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Villa-Devoto

De tocar en bares a telonear en River a los Rolling Stones, del barrio de Devoto.

C√≥mo cuatro chicos saltaron en solo una d√©cada del garaje de Devoto a grabar un disco en Memphis y de los pubs al estadio de River, para recibir, exactamente 25 a√Īos atr√°s, la bendici√≥n de la banda de Mick Jagger y Keith Richards




Unos minutos antes de terminar el show de los Ratones Paranoicos en el estadio de River, Juanse cruza la larga pasarela con peque√Īos saltos de costado. Vestido con remera entallada y pantalones Oxford negros, abre las piernas, apunta con el clavijero de la Fender Stratocaster negra y blanca hacia las tribunas como un cowboy gal√°ctico. Despu√©s le da la espalda al p√ļblico del campo y comienza a contorsionar la cadera al ritmo de "Juana de Arco", la √ļltima de las once canciones programadas para esa noche. Entonces, anuncia: "Ahora, la mejor banda de rock & roll del mundo".

La ovaci√≥n de los 70.000 presentes retumba en la inmensidad del estadio sin lograr conmover a Sarco y a Memi, que se miran sonrientes como si estuvieran zapando en el bar de Villa Devoto donde debutaron una d√©cada atr√°s frente a los amigos del barrio. Antes de retirarse, Juanse alza la guitarra, ofreci√©ndola al cielo, y la revolea por encima de la bater√≠a de Roy, que contin√ļa tocando inmutable. "¡Viva el rock and roll!, ¡viva la Argentina!", grita desaforado mientras se saca la remera para iniciar una corrida a√ļn m√°s fren√©tica por el escenario. Es la noche del 9 de febrero de 1995, y uno de los grupos m√°s convocantes de la Argentina acaba de medirse ante una multitud, minutos antes que los Rolling Stones salgan a escena por primera vez en Buenos Aires.

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"Esa noche los Ratones no éramos la banda telonera", dice Juanse, una tarde de diciembre en un bar de Belgrano, a un cuarto de siglo de aquel momento consagratorio en la historia del grupo. "Basta con mirar los videos para darse cuenta. En Argentina era la época de la stonemanía, que habíamos generado nosotros. Cuando llegaron, los Stones se dieron cuenta".

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La visita de Sus Majestades Sat√°nicas en el marco de la gira m√°s exitosa de su historia, Voodoo Lounge tour, era el broche dorado de un proceso contracultural que, seg√ļn Juanse, hab√≠a comenzado a principio de los ochenta en Devoto, cuando unos primitivos Ratones Paranoicos se juntaron a tocar rock & roll en un garaje inspirados tanto en Jagger y Richards como en Johnny Rotten y Lou Reed. Desde all√≠ fueron el principal emergente de un movimiento de j√≥venes que, al ritmo de "(I Can't Get No) Satisfaction", vestidos con jardineros de jean o pantalones Oxford, pa√Īuelos anudados en el cuello, botas de gamuza o Topper blancas y flequillo, encarnaron un fen√≥meno sin precedentes en el mundo, que exced√≠a hasta a los mismos Stones.

"Los Rolling Stones nos hicieron sentir que √©ramos parte de la fecha y no una bandita m√°s que tocaba antes que ellos", dice Roy. "En River hab√≠a tantas banderas de los Stones como de los Ratones. Cuando empezamos el show, el estadio ya estaba lleno y el p√ļblico nos despidi√≥ con una ovaci√≥n. Si calcul√°s la cantidad de personas que fueron a las cinco fechas, creo que uno de esos cinco estadios era nuestro".

Juan Sebasti√°n Guti√©rrez ten√≠a en mente el nombre del grupo ya a los 12 a√Īos. No hay fecha precisa del arranque de la banda, pero podr√≠an establecerse como punto de partida los d√≠as de la Guerra de Malvinas, oto√Īo de 1982, cuando Juanse, con 19 a√Īos y una corta experiencia en otros proyectos musicales, se uni√≥ a Gabriel Car√°mbula en guitarra, Pablo Memi en bajo y Fabi√°n U√Īiz para comenzar a ensayar como Ratones Paranoicos.

Durante un tiempo, aconsejados por Pappo, entonces en pareja con una prima de Juanse, probaron suerte haci√©ndose llamar La Pu√Īalada Amistosa. Mientras intentaban afianzarse con un nuevo baterista, Roy Quiroga, doce a√Īos mayor que el resto, al que hab√≠an contactado a trav√©s de un aviso en la revista Segundamano, Car√°mbula dej√≥ el grupo para formar la banda de heavy Alto Voltaje. En su lugar entr√≥ Pablo Sarc√≥fago Cano, al que Juanse conoc√≠a del barrio y Memi, del colegio secundario en Devoto.

Juanse posando para Andy Cherniavsky a inicios de los 90 Crédito: Andy Cherniavsky

"Con Roy viv√≠amos mundos diferentes y a pesar de eso nos comprend√≠amos. Ah√≠ hay algo paradigm√°tico", dice Juanse. "Apenas nos conocimos naci√≥ su primera hija e √≠bamos a verlo hasta su casa en Mataderos. Nuestra vida era realmente de otra clase social, viv√≠amos en la estrat√≥sfera, y eso, de alg√ļn modo, nos facilit√≥ crear nuestro estilo".

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"En lo musical, no teníamos diferencias", explica Roy. "Pero en la vida cotidiana, yo estaba casado y tenía una familia mientras que ellos tres todavía vivían con sus padres".

Juanse asumi√≥ el rol de l√≠der desde la g√©nesis del grupo y fue construyendo el sonido de Ratones Paranoicos guiado por los grupos que lo atraparon de chico: de Humble Pie a los Faces, pasando por Frank Zappa y los Stones. A los 5 a√Īos jugaba a ser una estrella de rock cantando sobre los simples de los Beatles mientras posaba frente a la imagen que le devolv√≠a el reflejo del ventanal de la terraza de su casa. "Hasta los 9 viv√≠ en Villa Celina", recuerda Juanse. "A la noche me pon√≠a el blazer azul del colegio, me peinaba el flequillo y hac√≠a playback. As√≠ empez√≥ todo".

Los primeros Ratones ten√≠an la crudeza de Pescado Rabioso, cierto glam-rock inspirado en los New York Dolls y la irreverencia en vivo de los Sex Pistols. Tocaban todo el d√≠a, encerrados en la sala armada en la casa de Memi, en Pedro Mor√°n y Desaguadero, o en lo de Sarco, en Habana y San Nicol√°s. Roy se divid√≠a entre la m√ļsica y su trabajo de vendedor ambulante de caf√©. Cuando no ensayaban, sal√≠an de bares con amigos o se juntaban a escuchar vinilos. Juanse dice que en 1979 lleg√≥ a tener la √ļnica colecci√≥n completa de Frank Zappa que hab√≠a en el pa√≠s. En la Galer√≠a Gran Rivadavia consegu√≠a ediciones inglesas, sin abrir, de los vinilos de los Stones.

