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Villa Devoto: 30 a√Īos despu√©s, un joven reconoci√≥ en los medios al docente que abusaba de √©l en la primaria.

Hace dos semanas, la Polic√≠a detuvo a un maestro de un colegio de Villa Devoto por pedofilia: lo encontraron en la cama con un alumno de 14 a√Īos.

Martín, que está por cumplir 40, leyó la noticia y el mundo se detuvo: era el mismo profesor que, en su infancia, les tocaba lo genitales, los hacía hacer strip tease o les hacía preguntas obscenas. Martín va a declarar hoy en la causa por abuso sexual contra Adrián Rowek

Villa Devoto: 30 a√Īos despu√©s, un joven reconoci√≥ en los medios al docente que abusaba de √©l en la primaria.


Mat√≠n tiene 39 a√Īos. Reci√©n ahora logr√≥ interpretar que lo que el docente le hac√≠a en la primaria era abuso sexual.

“Es √©l. No es joda y es tremendo. Miren con lo que estuvimos”. El 5 de mayo pasado una nota de Infobae conmocion√≥ el chat de amigos de Mart√≠n. El titular dec√≠a que hab√≠an encontrado al docente Adri√°n Rowek en la cama con un nene de 14 a√Īos. Para Mart√≠n y sus amigos, Rowek fue siempre Chiclu, Chicludo o Piripip√≠, que era la palabra que repet√≠a antes de tocarles los genitales de pasada.

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Lo conocieron en la escuela primaria Bet Am Medinath Israel (o “Bami”), entre 1991 y 1996, pero el recuerdo de Chiclu los acompa√Ī√≥ durante mucho m√°s tiempo. Mart√≠n tiene ahora 39 a√Īos y hoy va a declarar en la causa por abuso sexual contra Rowek que encabeza la fiscal Daniela Dupuy.

“Al principio era Jasan, que es la persona que hace la ceremonia Shabat arriba del escenario pero no es rabino. Despu√©s se meti√≥ como Madrij en las actividades deportivas de los s√°bados a la tarde. En el colegio jugaba al f√ļtbol con los de s√©ptimo grado. Por alguna raz√≥n consegu√≠a la excusa para estar al mediod√≠a, que era el momento en que los varones com√≠amos lo m√°s r√°pido posible para hacer partidos. Ning√ļn docente ven√≠a a ese espacio, solo Chiclu. El fulbito del mediod√≠a era a muerte y √©l jugaba a la par, entonces generaba empat√≠a con nosotros”.

El docente Adrián Rowek. Le dictaron prisión preventiva.

Pasaron casi tres décadas, pero Martín tiene a mano infinidad de anécdotas con Rowek. Las cuenta verborrágico, acelerado, parece que las historias se le escaparan de la boca, desordenadas, como si llevaran largo rato con ganas de salir.

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“El momento de cercan√≠a m√°s fuerte con Chiclu se dio en el curso para ser Bar Mitzva. En horario extra escolar daba las clases te√≥ricas e individuales sobre lo que significa ese rito para el juda√≠smo. Por lo menos √©ramos 40 o 50 alumnos y alumnas por a√Īo. En los encuentros grupales era el m√°s copado. Nos hac√≠a inventar canciones, estaba buen√≠simo. Pero cuando quedabas en el aula para la clase individual empezaba a hacerte preguntas √≠ntimas: ‘¿Te tocaste alguna vez?’, ‘¿sabes c√≥mo es?’. Despu√©s preguntaba en qui√©n pensabas cuando te masturbabas y hasta compart√≠a sus experiencias. Todos los varones sab√≠amos que hac√≠a esas preguntas, que con Chiclu se hablaba de coger, de sexo, de la primera vez. Pero no recuerdo vivir inc√≥modo esas situaciones, primero porque varios compa√Īeros avisaban lo que pasaba y porque la verdad es que estaba con mucha curiosidad. Ten√≠a 13 a√Īos, andaba explorando y quer√≠a que me hablaran de sexualidad”.

Por ser el adulto responsable de acompa√Īar y formar a los chicos y chicas para la ceremonia religiosa de Bar y Bat Mitzva, Rowek era tambi√©n el profesor m√°s elegido para ir a los viajes de egresados de la primaria.

