaba alborozada como “compa√Īeros presidentes”.

Seg√ļn lo planeado, H√©ctor J. C√°mpora jur√≥ como primer presidente peronista, dieciocho a√Īos despu√©s del derrocamiento de Per√≥n. En un hecho in√©dito, el acta de asunci√≥n del flamante presidente democr√°tico fue rubricada por los presidentes Allende y Dortic√≥s, m√°s tarde tambi√©n lo har√≠a el presidente del Uruguay Juan Mar√≠a Bordaberry a quien los manifestantes impidieron su ingreso a la Casa Rosada.[vii] Tambi√©n estuvo presente el primer ministro del Per√ļ, Edgardo Mercado Jarrin. Los miembros de la saliente Junta Militar debieron retirarse del edificio en helic√≥ptero para evitar nuevos incidentes con los exaltados manifestantes. El √ļnico que parti√≥ en autom√≥vil fue el Teniente General Lanusse, quien con un gesto personal de indudable coraje y √°nimo provocador dijo:“Yo no me ando escapando de nadie. Me ir√© por donde vine”. Contra todas las previsiones, pudo salir en su veh√≠culo sin ser molestado mayormente por la multitud.

Despu√©s de asumir el cargo, C√°mpora habl√≥ al pueblo desde el hist√≥rico balc√≥n de la Casa Rosada en el cual tantas veces hab√≠a acompa√Īado a Per√≥n, instando a la calma. Junto a √©l se encontraban adem√°s de sus ministros los siete delegados de las Regionales de la Juventud Peronista. El nuevo presidente hizo referencia a grupos que “han querido provocar y distorsionar esta fiesta” y termin√≥ solicitando “de casa al trabajo y del trabajo a casa”. Luego, en un mensaje difundido por radio y televisi√≥n, reiter√≥ sus recomendaciones ante el cariz violento que asum√≠an los hechos, exhortando a la calma “a los compa√Īeros y a las fuerzas de seguridad”.[viii]

EL DEVOTAZO

Pero el 25 de Mayo de 1973 no ha terminado a√ļn. Finalizados los festejos por el traspaso del mando en la Casa Rosada y los incidentes en la Plaza de Mayo, tanto la Juventud Peronista como las distintas organizaciones terroristas convocaron a trasladarse a la c√°rcel de Devoto para “liberar a los compa√Īeros presos” bajo una de las consignas m√°s coreada en los actos peronistas:“El T√≠o Presidente libertad a los combatientes”.

Al anochecer, varias columnas de manifestantes provenientes del centro de la ciudad converg√≠an hacia el barrio de Villa Devoto. Unas treinta mil personas se congregaron rodeando los muros exteriores de la c√°rcel, exigiendo la libertad de los presos pol√≠ticos, muchos de ellos terroristas condenados. “Minuto a minuto –relata Bonasso- llegaba m√°s camiones y √≥mnibus y m√°s caravanas a pie, con una consigna muy clara: ‘No moverse hasta que salga el √ļltimo compa√Īero’.”[ix]

Dentro del penal, desde las primeras horas del día 25 de mayo, los miembros de las organizaciones terroristas allí detenidos habían tomado los pabellones donde estaban alojados, protagonizando episodios de violencia con el personal del Servicio Penitenciario Federal que, sin embargo, retuvo el control de los patios internos y del perímetro de seguridad. Los reclusos respondían al comando de Fred Ernest, por parte de los Montoneros y Pedro Cazes Camarero por el PRT РERP y controlaban también la central telefónica.

En el Congreso Nacional, la flamante C√°mara de Diputados, presidida por Ra√ļl Lastiri, hab√≠a formado una comisi√≥n integrada por una docena de legisladores para conocer la situaci√≥n de los detenidos pol√≠ticos en las c√°rceles porte√Īas. Los miembros de esta comisi√≥n se trasladaron de inmediato a los penales porque exist√≠an versiones de que se encontraban tomados por los presos.