En esos ensayos interminables, de a poco aparecieron las primeras canciones: "La orden de Dora", "Estrella", "Descerebrado", "Autocine", "Rock del pedazo" -que grabarían recién en 1991-, "Rock de la policía", "No me importa tu dinero", "Primavera nacional", "Rainbow" y "Carol", inspirada en una Carolina con la que Juanse estaba saliendo.

De los shows improvisados en bares para cincuenta personas -Mc Baren, de Devoto, y El Jefe, de Palermo- saltaron a un circuito de pubs obligatorio para el underground de la √©poca: La Isla, Stud Free Pub, Taxi Concert, Prix D'Ami, Serrano y La Esquina del Sol. Juanse descubri√≥ que hab√≠a posibilidades de expandirse por el conurbano y cerraron fechas en boliches grandes como Jesse James, de Isidro Casanova; Acero, de Moreno; y Number One, de La Salada. Antes de finalizar 1984 debutaron en Cemento apoyados por Omar Chab√°n. Antes que la m√ļsica, el nombre hab√≠a adquirido cierta fama. De regreso de un viaje a Brasil, Juanse hab√≠a importado la estrategia promocional de los grafitis callejeros y sali√≥ con Memi a estampar "Ratones Paranoicos" por las paredes de la ciudad.

"Ahora veo documentales que hablan del Parakultural o Paladium... ¡esos lugares eran nuestros!", dice Juanse con tono de disgusto. "Pero no nos mencionan porque no ten√≠amos nada que ver con ellos. Era la √©poca en la que al underground le gustaba mostrar una faceta m√°s art√≠stica, de intelectualoides, y nosotros nunca tuvimos ideolog√≠a. De hecho, nuestra ideolog√≠a hubiese sido peligrosa en esa √©poca, porque √©ramos un Tercer Reich doblado al castellano. Por eso nos llev√°bamos bien con Stuka, Michel Peyronel y Pappo. A nosotros nos ten√≠an p√°nico. Nuestro show no era broma, estaba cargado de sensaciones incre√≠bles".

Pablo Memi y Juanse en los primeros d√≠as de la banda, ya so√Īando con ser estrellas de rock Cr√©dito: Gentileza Ratones Paranoicos

Juanse recuerda una noche, en un bar llamado Shout, cuando se tiró del escenario al ver cómo un punk le estrellaba la cabeza a la novia contra una columna. Lo corrió hasta la esquina del boliche mientras, adentro, la banda seguía zapando. "Todas las noches pasaba algo diferente", dice.

A Juanse le gustaba te√Īirse el pelo de naranja y usar anteojos negros, campera y pantal√≥n de cuero ajustados, y botas largas que compraba en Little Stone. Cuando se descolgaba la guitarra y desfilaba por el escenario sin remera, se mov√≠a como Iggy Pop. Se tiraba de cabeza al p√ļblico, daba vueltas carnero por el escenario, se colgaba como un mono de las columnas de sonido, cantaba caminando por arriba de las mesas. Muchas veces el p√ļblico respond√≠a arrojando al escenario monedas, zapatillas, botellas o escupiendo.

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"√Čramos la Gestapo viva. Nuestro plan ideal era construir el Cuarto Reich. Y lo tratamos de hacer a trav√©s de la m√ļsica. Pero nos dimos cuenta de que nadie iba a comprender lo que quer√≠amos expresar. Y todav√≠a hay personas que no lo comprenden. Porque no pod√©s obligar a la gente a consumir algo, como se hace desde el mundo de la m√ļsica, y porque fundamentalmente lo que falta es contenido. Est√° todo siempre basado en lo mismo: en el amor, te quiero y me dejaste, la cama, la noche, el auto... ac√° es m√°s importante la calavera y la vela roja que lo que dec√≠s, cant√°s o hac√©s sonar. Tiene prioridad lo externo", dice Juanse y se queda unos segundos en silencio, como repasando sus palabras.

Mientras Virus y Soda Stereo hac√≠an bailar a toda una generaci√≥n, Ratones Paranoicos ofrec√≠a en vivo un show punk, callejero, bastante salvaje para esos d√≠as. "Era una √©poca insoportable", describe Juanse. "Yo iba a ver a Invisible y fui a casi todos los shows de Spinetta Jade. Salvando a Riff, que eran los √ļnicos que hac√≠an rock & roll, y a Spinetta, que es el mejor artista del mundo, cuando explota el rock nacional en Buenos Aires, a comienzos de los 80, a nosotros no nos gustaba nada. Ten√≠amos una depresi√≥n enorme".

Memi dice que cuando armaron la banda, no se imaginaban haciendo otra cosa que no fuera vivir de la m√ļsica. "La insistencia es una caracter√≠stica del grupo", aporta Sarco. "Siempre gozamos de una especie de optimismo demente. Ensay√°bamos todas las semanas y en los primeros shows siempre prob√°bamos alg√ļn tema nuevo, sin importarnos si hab√≠a diez o cien personas".

Al mismo tiempo, el estilo de liderazgo de Juanse era una amenaza constante para la convivencia armoniosa: "Hab√≠a que hacer lo que √©l quer√≠a porque si no estaba todo mal", recuerda Roy. "Y era dif√≠cil saber que √©l solo tomaba las decisiones, aunque todos opin√°ramos. Juanse era tan bravo que en alg√ļn momento nos fuimos todos de los Ratones, incluso √©l. Pero desde que entr√© al grupo me di cuenta de que ten√≠a talento y sab√≠a lo que iba a pasar si lo segu√≠amos".

La popularidad de los Ratones no tard√≥ en trascender los l√≠mites de Devoto y muchas alumnas de colegios secundarios de la zona empezaron a seguirlos por los bares en los que se presentaban. "El rock & roll es sexo", explica Juanse. "Entonces, cuando ten√©s la edad y el aspecto que ten√≠amos nosotros, lo √ļnico que necesit√°s es conseguir un gran productor discogr√°fico. Las chicas que nos segu√≠an no eran de las que iban a ver a Luis Miguel... Eran un ca√Īo. Una vez tocamos en un lugar y eran todas chicas. Los novios se hab√≠an quedado en la barra tomando algo. Pens√° que los m√°s feos √©ramos Roy y yo, nuestra delantera eran Pablo y Sarco. Mov√≠amos la cabeza y sub√≠an solas al camar√≠n, todos los shows. Lleg√≥ un momento en que llen√°bamos todos los lugares".

Cuando Memi se enter√≥ de que un primo suyo hab√≠a armado un estudio de grabaci√≥n en Parque Leloir, no dud√≥ en contactarlo. A los pocos d√≠as, con Juanse, le mostraba a Gustavo Gauvry los demos registrados durante algunos ensayos. "Eran muy chicos, creo que ten√≠an 22 a√Īos", dice Gauvry, que ya hab√≠a grabado a Ser√ļ Gir√°n, Mercedes Sosa y Luis Alberto Spinetta. "Cuando escuch√© 'Descerebrado', me gust√≥. Era algo diferente a lo que sonaba en las radios: Viudas e Hijas, Miguel Mateos, Soda Stereo, Virus... Todo pop muy ochentoso. En cambio, ellos eran crudos y oscuros. Ten√≠an un tema que dec√≠a: 'Descerebrado por la calle voy, desesperado sin saber qui√©n soy'. As√≠ que empezamos a conocernos y los invit√© a grabar, pero estaba con mucho laburo y no pod√≠a producirlos".