“En los festejos se suele homenajear al Bar Mitzva, y Chiclu era ideal para colaborar en esos homenajes. Con el tiempo entend√≠ que era su manera de estar a solas con nosotros, porque nos escond√≠amos para planear esos momentos. Entonces nos encerr√°bamos en una habitaci√≥n con √©l, hab√≠a miradas, relatos c√≥mplices, nos ayudaba a cambiar de ropa. Recuerdo especialmente un Bar Mitzva en el que nos propuso hacer un strip-tease. Como nos daba verg√ľenza, nos pusimos una calza y arriba el slip mientras √©l cantaba una canci√≥n de Joe Cocker. En el sal√≥n, delante de la familia, de todos los invitados. Hoy suena rar√≠simo: cuatro nenes de 13 a√Īos desnud√°ndose mientras el profe cantaba. Otra vez nos ayud√≥ a crear una canci√≥n y terminamos gimiendo. No ten√≠a nada que ver, pero Chiclu siempre met√≠a algo sexual”.

Martín, cuando iba a la primaria, la época en la que sucedieron los abusos a los que recién ahora puede poner nombre

Rowek fue ampliando sus funciones y responsabilidades, entonces sumó organización de campamentos y de colonias de verano.

“En una colonia en la quinta del colegio en San Justo, Chiclu y otro profesor nos dec√≠an a los varones: ‘Hoy los vamos a vacunar a todos’, entonces en la pileta ven√≠an nadando, nos bajaban las mallas y nos mord√≠an la cola. Y en los campamentos Chiclu se la pasaba con pibes a upa. Era algo cl√°sico, nos sent√°bamos en ronda y Chiclu agarraba a alguno y lo sentaba sobre sus piernas. A los m√°s lindos les ten√≠a especial aprecio. Con los rubios de ojos celestes generaba m√°s intimidad”.

Lobo suelto

El abuso sexual en la infancia da escozor. Duele, provoca rabia, impotencia, asombra. Por eso muchas veces se oculta, se barre bajo la alfombra, se oyen historias sin escuchar o se silencian con un manto de duda. El abuso sexual en la infancia no ocurre de vez en cuando, no son casos aislados ni excepcionales.

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Seg√ļn un informe de 2016 de la Organizaci√≥n Mundial de la Salud (OMS): 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 13 varones declararon haber sufrido abusos sexuales durante su infancia. En Argentina, de acuerdo a relevamientos de organismos especializados y de investigaciones de campo, se estima que 1 de cada 5 ni√Īos/as son abusados por un familiar directo antes de los 18 a√Īos. La edad media de inicio del abuso es de 8.

Durante la fiesta de Bar Mitzva de Mart√≠n. El docente es el de camisa blanca. Existen, adem√°s, una tonelada de mitos en torno al abuso sexual en la infancia que entorpecen todav√≠a m√°s la visibilizaci√≥n y la sanci√≥n de esta forma de violencia as√≠ como la protecci√≥n de los ni√Īos y ni√Īas que la padecen.

En di√°logo con Infobae, Virginia Berlinerblau, m√©dica especialista en Psiquiatr√≠a Infanto Juvenil y en Medicina Legal, pone un poco de luz a tanta oscuridad: “Quien comete un acto de pedofilia no tiene una estructura mental predeterminada, puede ser cualquier persona de nuestro entorno. Circulan disimulados en la sociedad, porque su conducta social -la manifiesta- nada nos dice de su conducta sexual. Suelen ser personas adaptadas, profesionales o no, pueden ser ‘buenos vecinos’, suelen mostrarse solidarios, cari√Īosos y cordiales hacia el mundo exterior. El prejuicio de que son inadaptados sociales, personas aisladas o fuera de sus facultades mentales sigue contribuyendo al desconocimiento del problema", describe.

Mart√≠n quiere declarar para que se haga justicia y no le pase a ning√ļn otro chico.

Y sigue: "En su gran mayor√≠a no presentan patolog√≠a mental y sus facultades mentales son normales. Pueden ser de estructura neur√≥tica, perversa, psic√≥tica, de orientaci√≥n heterosexual, homosexual, bisexual, varones (la gran mayor√≠a) y mujeres. Es preocupante que entre el 30 y el 40% de las agresiones sexuales a ni√Īas, ni√Īos y adolescentes (incestuosas o no) sean cometidas por varones menores de 21 a√Īos. Por otra parte, los ped√≥filos pueden ser exclusivos o circunstanciales y vivir una vida aparentemente normal”.