El Secretario General del Partido Justicialista, Juan Manuel Abal Medina, a pedido del diputado Julio Mera Figueroa, se trasladó al penal de Devoto donde después de varias horas cargadas de tensión se encargó de gestionar la liberación de los presos políticos.

EL 25 EN LA CALLE, EL 26 EN LA TRINCHERA

Debemos recordar que cuando comenz√≥ a generalizarse la violencia terrorista, durante el gobierno de la llamada “Revoluci√≥n Argentina”, el presidente Lanusse y su ministro de Justicia, el doctor Jaime Perraiaux, crearon, el 15 de julio de 1971, la C√°mara Federal en lo Penal.[x]

Un tribunal con jurisdicci√≥n en todo el pa√≠s para combatir con la ley los hechos de terrorismo. Al 25 de mayo de 1973 –seg√ļn se√Īala el doctor Jaime Smart-, la C√°mara hab√≠a dictado 600 sentencias condenatorias y se encontraban a la espera de ser juzgados unos 500 terroristas m√°s.[xi]

Muchos de estos terroristas se encontraban detenidos en la Unidad N¬ļ 2 del Servicio Penitenciario Federal, cita en el barrio porte√Īo de Villa Devoto. Entre ellos Rodolfo Alsina Bea, Manuel Ponce de Le√≥n y Sigfrido De Benedetti, todos ellos procesados por el secuestro y posterior muerte del presidente de la Fiat, Oberd√°nSallustro; Roberto Montoya y Julio Roqu√©, por el asesinato del General Juan Carlos S√°nchez; Alberto Carlos Maguid, por el asesinato del Teniente General Pedro Eugenio Aramburu, y Mar√≠a Antonia Berger, Ricardo Ren√© Haidar, y Alberto Camps, sobrevivientes de la Masacre de Trelew.[xii]

Apelaremos al testimonio de Juan Manuel Abal Medina –recogido por Ernesto Jauretche- para obtener una versi√≥n de c√≥mo se desarrollaron los hechos en el penal de Devoto: “Yo no ocupaba ning√ļn cargo p√ļblico, era Secretario del Movimiento. Ese 25 de mayo todo se precipit√≥ a un ritmo imposible. Sobre ese asunto yo le coment√© al doctor C√°mpora, que ve√≠a dif√≠cil demorar las definiciones hasta el momento en que se aprobara la ley de amnist√≠a, como estaba previsto. Me parec√≠a un imposible pol√≠tico: era muy peligros. Est√°bamos hablando de miles de presos por todo el pa√≠s en una situaci√≥n pol√≠tica terriblemente fluida... Y all√≠ perdimos contacto con el doctor C√°mpora durante las tres o cuatro horas siguientes porque el protocolo lo bloque√≥. Ten√≠amos la visita de muchos jefes de Estado extranjeros y hab√≠a toda una secuencia de hechos a los que prestar atenci√≥n. Entonces tuve que definirme ah√≠ mismo, definir las cosas un poco por mi cuenta”.

“Sab√≠amos que en Devoto este tema se viv√≠a de una manera explosiva. Julio Mera estaba inform√°ndome, y me dijo que la situaci√≥n era insostenible, que pod√≠a haber violencia en cualquier momento. Por ese motivo me fui hasta all√≠. Cuando llegu√© a Villa Devoto ya el problema se hab√≠a extendido, porque hab√≠a m√°s de 300 presos comunes fuera de sus celdas y de sus zonas. Incluso muchos de ellos estaban bastante drogados y alcoholizados. Indudablemente que eso amenazaba convertirse en un desastre en el primer d√≠a de gobierno. Y all√≠ realmente... bajo mi responsabilidad, acompa√Īado de tres diputados (Julio Mera, Santiago D√≠az Ortiz y creo Diego Mu√Īiz Barreto), orden√© al director de la c√°rcel que abriera las puertas y soltara a la gente.”