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La personalidad arrolladora del cantante y su obsesi√≥n por triunfar con los Ratones acapararon la atenci√≥n a Gauvry. "La primera vez que lo vi no paraba de dar vueltas alrededor m√≠o. Era obvio que iba a ser una estrella de rock porque era lo √ļnico que quer√≠a", dice Gauvry, que en 1985 les ofreci√≥ grabar unos demos en Del Cielito. "Juanse pensaba las 24 horas en los temas y en c√≥mo moverse en el ambiente. Una vez me dijo: 'El rock ac√° no existe, lo vamos a inventar nosotros'".

Gauvry les hac√≠a escuchar las canciones que iban grabando a los productores con los que trabajaba: Alberto Ohanian (due√Īo de la agencia que manejaba a Soda, G.I.T. y Enanitos Verdes), Bernardo Bergeret (Abraxas Producciones y la radio Z-95) y Daniel Grinbank (FM Rock & Pop y DG Producciones). "Obvio que les parec√≠an buenas, pero como estaba de moda el pop, no quer√≠an apostar a los Ratones", explica Gauvry. "Bergeret una vez me dijo: 'No hay nada m√°s antiguo que una bater√≠a sobre el escenario'".

Juanse dice que el primero en darse cuenta del potencial de los temas fue el guitarrista H√©ctor Starc, que escuch√≥ en Del Cielito el demo de "Bailando conmigo". La letra dec√≠a: "Tu nena est√° caliente, yo s√© qui√©n se la atiende", y se entusiasm√≥ con el grupo. "Lo mir√≥ a Gauvry y le dijo: 'Mezcl√° esto y editalo ya'. Eso fue lo √ļnico bueno que hizo Starc en toda su carrera", dice Juanse, desafiante, y segundos despu√©s esboza una leve sonrisa.

Sin productores ni sellos interesados, Gauvry grab√≥ el primer disco de los Ratones por su cuenta, con la idea de vend√©rselo a alguna compa√Ī√≠a cuando estuviera terminado. "Sent√≠a mucha impotencia porque ellos estaban ansiosos por que les consiguiera algo. Y, al mismo tiempo, estaba indignado porque ve√≠a un grupo con futuro que no encontraba su lugar", dice el ingeniero de sonido que, aconsejado por C√©sar Banana Pueyrred√≥n, lleg√≥ al incipiente sello Umbral, dirigido por Ram√≥n Villanueva, que ten√≠a entre sus artistas a Los Violadores y V8.



Cuando grabaron el primer disco, Juanse a√ļn era un cantante buscando su estilo y los Ratones, una banda con problemas r√≠tmicos intentando consolidar su sonido. En la primera aparici√≥n en el suplemento S√≠ de Clar√≠n, en septiembre de 1986, unos j√≥venes Ratones Paranoicos describ√≠an el panorama musical argentino como "desalentador" y se quejaban de la "falta de legitimidad", pero, finalmente, ese mismo a√Īo Ratones Paranoicos, el primer √°lbum, sali√≥ a la luz.

A los dos meses, sin embargo, Villanueva romp√≠a el contrato que lo un√≠a a la distribuidora DBN y los Ratones se quedaban r√°pidamente sin compa√Ī√≠a. Gauvry le coment√≥ lo sucedido a Ramiro Amorena, director de DBN, y √©l le sugiri√≥ que creara su propio sello. "Ah√≠ vi la oportunidad de activar el viejo proyecto de Del Cielito Records", dice Gauvry. "Sacamos una nueva edici√≥n del disco y a partir de eso hicimos los siguientes, Los chicos quieren Rock y Furtivos. Empezaron a pasarlos en la Rock & Pop, porque a Bobby Flores le gustaban. En esa √©poca no exist√≠an MTV ni Much Music, entonces era m√°s f√°cil crecer: con sonar un poco en la radio alcanzaba".

A pesar de la floja venta del √°lbum (en el primer a√Īo no superaron las 4.000 copias, una suma menor para esa √©poca), "Sucia estrella" se convirti√≥ en el primer hit del grupo, promovido en la radio por Lalo Mir. La convocatoria de los Ratones segu√≠a multiplic√°ndose.

"El segundo disco fue un mazazo", dijo Juanse a RS acerca de Los chicos quieren rock, editado en 1988 con varias de las canciones que hab√≠an quedado afuera del primero. "Ten√≠amos cinco o seis hits que pegaron inmediatamente: 'Carol', 'Enlace', 'Sucio gas', 'Rainbow', 'Lluvia de h√©roes' y 'El hada violada'. Adem√°s, estaba 'Ceremonia en el hall', tema con el que arranc√°bamos los shows. ¡Y 'Una noche no hace mal'! Pero bueno, 'Enlace' quiz√°s sea el que mejor representa nuestro sonido de ese momento. A nosotros nos suelen asociar a los Rolling Stones, pero en esa √©poca nos iban a ver muchos fans de los Pistols y Lou Reed. Es m√°s: mi Stone preferido siempre fue Andrew Loog Oldham, que es el que los invent√≥, y me di cuenta de que los Sex Pistols se hab√≠an apropiado un poco de esa imagen que Andrew hab√≠a creado para los Stones".

Gustavo Gauvry al frente de la grabación del primer álbum de la banda, en su legendario estudio de Parque Leloir

La salida del segundo √°lbum, editado el mismo a√Īo que Un bai√≥n para el ojo idiota, de los Redondos, y Doble vida, de Soda Stereo, estableci√≥ un nuevo sonido. En los shows se hicieron cada vez m√°s evidentes las citas a los Stones, la aparici√≥n de alg√ļn cover (en los primeros demos hab√≠an grabado "The Last Time"), el vestuario parecido al de Jagger y Richards. "El primer disco es bastante punk y el segundo tambi√©n, pero empiezan a vislumbrarse algunas cosas de los Rolling Stones", dice Gauvry. "En un show en Cemento vi a Sarco inclinarse para tocar la guitarra y tirar acordes de abajo para arriba. Imitaba alguna de esas poses y la gente le gritaba: '¡Richards! ¡Richards!'. Y, bueno, si Sarco era Richards, el otro [Juanse] ten√≠a que ser Jagger. Y a m√≠ eso mucho no me copaba".



