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Emigr√≥ a Valencia y escribi√≥ una conmovedora carta: “Seamos emp√°ticos y no discutamos si ac√° o all√° es mejor o peor”

Despu√©s de analizarlo mucho, en septiembre de 2020, Yanina Pintos, su marido y su hijo llegaron a Europa. Primero, se instalaron en Italia, pero ahora viven felices en Espa√Īa. “Dejamos la Argentina porque el proyecto de vida que ten√≠amos toc√≥ techo“.

Emigr√≥ a Valencia y escribi√≥ una conmovedora carta: “Seamos emp√°ticos y no discutamos si ac√° o all√° es mejor o peor”




Yanina Pintos (34) junto a su marido Cristian Cerini (40) y su hijo Luca (2) cerraron las puertas de su casa en Villa Devoto después de tomar una decisión trascendental y que venían analizando desde 2019: emigrar a Europa. La familia buscaba un cambio de vida y el 14 de octubre llegaron a Italia, donde permanecieron 9 meses en Ostia, mientras tramitaban los papeles para establecerse.

Como Cristian ten√≠a la ciudadan√≠a italiana, hab√≠a que esperar que su mujer y su hijo obtuvieran los papeles para quedarse en el pa√≠s y poder trabajar. Finalmente, despu√©s de 9 meses, decidieron mudarse a Valencia, en Espa√Īa, ciudad a la que llegaron el 30 de mayo pasado.

“Nuestra idea era quedarnos en Italia, pero la pasamos realmente mal, porque llegamos en noviembre cuando estaban a√ļn las restricciones y reci√©n terminaron la semana pasada. Fue un confinamiento total y estuvimos 9 meses sin ingresos, porque no pod√≠amos trabajar. Los tr√°mites tardaron much√≠simo y las oficinas administrativas abr√≠an solo una vez por semana. Mi marido entreg√≥ 20 curr√≠culums y nadie lo llam√≥”

La pareja decidi√≥ que era hora de buscar un nuevo destino y apuntaron a Espa√Īa. Estaban entre Barcelona, M√°laga y Valencia, pero finalmente se inclinaron por esa √ļltima ciudad.

En Buenos Aires, Yanina trabajaba como doula -acompa√Īamiento para embarazadas- y puericultora, mientras que su marido se desempe√Īaba t√©cnico mec√°nico y dise√Īador gr√°fico. A la semana de llegar a Valencia, pudieron formalizar la residencia y Cristian consigui√≥ los papeles necesarios para trabajar. Ahora, tiene un empleo como mec√°nico de autos, haciendo mantenimiento general en una empresa que tiene muchas franquicias en Espa√Īa.

Por el momento, Yanina se dedicar√° a su hijo, Luca -que en septiembre empezar√° la escuela- y, mientras tanto, estudia marketing digital.

“Desde que llegamos, siento que Valencia es mi lugar en el mundo. Estoy encantada. Me gusta su arquitectura, su gente y su diversidad. Nos encontramos con una ciudad donde el transporte p√ļblico es brillante, en todos lados la atenci√≥n es personalizada y est√° lleno de actividades para los chicos. Lo m√°s importante es que ac√° pod√©s proyectar, ten√©s estabilidad econ√≥mica, pod√©s ahorrar y no hay inseguridad”, enumer√≥.

“No volver√≠a a vivir en Argentina. Me imagin√© que el desarraigo iba a ser mucho m√°s duro. Pensaba que iba a llamar a mi mam√° llorando, pero nos pasaron cosas fuertes y no tuve tiempo de extra√Īar. Siento que la situaci√≥n general viciaba todo y que terminabas discutiendo por pol√≠tica. Hoy, est√° quien tiene que estar”, asegur√≥.

“Dejamos la Argentina porque el proyecto de vida que ten√≠amos toc√≥ techo, tanto para los estudios, para los gustos, para los pasatiempos... para la vida en general. Nuestro proyecto de futuro no pod√≠a ser en la Argentina, como tampoco pudo ser en Italia y termin√≥ siendo en Valencia. Quer√≠amos trabajar de lo que nos gusta, vivir con nuestro sueldo y no sobrevivir... Cuando fui mam√°, me di cuenta que no val√≠a la pena pasar tantas horas separada de mi hijo, simplemente para pagarle la obra social o el jard√≠n. Me di cuenta que sal√≠a a trabajar s√≥lo para pagarle eso”, sostuvo.

Al igual que lo hace con sus amigas, hoy Yanina ayuda a trav√©s de su cuenta de Instagram a aquellas personas que deseen emigrar y que tengan dudas. Les advierte que no es f√°cil, que conseguir trabajo no es tan simple y que, a los tres meses, no van a poder ahorrar mil euros. v “No es todo color de rosas, uno se tiene que adaptar a nivel econ√≥mico y emocional. Comparo mucho a la emigraci√≥n con la maternidad -porque es lo que estudi√©- y me encontr√© siendo la madre de mi amiga que cito en la carta. Esa historia existi√≥, pero yo no entend√≠a a la mam√° de Luc√≠a, pero ahora s√≠. A mis amigas les digo que las voy a apoyar siempre si quieren emigrar, igual que lo hago desde mi cuenta de Instagram para quienes lo necesiten @familiamigrante “, dijo.

“Programamos el viaje a Europa para marzo de 2020 contemplando el clima, los d√≠as laborales y el precio de los a√©reos... Lo √ļnico que no contemplamos fue la pandemia, el cierre de fronteras y la desilusi√≥n con la que convivimos durante gran parte del a√Īo pasado. Esta historia, por suerte, tiene un final feliz porque pude escribir esa carta desde Valencia”, explic√≥.