“Esto no ten√≠a, obviamente, legalidad, pero s√≠ ten√≠amos poder pol√≠tico para hacerlo, y creo que en el momento con esa decisi√≥n se evit√≥ un hecho m√°s grave. Esto ha sido muy criticado despu√©s; pero yo no veo qu√© otra soluci√≥n podr√≠a haber tenido la situaci√≥n que se hab√≠a creado. Se llegaba a la violencia en cualquier momento. Sobre todo porque hab√≠a una columna del ERP, sumamente agresiva y armada, justo en la puerta del penal. En ese sentido esto no ten√≠a otra soluci√≥n. Pero, por otra parte, nosotros hab√≠amos hecho una consigna de campa√Īa aprobada por el General que dec√≠a ‘Ni un solo d√≠a de gobierno peronista con presos pol√≠ticos’. Y bueno, deb√≠amos cumplir.”

“El doctor C√°mpora actu√≥ a la altura de las circunstancias. Podr√≠a haberse sentido molesto de que yo hubiera adoptado esa actitud. No hubo absolutamente nada de eso. Al contrario. En la noche, ya muy tarde, se instrument√≥ el indulto que firm√≥ el Presidente, para que al d√≠a siguiente salieran los presos de las dem√°s c√°rceles.”[xiii]

La amnistía del 25 de mayo de 1973 liberó a unos 1.500 terroristas junto con presos políticos y delincuentes comunes sin que se exigiera a las organizaciones terroristas ninguna contrapartida. Ni un alto el fuego, ni la entrega del armamento que habían robado de diversas instalaciones militares, ni siquiera que liberaran al contralmirante Alemán secuestrado por un comando del PRT-ERP.

Del penal de Devoto fueron liberados 371 detenidos. Otros 173 detenidos llegaron por vía aérea a Buenos Aires, desde Rawson, el día 26 de mayo. En el aeropuerto de Ezeiza se produjeron nuevos incidentes, ataques a las autoridades y depredaciones. Las paredes de la estación aérea y hasta algunos aviones quedaron cubiertos por leyendas de las organizaciones terroristas pintadas por jóvenes encapuchados que recibieron con euforia la llegada de los liberados.[xiv]

En alguna pared olvidada de la ciudad de Buenos Aires, una pintada, mezcla de consigna pol√≠tica y programa pol√≠tico, advert√≠a premonitoriamente: “el 25 en la calle, el 26 en la trinchera”. Pronto, la sociedad argentina comprender√≠a que el gobierno constitucional no generar√≠a autom√°ticamente la pacificaci√≥n de los esp√≠ritus ni la tan ansiada paz social.

Pocos d√≠as despu√©s de la asunci√≥n de las autoridades democr√°ticas, los miembros de la C√°mara Federal comenzaron a sufrir amenazas de muerte. Al mismo tiempo, recibieron presiones desde diversas instancias gubernamentales. Cuando el cad√°ver del terrorista, del ERP - 22 de Agosto, Fern√°ndez Palmeiro, asesino del contralmirante Hermes Quijada ingres√≥ a la morgue, el coronel Alberto C√°ceres inform√≥ a la C√°mara Federal que “por orden de C√°mpora deb√≠a suspenderse la autopsia”. La situaci√≥n se hizo insostenible para los camaristas que retiraron sus efectos antes de la disoluci√≥n del Cuerpo. D√≠as antes del cambio de gobierno, los miembros de la C√°mara Federal, enviaron a la Armada el armamento secuestrado a los terroristas y fotocopia de los expedientes elaborados por el cuerpo.[xv]

Posteriormente, cuatro de los miembros de ese tribunal sufrieron atentados, entre ellos el que costó la vida al doctor Quiroga. Los que no murieron debieron exilarse y todos los empleados fueron dejados cesantes sin indemnización alguna, degradados y perseguidos.

Este fue el comienzo de una √©poca tr√°gica que algunos vivimos, otros han convertido en un “relato” y los m√°s j√≥venes s√≥lo conocen por referencias interesadas que pretenden presentar unos tiempos tr√°gicos como si de una epopeya se tratara.











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