Una tarde de enero, reci√©n llegado despu√©s de tocar con los Ratones en Punta Ballena, Uruguay, Sarco dice un poco molesto que la relaci√≥n con la m√ļsica de los Stones surgi√≥ a partir de que hac√≠an muchas canciones mid-tempo, y le adjudica la comparaci√≥n al p√ļblico que los segu√≠a: "La voz de Juanse no se parec√≠a a la de Jagger, los temas eran nuestros y toc√°bamos m√°s covers de los Pistols que de los Stones. Algunos nos comparaban con buena onda y otros con cierta maldad, pero nunca le di pelota a eso".

No obstante, en varios shows Juanse parecía no querer despegarse tanto de esos referentes. Salía vestido con una remera blanca con el logo de la lengua roja que Sus Majestades Satánicas exhibían desde la época de Sticky Fingers (1973), e imitaba más de un movimiento de Jagger.

Para Juanse, la salida de Los chicos quieren rock encendi√≥ la mecha de algo que explotar√≠a unos a√Īos m√°s tarde. "Fue el verdadero 17 de Octubre del rock & roll", dijo. "Porque el cabecita se vino a lavar los pies a la fuente de nuestra plaza. La otra era una plaza llena de demagogia".

En unos meses, pasaron de convocar 300 a 500 personas en Cemento, y Juanse advirti√≥ que se generaba una conexi√≥n muy fuerte con el p√ļblico. "Una noche vino a vernos Carlos Rodr√≠guez Ares [uno de los productores m√°s importantes del momento que ten√≠a en su agencia a Soda y los Cadillacs] y se dio vuelta con el show", explica el cantante. "Nos quedamos hasta las cinco de la madrugada charlando y me explicaba que ten√≠amos que tocar 40 minutos, nada m√°s, y chau. Que pongan y nos vamos, como era el sistema brit√°nico. Y todas esas cosas demenciales que dec√≠a me encantaban. Entonces firmamos un contrato importante con √©l. A los diez d√≠as est√°bamos tocando para m√°s de 3.000 personas".

A finales de los 80, la banda crecía al ritmo del despliegue escénico de Juanse, más deudor de Iggy Pop que de Jagger. Crédito: Alejandro Querol

El r√°pido trabajo de prensa y marketing de la agencia de Rodr√≠guez Ares, a cargo de la periodista Adriana Mercuri, daba buenos resultados. Para el tercer √°lbum, Furtivos, se propusieron grabar todas las guitarras con la afinaci√≥n en sol abierto, que Juanse descubri√≥ a principios de los 80 escuchando tardes enteras con Gabriel Car√°mbula "Street Fighting Man" y "Start Me Up", de los Stones. "Cuando empezaron a ir demasiado por el lado de los Stones, a m√≠ no me gust√≥. Sobre todo con 'Rock del gato', ah√≠ surgi√≥ el primer conflicto", confiesa Gauvry. "Todo lo que me gustaba de ellos al principio, la actitud desafiante y la b√ļsqueda de la originalidad, se hab√≠a desvirtuado".

"Rock del gato", tema en clave stone que Juanse compuso a √ļltimo momento inspirado en la actriz Sandra Ballesteros, con la que manten√≠a un romance, convirti√≥ el tercer disco de los Ratones en un √©xito de ventas. Al mismo tiempo que la relaci√≥n con el productor que hab√≠a apostado por ellos desde el principio se enfriaba, los shows sub√≠an de temperatura. El 25 de noviembre de 1989 llegaron por primera vez al estadio Obras para presentar Furtivos.



La identificaci√≥n con los Stones era cada vez m√°s notoria. Seis meses despu√©s, el 18 de mayo de 1990, regresaban a Obras con un recital homenaje a los Rolling Stones, promocionado con un afiche que ten√≠a la famosa lengua roja y el flamante logo que los Ratones le hab√≠an encargado a Marta Minujin: un ojo que contin√ļa en forma de espiral, un dise√Īo simple y eficaz, replicable f√°cilmente en grafitis callejeros y remeras. El show comenz√≥ con Juanse en medio de una nube de humo, vestido como Jagger, con un saco glamoroso, pantal√≥n negro ajustado, camisa bord√≥ y brillos.

"Cuando hicieron un Obras en homenaje a los Stones, con la lengua y todo, fue patético", dice Gauvry. "Me pareció espantoso que fueran como los Danger Four de los Stones".

Edgardo "Rata" Mor√©, amigo de la infancia de Juanse que se hab√≠a transformado en m√°nager del grupo, consigui√≥ un nuevo contrato con la multinacional Sony y negoci√≥ la desvinculaci√≥n con el sello Del Cielito, al que todav√≠a le deb√≠an un disco. En 1990, los Ratones grabaron T√≥malo o d√©jalo con Mario Breuer en los controles. En un primer momento, el √°lbum no fue muy bien recibido por la prensa. "Ninguno de ellos es un virtuoso, solo Juanse tiene el carisma de √≠dolo, pero su voz desgarra", dec√≠a un fragmento de la rese√Īa publicada en la revista 13/20.



"En ese momento era una banda de rock creando su sonido", dice Breuer, que también grabaría los discos posteriores, Fieras lunáticas y Hecho en Memphis. "Juanse quería escuchar un sonido que pensaba que tenía que salir de la consola, pero debía surgir del grupo. Les faltaba mucho trabajo".

Un d√≠a en el estudio, mientras charlaba con Breuer, Juanse descubri√≥ en la agenda del ingeniero de sonido una hoja naranja con un n√ļmero telef√≥nico y el nombre de Andrew Loog Oldham, el productor que en los 60 hab√≠a creado la imagen de chicos malos de los Stones para competir con los Beatles, del que tanto hab√≠a le√≠do durante su adolescencia. Le pidi√≥ que los pusiera en contacto. "Yo ven√≠a de compartir una cena con Andrew y con Cachorro L√≥pez en Colombia", dice Breuer. "Y cuando le mostr√© una letra que hab√≠a escrito Andrew con el t√≠tulo 'My Negrita', se volvi√≥ loco".

"Yo hablaba mentalmente con Andrew sin conocerlo", dice Juanse, un día caluroso de diciembre mientras toma un café doble. "Lo descubrí leyendo los textos que escribía detrás de las tapas de los vinilos y después me compré la biografía de los Stones, de Anthony Scaduto, en la que el verdadero protagonista no es Jagger, sino Andrew".

Una tarde de 1990, en su departamento de Ciudad de la Paz y Mendoza, Belgrano, Juanse llam√≥ a Oldham e intent√≥ explicarle en un ingl√©s muy b√°sico que ten√≠a una banda de rock y le hab√≠a robado su contacto a Breuer en un momento de distracci√≥n. "A √©l le encant√≥ la historia de que le hab√≠a robado su n√ļmero a Mario del malet√≠n en un descuido, cuando se fue al ba√Īo, y enseguida me pregunt√≥ cu√°ntos discos ten√≠amos".

-Estamos terminando el cuarto -respondió Juanse.

-¿Y ya lo ten√©s? -le pregunt√≥ Andrew en ingl√©s, desde su casa, en Colombia.

-Sí -dijo Juanse, que ya tenía un acetato de muestra de Tómalo o déjalo.