Para dar cuenta de la complejidad, Berlinerblau insiste: “Los agresores sexuales de ni√Īos/as y adolescentes act√ļan con impostura y audacia, con aprovechamiento de la asimetr√≠a de poder y de la ingenuidad propias de esas edades, violando fronteras y tab√ļes generacionales o sociales contribuyen a invisibilizar a√ļn m√°s a las v√≠ctimas. Es dif√≠cil cuidarse de estas personas. Suelen ser amorosos con los ni√Īos, los buscan, los seducen. Los chicos, entonces, quedan entrampados en un c√≠rculo de secreto, de verg√ľenza, de culpa del que no pueden salir. Como no es malo hay una mezcla de sentimientos negativos y positivos. Una ambivalencia que hace que se callen m√°s. Es dif√≠cil ver el monstruo que se esconde detr√°s de estas personas. Sobre todo cuando no abusan con violencia f√≠sica. Pero estas situaciones son monstruosas para los psiqu√≠smos de los ni√Īos y de las ni√Īas”.

Vox populi

Cuando termin√≥ la primaria Mart√≠n y muchos de sus compa√Īeros se cambiaron a otra escuela. Pero Rowek no baj√≥ la guardia y empez√≥ con los contactos por tel√©fono.

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“Nos llamaba a nuestras casas. Me acuerdo de atenderlo en la cocina y que me contara: ‘Ayer sal√≠ con una rubia. No sab√©s qu√© buena que estaba. Me ech√© cuatro polvos. Estuvimos en la ducha, me la cog√≠ por ac√°, le hice esto, aquello...’. Y despu√©s preguntaba si me calentaba lo que contaba. Recuerdo que llam√≥ dos o tres veces a mi casa. Pero a otros los llam√≥ durante dos a√Īos, todas las semanas. Algunos cortaban y les contaban autom√°ticamente a las madres. Una vez, una de las mam√°s dijo que la pr√≥xima le pasara. Cuando Chiclu lo volvi√≥ a llamar, mi amigo le dio el tel√©fono a la madre, no sabe qu√© le dijo pero Chiclu nunca m√°s lo contact√≥. Esa historia la escuch√© en dos o tres personas, no m√°s. Pero ning√ļn adulto coment√°ndolo, todo quedaba en el espacio √≠ntimo”.



A partir de las an√©cdotas telef√≥nicas, Rowek se transform√≥ para Mart√≠n y sus amigos en el chiste recurrente: “Nos causaba gracia porque era la misma historia sexual una y otra vez, entonces jod√≠amos entre nosotros con la cantidad de polvos. Chiclu todo el tiempo atravesaba nuestras charlas. Cuando pas√≥ la etapa de chistes el comentario grupal fue: ‘No se anim√≥’. Empezamos a pensar en que hoy no ser√≠a posible, que eran otras √©pocas. En realidad se anim√≥ a todo, pero yo sent√≠a que hab√≠a querido abusar y no hab√≠a podido. De m√°s grandes hablamos de ir a buscarlo y cagarlo a pi√Īas para que no lo hiciera m√°s, porque sab√≠amos que segu√≠a trabajando en colegios y nos generaba culpa. En tres d√©cadas, Chiclu pas√≥ de ser nuestro mejor amigo, al chiste diario, a ser el disparador para reflexionar que lo que hab√≠a pasado no estaba bien, y a la declaraci√≥n en la Justicia de ahora”.

Adri√°n Rowek fue denunciado por grooming, suministro de pornograf√≠a a un menor y abuso sexual. El testimonio de un alumno de la Escuela Primaria N° 23 de Villa Devoto le dio forma a la causa: durante la cuarentena, Rowek le envi√≥ a trav√©s del celular una foto de un pene erecto. Cuando efectivos de la Polic√≠a de la Ciudad y del Cuerpo de Investigaciones Judiciales porte√Īo irrumpieron en su domicilio lo encontraron con otro chico en su cama.



"Ok, era real, no fue solo mi cabeza", pens√≥ Mart√≠n cuando ley√≥ la noticia. "Si no lo denunci√© antes fue porque nunca viv√≠ lo que me hizo como un abuso. No interpret√© que lo que pas√≥ era un delito y que era denunciable". “Es horrible que lo diga, pero que lo hayan encontrado en la cama con un pibe me alivian√≥ un poco la carga. Lo que sent√≠ fue ‘ok, era real, no fue solo mi cabeza’. Si no lo denunci√© antes fue porque nunca viv√≠ lo que me hizo como un abuso. No interpret√© que lo que pas√≥ era un delito y que era denunciable. Por eso me qued√© en el molde. Pero me apen√≥ siempre que el tipo siguiera trabajando con ni√Īos y no poder hacer nada al respecto. Pensaba que no ten√≠a pruebas y, por ende, nada para decir. Mi sensaci√≥n era que nos hab√≠a querido violar pero no se hab√≠a animado. Y en realidad no me daba cuenta de que no hubo penetraci√≥n, pero s√≠ un mont√≥n de otras cosas, y eso tambi√©n es abuso. Cuando le√≠ la nota de Infobae, adem√°s de reconocer que el modus operandi era el mismo, mi reacci√≥n inmediata fue: ‘Listo, lo denunciaron, ahora s√≠ puedo contar porque cay√≥ por otra cosa’. Para m√≠ lo clave era saber que si hab√≠a violado a alguien, ahora yo pod√≠a salir a hablar. Es tremendo porque de alguna manera estaba esperando que violara. Estaba esperando que pasara para salir a denunciarlo porque cre√≠a que antes no ten√≠a argumentos”.

