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Villa Devoto: El primer “relato salvaje” y una discusi√≥n que dividi√≥ al pa√≠s

Aniversario. Hace 25 a√Īos, el ingeniero Horacio Santos mataba en Villa Devoto a dos ladrones que, desarmados, le hab√≠an robado el pasacasete de su Renaul Fuego. Un caso que gener√≥ un debate in√©dito sobre la "justicia por mano propia".


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Villa Devoto: El primer “relato salvaje” y una discusi√≥n que dividi√≥ al pa√≠s (Click en la foto)
16/6/15

Tan obsoletos son hoy los pasacasetes como los 80 mil australes que pagaba un reducidor de autos por uno robado. En 1990 se calculaba que se robaban unos 10 mil al a√Īo. Pero uno, solamente uno, desat√≥ una tragedia de muchas aristas y un debate nacional que fractur√≥ al pa√≠s en opiniones irreconciliables. El caso del ingeniero Santos, del que hoy se cumplen 25 a√Īos, fue uno de los primeros "relatos salvajes" en la vida real.

Ocurri√≥ un s√°bado al mediod√≠a. El ingeniero qu√≠mico Horacio Santos, de 42 a√Īos, y su esposa Norma estaban comprando zapatos en una galer√≠a comercial de Villa Devoto cuando escucharon el sonido de una alarma y se dieron cuenta que se trataba de su auto, una cup√© Renault Fuego.

Salieron del local lo suficientemente rápido para ver cómo dos hombres se escapaban en un viejo Chevrolet sedán. Eran Osvaldo Aguirre y Carlos González, dos recientes desempleados con algunos antecedentes por robos y otros delitos menores. Le habían robado el pasacasete a Santos.

El ingeniero agarró a su mujer y salió en persecución de los dos hombres. Más tarde diría que estaba obnubilado por la furia, que ya le habían robado el pasacasete 12 veces, que había sufrido varios episodios delictivos más. Alcanzó a la Chevy y le cerró el paso en la esquina de Pedro Morán y Campana, en Villa Devoto.

Con los dos autos frenados, la mujer de Santos se asust√≥ con un movimiento en el Chevrolet. Grit√≥: "¡Nos van a matar!". Santos tom√≥ un revolver calibre 32 que ten√≠a en su auto y dispar√≥ dos veces, con asombrosa precisi√≥n.

Las dos balas alcanzaron a Aguirre y Gonz√°lez en sus cabezas. Los dos ladrones murieron al instante. Estaban desarmados.

El ingeniero químico fue detenido, acusado por el doble homicidio. Y el caso pronto dividió aguas. En el boca a boca, en los comentarios en la calle, en los bares, de pronto se convirtió en uno de esos temas en los que todos deben tomar postura. Quienes defendían o reivindicaban la actitud de Santos comenzaron a hablar del ingeniero como un "justiciero".



La ola fue tan arrolladora que, al d√≠a siguiente, tanto el ministro del Interior, Julio Mera Figueroa, como el secretario de Legal y T√©cnica, Ra√ļl Granillo Ocampo, y hasta el juez de la Corte Rodolfo Barra, salieron a advertir sobre el peligro de incentivar a la sociedad a aprobar este tipo de hechos. El presidente Menem prioriz√≥ su olfato pol√≠tico a la racionalidad legal, y tir√≥ algo de nafta. No legitim√≥ la conducta del ingeniero Santos, pero... "Yo no s√© c√≥mo habr√≠a obrado en una situaci√≥n similar. Habr√≠a que estar adentro de su piel", dijo en el programa de Bernardo Neustadt.

El abogado defensor de Santos puso un poco de cordura al comienzo de las pericias psicológicas. "No se trata de determinar si lo que hizo Santos está bien o mal. Lo que tenemos que conocer es si en ese momento tenía plena conciencia de que estaba actuando mal o si se encontraba circunstancialmente alterado. Tenemos que saber si había perdido sus frenos inhibitorios", dijo Eduardo Gerome.

El abogado, tras visitar a Santos en la cárcel de Caseros, también transmitió palabras del ingeniero. Dijo que no quería "ser considerado un adalid de la justicia por mano propia".

Una encuesta de CEOP encargada por Clar√≠n tras el hecho descubri√≥ el marco en el que el caso Santos hab√≠a explotado: casi un 77% de los encuestados admit√≠a que no se sent√≠a protegido ni por leyes, ni por la Polic√≠a, ni por los jueces. Y ocho de cada diez dec√≠a que hab√≠a impunidad para los delitos. Por √ļltimo, el 43 por ciento de los encuestados "hubiera hecho lo mismo" que Santos en una situaci√≥n similar.

El caso se convirti√≥ en un emblema y la discusi√≥n nunca se sald√≥. Tras un largo proceso, Santos fue condenado a 12 a√Īos de prisi√≥n por el doble crimen. Pero en 1995, la C√°mara Penal le redujo la pena a tres a√Īos en suspenso porque opin√≥ que hab√≠a actuado en un exceso de leg√≠tima defensa.



Y después

Santos jam√°s quiso hablar con la prensa. Adem√°s del juicio penal, hubo un proceso civil de las familias de los dos ladrones muertos. Santos acord√≥ la cesi√≥n de un departamento a la familia de Gonz√°lez y, ya a m√°s de diez a√Īos del s√°bado fatal, un monto de dinero a la de Aguirre. Continuaba trabajando en una empresa especializada en tratamientos de superficie y corrosi√≥n y su abogado cont√≥ que no hab√≠a vuelto a tomar un arma y que no la tomar√≠a nunca m√°s.






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