-Bueno, entonces escuchemos.

-¿Pero c√≥mo? ¿Te mando una encomienda?

-No, ¿qu√© tel√©fono ten√©s?

-Un Standar Electric.

-¡Perfecto!

Juanse acomodó el teléfono de su cuarto con el micrófono hacia arriba y subió al máximo el volumen del equipo Audinac, que estaba en el living. Así le pasó las diez canciones del primer disco. "Cuando terminó, levanté el tubo y pensé: 'Este me colgó'", dice Juanse.

-Hola, hola, ¿Andrew?

-Yes, yes. Next, please.

La escucha continuó con Los chicos quieren rock y antes de pasarle el tercero volvió a levantar el teléfono para chequear si el productor seguía del otro lado. Allí estaba.

Cuando llegó el momento de Tómalo o déjalo, Juanse entró en pánico. Sabía que el resultado era parte de una experiencia rarísima en la que, buscando un nuevo sonido, había registrado las voces sobre la grabación que salía de un monitor instalado en la cabina. Para su sorpresa, cuando terminaron los 32 minutos del disco, Oldham continuaba en línea:

-Great, man!

"Me preguntó cuándo podía volar a Buenos Aires", recuerda Juanse con una sonrisa, que minutos después de la comunicación compraba para celebrar una botella de Jack Daniels en una licorería cerca de su casa. "Llamé a unas amigas y amigos para festejar, porque pensé que desde ese momento nuestra vida cambiaría totalmente".

La grabación de Fieras lunáticas en Del Cielito, en 1991, estuvo cargada de tensión. Cuando Oldham llegó a la Argentina atravesaba una crisis emocional. "Lo fuimos a buscar al aeropuerto y estaba irreconocible", dice Juanse. "Se había dejado la barba, tenía lentes y sombrero. Yo buscaba al de los libros de los Stones".

Hac√≠a tiempo que Oldham no sal√≠a de Bogot√°, donde se hab√≠a instalado despu√©s de conocer a la actriz colombiana Esther Farf√°n. Su √ļltimo trabajo hab√≠a sido con Bobby Womack en 1983. "No estaba haciendo nada, atravesaba una etapa en la que solo pod√≠a conseguir trabajo con gente que estuviera en mi misma condici√≥n", cont√≥ Oldham en Rocanrol Cowboys, documental de Alejandro Ruax y Ramiro Mart√≠nez sobre los Ratones estrenado recientemente. "Desafortunadamente, los Ratones estaban en la misma condici√≥n. No dije demasiado. Dije: '¿D√≥nde est√° la coca?'".

Cuando Oldham comenzó a trabajar con los Ratones, Juanse, Sarco y Memi tenían una edad similar a la de los Stones en Charlie Is My Darling, el documental que Oldham les produjo en 1966. "Andrew descubrió que éramos las personas adecuadas en el momento justo para desarrollar algo que tendría éxito", dice Juanse.

Breuer recuerda que apenas entraron al estudio Del Cielito, Oldham demostr√≥ cu√°nto m√°s claro ten√≠an el rock & roll los ingleses que los argentinos: "Sin ning√ļn conocimiento t√©cnico, se sentaba en la consola y hac√≠a un mont√≥n de cosas que yo consideraba un horror. Pero despu√©s, cuando escuch√°bamos el tema, sonaba b√°rbaro".



Esas cosas que hac√≠a Oldham eran llevar los v√ļmetros de la consola a nivel prendidos fuego, poner los faders a tope, subir la ecualizaci√≥n por encima de lo que soportaba la consola. "Grababa un tema con una guitarra ac√ļstica y bombo, y no solo con los m√ļsicos tocando al mismo tiempo, sino con un solo micr√≥fono bidireccional", detalla Breuer.

"Todo lo que hac√≠a Oldham era maravilloso", cuenta Sarco. "Me dec√≠a: 'Haceme un arreglo de la guitarra'. Y me mostraba las notas en el piano. Soy una persona muy reservada, introvertida, y √©l me ense√Ī√≥ a tirarme a la pileta de cualquier manera. Me hizo cantar, tocar la marimba y la guitarra el√©ctrica sin cable. Creo que intentaba sacarme del cascar√≥n. Era muy divertido e instructivo".

En la primera producci√≥n con los Ratones, el ingl√©s tuvo una actitud rigurosa y les exigi√≥ una cantidad desmesurada de tomas para cada canci√≥n. "Los apret√≥ tanto, que los forz√≥ a encontrar dentro de ellos la respuesta a 'por qu√© te dedicaste a la m√ļsica', 'por qu√© te dedicaste al rock'", dice Gauvry en el libro Del Cielito, el sello del rock.

Pappo, Memi, Juanse y el productor de los Stones, Andew Oldham, rodean la torta de casamiento del cantante, en 1994 Crédito: Gentileza Leo Aramburu

A esa altura, la demora de Juanse para entregar las letras y grabar las voces se hab√≠a convertido en una costumbre. "Estaba toda la m√ļsica de Fieras lun√°ticas, Andrew quer√≠a regresar a Colombia y no pod√≠amos grabar las voces. Juanse cantaba: 'Yamboriii, yamboriii, yamboriii". Y Andrew lo dej√≥ un fin de semana en Del Cielito para que terminara su parte".

Encerrado en el cuarto del hijo de Gauvry, Paul, en una caba√Īa ubicada a unos metros del estudio Del Cielito, mientras dormitaba Juanse transform√≥ el estribillo simulado de 'yamboriii" en la letra de "Ya mor√≠", uno de los temas m√°s destacados del disco. Grab√≥ toda la voz en una sola toma. "Me acost√© con una presi√≥n tremenda", cont√≥ el cantante a RS. "Era el √ļltimo d√≠a que ten√≠amos para meter voces y Andrew es super estricto en el estudio: estaba medio enojado conmigo porque segu√≠a demorando. Pero me dorm√≠ y so√Ī√© la letra completa. En esa √©poca dec√≠an que estaba dedicada al Indio Solari. Que digan lo que quieran".

"Rock del pedazo", el tema con el que los Ratones llegaron a sonar en todas las radios, era una canción conocida en Devoto, entre los primeros seguidores de la banda. Juanse se la había mostrado a Pappo antes de grabar el primer disco, un día que fue a visitarlo con Carámbula.

"Andrew le aportó a la banda una cuestión de trabajo en el estudio", dice Memi. "Hacer rendir las sesiones de grabación dentro de la locura en la que estábamos inmersos. Pasábamos 24 horas grabando y afianzando un sonido. Algo que fue crucial".

Las exigencias de Oldham ocasionaron una situación límite con Roy. "Después de pedirle 30 versiones de un tema, Andrew elegía la primera y Roy me decía: 'Me va a destruir la vida'. Además, lo trató mal", recuerda Juanse. "En un momento lo tuvimos que encerrar en un cuarto de limpieza porque estaba con un ataque de nervios, no aguantaba más. Pero Roy creció. Entonces se amplió el rango musical de Pablo, que es el mejor bajista que escuché en un estudio".