Martín transpira mientras habla. El clima está fresco, pero su cuerpo percibe temperaturas diferentes y se manifiesta a borbotones. Martín es un cuerpo en erupción. Quiere decir, otra vez, una más, aunque ya lo contó miles, porque ahora siente que sí lo escuchan y que se va a hacer justicia. Que el abuso va a dejar de pasar.

En Argentina, se estima que 1 de cada 5 ni√Īos/as son abusados por un familiar directo antes de los 18 a√Īos. “Viv√≠ 30 a√Īos haciendo chistes sobre las situaciones con Chiclu. Lo habl√© con un mont√≥n de gente, siempre como algo gracioso. Lo loco es que nunca nadie me dijo que pod√≠a hacer la denuncia. Quiz√°s era la manera en que lo contaba, no s√©, pero jam√°s lo ocult√©. Es m√°s, me acuerdo que otra costumbre de Chiclu era meternos el dedo dentro de la cola cuando en el templo cant√°bamos el Ad√≥n Olam, que es la √ļltima canci√≥n del Bar Mitzva. El d√≠a de mi ceremonia empec√© cantando en una punta del escenario y termin√© en la otra, porque me quer√≠a correr de Chiclu y su manoseo. No quer√≠a que me metiera el dedo, porque era distinto a tocar el culo. Igualmente, no sent√≠a que me estaba violando, entend√≠a que lo hac√≠a como joda, para ponerme nervioso. Cuando baj√© del escenario mi pap√° me ret√≥ por no quedarme quieto y le dije que Chiclu me hab√≠a tocado, en chiste. Contest√≥: ‘Ah, ok’”.

Justicia que repara

La gu√≠a Abuso Sexual en la Infancia explica que la violencia sexual puede suceder bajo formas varias: desde tocamientos, manoseos a violaci√≥n, explotaci√≥n y corrupci√≥n. Aunque con distintas tipificaciones penales, todas constituyen un ataque a la infancia y se trata de uno de los delitos m√°s graves contra la integridad de un ni√Īo, ni√Īa o adolescente.

La Dra. Berlinerblau hace especial hincapi√© en la importancia de que las v√≠ctimas encuentren justicia: “La denuncia es un llamado a poner las cosas en su lugar, con su nombre, a reinstaurar la ley, y solo la instituci√≥n judicial tiene la funci√≥n privilegiada para hacerlo. Que la Justicia falle en funci√≥n de la verdad, en el caso judicializado, tiene un efecto pacificador, reparador del psiquismo infantil vulnerado, porque se√Īala qui√©n fue v√≠ctima y qui√©n victimario, porque reubica roles y responsabilidades y libera a la v√≠ctima infantil de culpas ajenas incorporadas como propias. El acto de justicia contribuye adem√°s al reconocimiento del ni√Īo, ni√Īa o adolescente v√≠ctima como persona sujeto de derechos. El ni√Īo no va a la Justicia para recibir una recomendaci√≥n de psicoterapia. La Justicia tiene el deber de que se haga justicia para ese ni√Īo que es un sujeto tambi√©n, para no seguir quedando en la posici√≥n de objeto de placer de un adulto”.

Para Mart√≠n, su exposici√≥n frente a la fiscal Dupuy es un punto final, la posibilidad de cerrar una historia para seguir m√°s liviano: “Nos est√° pasando lo mismo a muchos: miramos a nuestros hijos y lo queremos matar. Pero no busco venganza. Quiero declarar para que no pase m√°s. Y sobre todo espero que se difunda el conocimiento de lo que se puede y lo que no se puede. Si hubiese tenido educaci√≥n sexual en la escuela en vez de ense√Īarme a ponerle un preservativo a una banana hubiese entendido que lo que me hac√≠a Chiclu no estaba bien. Pero no sab√≠a que no pod√≠a hacerme eso”.

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