Con su carta, Yanina busca que quienes deciden dejar el país sean mirados y tratados con empatía, para que puedan decidir su futuro de una manera libre y sin sentirse bajo presión, o que sean objeto de críticas.

“Emigrar es un proceso complejo en lo emocional y en lo econ√≥mico. Hay distintas experiencias, pero todos pasamos obligatoriamente por el desarraigo, las despedidas, la soledad, la ansiedad, la felicidad... Es una verdadera monta√Īa rusa de emociones. A muchas de esas emociones me gusta plasmarlas en posteos, notas o, simplemente en mails, que quedan en un borrador durante mucho tiempo. Pero, esta vez, quise compartir lo que siento en esta carta”, afirm√≥.

“Tenemos que aprender a valorar y respetar la migraci√≥n del otro: por algo sucede y por algo uno lo elige... En la vida uno elige y emigrar es una elecci√≥n. Es una decisi√≥n muy personal y no ha que descalificar a la emigraci√≥n del otro. Nunca se juzga a un futbolista que elige jugar en Europa, pero s√≠ se juzga a una pareja de arquitectos j√≥venes que eligen el mismo destino. Hay poca empat√≠a con la emigraci√≥n de quienes nos fuimos del pa√≠s a buscar un futuro mejor”, finaliz√≥.

“Corr√≠a agosto de 2001 y estaba enojada... Muy enojada, porque los padres de mi amiga hab√≠an decidido irse de Argentina y eso me sonaba tremendo. ¿C√≥mo se la iban a llevar? ¿Por qu√© era una despedida tan triste? ¿Por qu√© le hac√≠amos cartas y llor√°bamos, como si de repente la despedida fuera para siempre? √Čramos chicos y ten√≠amos una realidad desvirtuada, pero para los adultos corr√≠a el 2001. S√≠, el 2001, y Luc√≠a se fue a vivir a Espa√Īa.

20 a√Īos despu√©s, lo entend√≠. Fui yo quien ocup√≥ el lugar de una mam√° que se lleva a su hijo a otro pa√≠s, pero esta vez contaba el cuento desde el otro lado, considerando tener buenas razones, proyecciones positivas y grandes esperanzas en este proyecto. El proyecto de emigrar, poniendo el cartel de “vendo todo y me voy”

¿Por qu√© te vas? ¿Odias a la Argentina? ¿Est√°s mal? ¿Sos vende patria? Me preguntaron todo eso y m√°s, pero nada de eso se√Īores: la respuesta ya fue dada. Mi proyecto de vida era distinto al que me ofrec√≠a ese bello pa√≠s.

Me cas√© con un descendiente de italianos, y fue junto a √©l y a nuestro peque√Īo Luca que emprendimos este proyecto. En primera instancia, comenzaba en marzo de 2020, pero el coronavirus nos sorprendi√≥ y nos dej√≥ sin viaje, sin trabajo y sin muebles, solo con expectativas y desilusiones. Hasta que all√°, por septiembre de 2020, encontramos una manera de entrar a Italia. S√≠, como si nos estuvi√©ramos escapando de algo, buscando maneras y opciones para poder entrar a un pa√≠s en el a√Īo 2020 (en un contexto de pandemia).

Fueron 8 meses que “la citt√† eterna” (Roma) nos alberg√≥, mientras realizamos los tr√°mites del reconocimiento de la ciudadan√≠a, acompa√Īados por el confinamiento, el fr√≠o, la negativa con el idioma y la falta de una rutina. Cuando logramos finalizar los tr√°mites, entendimos -al fin- que cada pa√≠s tiene su burocracia y que la de Italia en particular no se destaca por ser r√°pida ni prolija. Con cada paso que d√°bamos, aprend√≠amos algo nuevo y trabaj√°bamos arduamente la paciencia y la tolerancia.

Despu√©s de evaluarlo y meditarlo much√≠simo, decidimos abandonar Italia. No cre√≠mos que ese fuera nuestro lugar y emprendimos una nueva etapa, en este proyecto que signific√≥ instalarnos en la incre√≠ble ciudad de Valencia, Espa√Īa. Y bueno, ac√° estamos, viendo c√≥mo contin√ļa esta historia.

De lo que estamos seguros es que nuestra decisi√≥n fue la correcta, que emigrar es dif√≠cil, costoso y lento pero, cuando tu convicci√≥n es la de estar mejor, pod√©s hacerlo. “S√≠ Yani, en cualquier lugar del mundo”, me dir√°n muchos y les digo que no, en cualquiera no.

Cada historia es diferente, cada migración conlleva una historia de vida distinta. Entonces, seamos empáticos y no discutamos si acá o allá es mejor o peor. Creamos que, como individuos, tomamos decisiones por un bien, respetemos esas decisiones y seamos responsables de ellas. Hay que sostenerlas para vivir cómo y dónde queremos, y poder ser felices sin joder al prójimo.

Hoy, entiendo a los padres de Lucía que se bancaron todas nuestras críticas por su emigración: entiendo y admiro como supieron llevar adelante su proyecto familiar.

Si sos una Luc√≠a, o su familia, o una amiga de la familia de ella, que est√° en un proceso de emigraci√≥n, apoy√°la, que seguramente est√° buscando lo que para ella es un camino mejor.”

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