Sarco dice que el nivel que había desarrollado Memi en aquel momento era de tal magnitud que cuando Bill Wyman abandonó a los Stones en 1993, pensó que Memi podía ocupar tranquilamente el lugar de Wyman. "Se lo comenté a Andrew y me dijo que coincidía", explica el guitarrista.

"Andrew extra√Īaba el groove de los bateristas ingleses, por eso lo volvi√≥ loco a Roy", dice Breuer. Roy est√° de acuerdo: "Quer√≠a que tocara como Steve Jordan o Watts, que le sacaban el cuarto golpe al hit-hat y eso le daba una diferencia al estilo que no se logra con una m√°quina".

"Cowboy", "La avispa", "Rock del pedazo", que la compa√Ī√≠a discogr√°fica vislumbraba como el primer corte, y "La nave" asomaban desde las sesiones de grabaci√≥n como posibles hits. "Cuando grabamos las bases de 'La nave', Andrew se larg√≥ a llorar", dice Juanse entusiasmado. "En todo lo que se escucha no hay overdubs: es la banda tocando en vivo. Y √©l no pod√≠a comprender c√≥mo una banda de ac√° sonaba as√≠. Se puso loco, pero enseguida se mostr√≥ serio porque quer√≠a seguir manteniendo cierta autoridad. El sonido de congas lo grab√≥ √©l tocando dos bidones vac√≠os del dispenser de agua que ten√≠amos en el estudio".

El nombre del disco surgió de una publicidad que Chabán había realizado para promocionar un show en Cemento presentándolos, fiel a su estilo extravagante, como "Ratones Paranoicos, las fieras lunáticas". Antes de terminar la grabación, Juanse le preguntó a Oldham cuántas copias pensaba que venderían.

-¿Primera semana o segunda? -consult√≥ el productor.

-Segunda -le dijo Juanse.

-¡60.000 copias!

Quince días antes de que saliera a la venta, era disco de oro. "Todavía no habíamos hecho la mezcla y el tipo ya sabía cuál era el corte y cuánto iba a vender", dice Juanse.

Cuando Steve Rosenthal, un prestigioso técnico que trabajó con Lou Reed, comenzó la mezcla en el estudio Marathon de Nueva York, los Ratones llevaban gastados sesenta mil dólares, seis veces más de lo que había costado el primer álbum para Sony. Los directivos del sello apostaron fuerte al nuevo trabajo de estudio. Pero cuando Oldham entregó el master, se disgustaron porque había dejado afuera "Rock del pedazo", y a través de Juanse lograron convencerlo de que lo incluyera.

"Yo no sé qué tan bueno fui para los Ratones, pero ellos fueron muy buenos para mí", le dijo Oldham a RS en la edición de febrero de 2009. "En aquel momento, me resultaba difícil empezar un trabajo y terminarlo correctamente, y ellos me ayudaron a conseguirlo".

La salida de Fieras lun√°ticas marc√≥ una bisagra en la historia de la banda. "Son√≥ en todos lados", dijo Juanse. "Fuimos Doble Platino, que entonces eran como 250.000 discos vendidos". Los Ratones hab√≠an superado todas las expectativa. El 25 de abril, cuando presentaron el √°lbum en Obras con Charly Garc√≠a de invitado, se junt√≥ tanto p√ļblico en la puerta del estadio que tuvieron que agregar una segunda funci√≥n.

"Los Ratones se fueron poniendo grosos a partir de Andrew, cuando les transmitió 'la magia del rock'", explica Breuer. " Hecho en Memphis, el álbum que vino después, es el primer disco bien tocado por los Ratones. Antes, les faltaba un ajuste: encontrarse con Andrew Loog Oldham".

Keith Richards comprob√≥ el poder√≠o de los Ratones en 1992, cuando lleg√≥ a la Argentina acompa√Īado de su banda The X-Pensive Winos para presentar su flamante segundo disco solista Main Offender el 7 de noviembre en el estadio de V√©lez Sarsfield. El Coca Cola Rock Festival inclu√≠a en la grilla a Ratones Paranoicos y Joe Cocker, agregado a √ļltimo momento por pedido de Keith. Era la primera vez que el guitarrista de los Stones se presentaba ante tanto p√ļblico al frente de su proyecto solista, por lo que antes de salir al escenario se lo ve√≠a nervioso, dudando del vestuario que hab√≠a elegido.

"Pobre Richards, le hicieron creer que había llenado Vélez", dice Juanse mientras esboza una sonrisa. "No le dijeron que las 12.000 entradas anticipadas vendidas eran nuestras. Recuerdo que nos llamó Roberto Costa [socio de Grinbank en tiempos de Rock & Pop] cuando faltaban 20 días para la fecha y nos dijo: 'Está la oportunidad de sumar en el festival a Keef'. Sabíamos que él iba a acaparar toda la atención, pero le respondimos: 'Sí, que venga'". Porque sabíamos que nosotros quedaríamos bien parados".

Los d√≠as previos al festival, Juanse se hosped√≥ en una habitaci√≥n del quinto piso del Hotel Sheraton, mientras que Richards ocup√≥ con su banda el octavo, y se cruzaron en varias oportunidades. "La m√°nager de Richards, Jane Rose, me pregunt√≥ cu√°l cre√≠a que deber√≠a ser el primer corte del disco que estaban lanzando y le dije 'Eileen'. A los dos meses vi que sacaron el videoclip de ese tema con las im√°genes del p√ļblico durante nuestro show, porque cuando toc√≥ Keef no se mov√≠a nadie".

Esa noche los Ratones contaron con un refuerzo de lujo: Norberto Napolitano, que apareció como violero invitado después de un largo tiempo alejado de los escenarios. "Lo fuimos a buscar un rato antes del show y estaba arreglando la caja de cambios de un Torino", recuerda Juanse. "Estaba tirado en la fosa y le dije: 'Vamos, man, tenemos que tocar con Keith Richards en Vélez'. Y me respondió: 'Ahora vengo'. Unos minutos después apareció vestido de cuero, impecable, con un saco largo hasta el piso. Y cuando lo anuncié en el show, se vino abajo todo. Fue de película".

Los Ratones dejaron el escenario de V√©lez en llamas y Richards sali√≥ a escena a la medianoche, casi una hora m√°s tarde de lo programado. A la una y media de la madrugada del domingo, cuando el guitarrista dio por finalizada la lista de 18 canciones que incluy√≥ bises de los Stones como "Gimme Shelter", "Before They Make Me Run", "Too Rude" y "Connection", las 45.000 personas que colmaron V√©lez lo despidieron al grito de "esta noche toca Richards, el a√Īo que viene tocan los Stones". De regreso a su pa√≠s, Keith le dijo a Mick Jagger que deber√≠an ir a tocar a Buenos Aires: "Esos chicos est√°n listos".

Esa misma noche, los Ratones y Pappo terminaron armando una gran zapada en The Roxy, a la que bautizaron "After Stones", acompa√Īados de los m√ļsicos de Richards Steve Jordan, Woodie Wachtel e Ivan Neville.

"Richards dio un muy buen show en Vélez", recuerda Juanse. "Pero vio cómo con el nuestro le explotaba todo en la cara. No teníamos que demostrarle nada a nadie; estábamos arriba en muchas cosas. Eso fue lo que determinó también que después vinieran los Stones".

Despu√©s del √©xito de Fieras lun√°ticas, Oldham le consult√≥ a Juanse d√≥nde le gustar√≠a grabar el pr√≥ximo. Las opciones eran Nueva York, Los √Āngeles o Memphis, y Juanse eligi√≥ la √ļltima. En 1992, los Ratones viajaron a la cuna del rock & roll y el blues para instalarse dos semanas en los estudios Ardent, pero el viaje se extendi√≥ m√°s de lo planificado. Oldham, que sal√≠a desde Colombia, se demor√≥ una semana en llegar y, al mismo tiempo, B.B. King hab√≠a tomado el turno anterior a los Ratones y necesit√≥ unos d√≠as m√°s para terminar las canciones de Blues Summit.

"Cuando fuimos a Estados Unidos, ellos se habían convertido en otra banda", dice Breuer. "Seguramente un poco de la mano de Andrew. Hubo un par de situaciones que hicieron que el proceso de producción no fuera tan lindo, pero en general fue muy bueno".

"Era la primera vez que el grupo viajaba para grabar en otro país y eso influyó mucho", explica Sarco. "Igualmente lo hicimos con nuestro sello. El primer error que cometí, apenas llegué, fue comprarme todas las botellitas de Jack Daniels que había. Al otro día no podía ni moverme".

Juanse recuerda un episodio que termin√≥ definiendo la suerte del disco. El √ļltimo d√≠a en Memphis quedaban dos horas para terminar las sesiones y continuaba encerrado en la habitaci√≥n del hotel. En el estudio lo esperaban para que les pusiera letra y voz a cinco canciones. Oldham decidi√≥ ir a buscarlo con un cerrajero. "Hab√≠a trabado todas las puertas para que no pudieran entrar y del otro lado ten√≠a a Andrew, la banda, el conserje, el due√Īo del estudio y un muerto de la compa√Ī√≠a [Sony], que hab√≠an mandado para que auditara por qu√© est√°bamos gastando 20.000 d√≥lares por semana, algo que en Estados Unidos era una locura", dice Juanse. "Hasta que Andrew me dijo: 'Juanse, s√© lo que te pasa. Ya lo viv√≠. Hac√© un esfuerzo, trat√° de terminar porque hoy es nuestro √ļltimo d√≠a. Si no met√©s las voces, no podemos mezclar'. Fue un momento en el que volv√©s a la realidad y adquir√≠s el don de la responsabilidad".

Juanse asegura que, encerrado, en apenas cuarenta minutos, escribi√≥ de un tir√≥n las letras de "La guerra del √°cido", "Isabel", "Vicio", "Cansado" y "Grand funk". "Eso es para los que despu√©s me dicen 'toc√°s cuatro acordes' o 'sos un muerto'", dice Juanse. "Es el estigma del rock & roll". "Fijate justamente qu√© temas eran los que no ten√≠an letras", apunta Sarco. "No fue casual, Juanse ten√≠a la m√ļsica y sab√≠a que iban a ser los m√°s importantes del disco".

Cuando concluy√≥ la grabaci√≥n, Oldham envolvi√≥ las 32 cintas y viaj√≥ a Nashville para que Al Kooper, legendario m√ļsico que hab√≠a grabado en "Like a Rolling Stone", de Bob Dylan, agregara teclados. Despu√©s convoc√≥ a Mick Taylor, el guitarrista que reemplaz√≥ a Brian Jones en los Stones, para que metiera violas en "Grand funk" y "Ciego boogie".



"Los Ratones son la mejor banda de rock and roll de Sudamérica", le dijo Taylor a Antonio Birabent, que por aquellos días conducía el programa La Cueva, en Telefé, el 6 de noviembre de 1993, un rato antes de tocar en la presentación de Hecho en Memphis en una de las canchas de rugby del club Obras, ante 22.000 personas. "Están en la tradición de los Stones, pero tienen su estilo. Además, cantan en castellano, esto es muy importante. Son como los Stones antes de volverse ricos y famosos".

Backstage de River, la imagen cumbre de varios d√≠as en los que las bandas compartieron mucho m√°s que m√ļsica; abrazos, convivencia, pasillos de hotel, juegos, excentricidades y an√©cdotas antol√≥gicas Cr√©dito: Gentileza Leo Aramburu

"Taylor baj√≥ del avi√≥n con la viola colgada, sin el estuche, y lo primero que nos pregunt√≥ fue: '¿D√≥nde est√° la sala de ensayo?'. Estuvimos nueve o diez d√≠as ensayando, conviv√≠amos con √©l", dice Juanse. "Y, bueno, as√≠ sali√≥ despu√©s el show".

Sarco recuerda que para vencer la timidez apenas llegó Taylor le regaló un wah-wah que el inglés terminó usando en el recital con la Les Paul que trajo, el twin reverb de Juanse y un cabezal de Marshall 800. "Me sugirió que pusiera cuerdas más gruesas y lo hice para ver si podía tocar el slide por lo menos el diez por ciento de lo que toca él", dice el guitarrista con una sonrisa. "Vino a tocar un par de temas y terminé pasándole los acordes de muchas canciones que él no sabía porque se quiso quedar todo el show. Me hizo laburar mucho, fue bastante cansador. Esa noche en particular, Juanse empezó a hacer unos solos larguísimos. No sé si le agarró un ataque de argentinidad, pero empezó a competir con el inglés".

"Nosotros, con Pappo, no ten√≠amos que demostrar nada", dice ahora Juanse. "Est√°bamos arriba de ellos [los Stones] en muchas cosas. Que nos comparen con los Stones demuestra que el rock & roll est√° ejercido solo por una banda, que somos nosotros. ¿Con qui√©n nos van a comparar? El rock & roll tiene ese sonido: el de Jerry Lee Lewis, Chuck Berry... Y nosotros sonamos as√≠".

El domingo 5 de febrero de 1995, cuando los Rolling Stones llegaron al aeropuerto de Ezeiza, la stoneman√≠a, que hab√≠a crecido en los √ļltimos a√Īos en Argentina de la mano de los Ratones, lleg√≥ a su pico m√°ximo de furor. Los fans llevaban 33 a√Īos esper√°ndolos y tardaron apenas unas horas en agotar los 300.000 tickets para los cinco shows programados en River, los d√≠as 9, 11, 12, 14 y 16 de febrero. En la televisi√≥n, la radio, los diarios, las revistas y en la calle no se hablaba de otra cosa que de las actividades de Jagger, Richards y compa√Ī√≠a durante su estad√≠a en Buenos Aires.

"Hab√≠an dicho por lo menos dos veces que vendr√≠an y no sucedi√≥", recuerda Sarco. "Antes de Internet la imaginaci√≥n llegaba muy lejos y las revistas de comienzos de los 90 fabulaban permanentemente. Pero cuando esa vez vimos que era de verdad y est√°bamos en la puja para tocar, trat√© de serenarme para que los nervios no me jugaran una mala pasada. En un momento me enter√© de que estaban haciendo fuerza para meter de teloneros a Los Rodr√≠guez y se me llen√≥ el cuerpo de veneno porque, por m√°s que estaba Andr√©s, era un grupo espa√Īol".

El marat√≥nico tour de Voodoo Lounge, iniciado en agosto de 1994 en el estadio Kennedy, de Washington, los tra√≠a por primera vez a Sudam√©rica. Para abrir los cinco conciertos en Argentina, la producci√≥n eligi√≥ a tres bandas locales: Las Pelotas, Pappo y Ratones Paranoicos, que ser√≠an los √ļltimos en tocar antes de los Stones.



Pero después de más de una década de giras, grabaciones y excesos, la relación entre los integrantes de los Ratones Paranoicos no atravesaba el mejor momento. "Era complejo", dice Memi, que abandonaría el grupo en 1997. "Yo trataba de filtrar y quedarme con los momentos más gratos".

Una gran caravana de autos repletos de fans acompa√Ī√≥ el Mercedes Benz negro que traslad√≥ a Mick Jagger al hotel Park Hyatt, de Recoleta, en el que hab√≠an reservado 80 habitaciones para los 12 d√≠as que permanecer√≠an en el pa√≠s. Un rato despu√©s llegaron las 17 combis que tra√≠an al resto del grupo, Keith Richards, Ron Wood y Charlie Watts, junto a un staff de 180 personas que inclu√≠a t√©cnicos, m√ļsicos sesionistas, amigos y familiares. Jagger se aloj√≥ en la suite principal, en la 1209, y unos pisos m√°s abajo, en la habitaci√≥n 918, se instal√≥ Juanse con su mujer Julie y su hijo Daland. Para aislarse del asedio de los amigos, Sarco se hosped√≥ a unas cuadras, en el Hotel Plaza Francia. En la puerta del Hyatt se hab√≠a montado una guardia period√≠stica las 24 horas y un grupo tumultuoso de fans esperaba ver a sus √≠dolos de cerca, por lo que los m√ļsicos buscaron durante su tiempo en el pa√≠s formas de entretenerse en el hotel. Una tarde, Richards le pidi√≥ a Juanse que le consiguiera un snooker, un juego ingl√©s similar al pool, y la producci√≥n mont√≥ un operativo especial para trasladar la mesa que consigui√≥ en el bar La Academia, de Congreso, e ingresarla a trav√©s de la mansi√≥n lindera al hotel.

"Yo estaba con mi fot√≥grafo, Leo Aramburu", dice Juanse. "Keef arm√≥ la mesa, puso una columna de sonido en cada buchaca y empezamos a jugar: Ronnie y yo contra Leo y Keef. Todav√≠a recuerdo al padre de Richards [Bert] mirando el encuentro. Creo que fuimos la √ļnica banda o artista que tuvo libre acceso a todo. Porque no pod√≠as ir al camar√≠n de Richards, pero yo estaba ah√≠ con √©l mientras se cambiaba, y con Ronnie".

Juanse recuerda su encuentro con Jagger con cierto disgusto. "Tuve un episodio con él...", dice enojado. "Llamó a mi habitación preguntando por mi esposa, cosa que no me cayó nada bien. Después hubo como un reencuentro, pero sos de Keef y Ronnie o sos del otro muerto, no hay término medio. Y nosotros éramos de Keef y Ronnie".

En los ensayos previos al show en River, Roy sufrió una tendinitis en el codo izquierdo. "No sé si fue por los nervios porque nunca me había pasado", dice el baterista, que recuerda el primer día, la llegada al estadio a las 17 horas y la prueba de sonido, como una película en la que se iban metiendo de a poco hasta la hora de salir al escenario, ya dentro del ojo del huracán.

Sarco aprovech√≥ el backstage para saludar a Richards. "Fue al √ļnico que abrac√©", dice el guitarrista. "Fue muy loco saludar a Watts y que me diga en ingl√©s: 'Hola, soy Charlie Watts', como si no lo conociera. Tengo en mi memoria im√°genes hermosas, como ver pasar a Jagger corriendo desde un hueco que hab√≠a abajo del escenario. Me di cuenta de que los Stones no eran como dec√≠an en esas notas viejas, que estaban siempre drogados. Los tipos estaban perfectos, entrenaban de verdad".

"¿Sab√©s lo que es que te abrace Keef y te diga 'love'. Eso y tomarte una lagartija de una cuadra y media con √©l", dice Juanse, mientras r√≠e en la mesa del bar como si fuera un chico. "Es lo m√°s alto que te puede pasar en la vida; es como comulgar. Es tener a Cristo dentro tuyo. Que en esa √©poca y en esa circunstancia se te pare Keef enfrente, te abrace y te diga 'love', demuestra su humildad. A pesar de todo su estrellato y vicisitudes, era un tipo buscando amor. Nada m√°s".

"No s√© qu√© hubiera pasado si no est√°bamos ah√≠", dice Sarco. "Pero est√°bamos convencidos de que deb√≠amos estar en ese lugar. El p√ļblico lo cantaba en los shows y nos acompa√Ī√≥. Tocar con los Stones fue una exposici√≥n gigante para el grupo y yo lo disfrut√© de punta a punta".

Dice Juanse: "Ahora hablamos de lo que fueron los shows con los Stones, pero en 1982 estábamos medio fisurados, era una época de mucho ácido y terminamos en la esquina de Desaguadero y Pedro Morán, en Devoto, adentro del fitito blanco (que tenía Sarco), en medio de una tormenta eléctrica y mientras planeábamos cosas que finalmente sucedieron, yo les dije: 'Nosotros vamos a tocar con los Rolling Stones'. Y me respondieron: 'Bueno, sí. Seguro...'. Entonces volví a insistir: 'Acuérdense que un día vamos a tocar con los Stones'. Y, finalmente, igual que otro montón de cosas, terminó sucediendo".

Pensativo, ir√≥nico, reflexivo y por momentos sumergido en la acidez que lo caracteriza, despu√©s de hablar durante m√°s de una hora y media sobre la primera d√©cada de historia de la banda, mientras explica entusiasmado que los Ratones preparan un nuevo disco de estudio para 2020, Juanse propone un resumen global de los m√°s de 30 a√Īos que lleva al frente del grupo -interrumpidos en algunos momentos por breves incursiones solistas- con una analog√≠a futbolera: "El rock & roll es como la Premier League, y con los Ratones hemos salido octavos, terceros y tambi√©n ganamos varios torneos. Podemos estar en la mitad de tabla o m√°s arriba, pero no sabemos lo que es descender".

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