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Villa Devoto: “Mam√°, explicame por favor qu√© est√° pasando ...”

Tema del domingo. A poco de nacer, fueron regalados, comprados o robados. Y de repente, como adultos, se enteraron de que sus padres no eran los biológicos. El drama y la esperanza de personas que buscan su origen.
  


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“Mam√°, explicame por favor qu√© est√° pasando ...” (Click para ver galer√≠a)   
20/7/14

Hugo Capparelli se enter√≥ que no era hijo de su madre el a√Īo pasado, cuando ten√≠a 48 a√Īos. Fue por un hecho fortuito. Su madre, de 90, respond√≠a preguntas de rutina en el consultorio para una operaci√≥n de c√°ncer en un pecho. Cuando el m√©dico le pregunt√≥ cu√°ntas veces hab√≠a estado embarazada ella hizo un silencio largo.

-Nunca -dijo.

La respuesta rompi√≥ un pacto de silencio de casi medio siglo. Hugo, que estaba a su lado, abri√≥ los ojos. “De chico hab√≠a tenido sospechas. A los doce pregunt√© y me lo negaron. Me acuerdo que ca√≠ en una depresi√≥n muy profunda”, afirma.

A partir de entonces comenz√≥ a indagar sobre su origen. “ Tengo varias versiones de mi historia -dice Hugo, despu√©s de un a√Īo y medio de investigaci√≥n-. Una es que soy hijo de una familia de Luj√°n; otra, de Torres, un pueblo cercano. La versi√≥n m√°s firme es que soy hijo de una de las internadas del orfanato “Ramay√≥n L√≥pez Valdivieso”, que reun√≠a menores y adultas con problemas de conducta. En el a√Īo ‘68 hubo un episodio de trata de personas y fue presa la c√ļpula del orfanato. Creo que a m√≠ me compraron”, dice.

Una persona que, por las razones que fuesen, fue separada de su familia de origen no encuentra asistencia del Estado. No tiene, como sucede con los beb√©s robados durante la dictadura militar, la posibilidad de cruzar informaci√≥n gen√©tica con las computadoras del Banco Nacional de Datos Gen√©ticos del Hospital Durand para la b√ļsqueda.

Vive en un limbo jurídico.

Su partida de nacimiento, aunque cuenta con firma y sello original del Registro Civil, tiene datos falsos. Un origen biológico adulterado. Y si impugnan la paternidad y maternidad ante la justicia, pierden los derechos filiatorios de sus padres de crianza.

“Cuando te enter√°s de que no sos quien te hab√≠an dicho ten√©s que salir a tocar timbres sola. No hay un instituto con gente capacitada que te ayude en la investigaci√≥n, que te facilite los libros de partos, que te haga un ADN y lo coteje y te facilite una contenci√≥n legal y emocional”, dice Mariana Landini.

Ella se enter√≥ que hab√≠a sido apropiada hace dos a√Īos, a los 42, aunque “las sospechas se sienten en el coraz√≥n. Las tuve toda la vida”. Mariana cree que naci√≥ en la cl√≠nica Bazterrica, de Capital Federal. “El m√©dico obstetra era amigo de mi padre de crianza y me entreg√≥. No tengo datos de mi mam√° biol√≥gica. S√© que era una chica alta, que se atend√≠a en la Bazterrica. Ahora debe tener 70 a√Īos. Ped√≠ los registros de atenci√≥n de ese doctor y de los partos del a√Īo ‘69 pero en la cl√≠nica me dicen que los perdieron. Con una ley que permita la intervenci√≥n del Estado en la b√ļsqueda de nuestra identidad, hubiera tenido otra respuesta”. (Ver “La necesidad ...”).

La necesidad de romper un silencio para conocer el origen remite a “Philomena”. En la pel√≠cula, una adolescente de un internado de monjas en Irlanda tiene un hijo, al que le permiten ver un momento al d√≠a. Dos a√Īos despu√©s se lo arrancan: las monjas lo entregan a una familia. Philomena lo ve desde una ventana. Cincuenta a√Īos despu√©s siente la necesidad de salir a su b√ļsqueda (http://www.cuevana2.tv/10242/philomena/).

Luis Verdina, de 57, se enteró en el bar del pueblo, en Baradero, cuando estaba con un grupo de amigos mirando por televisión la noticia de la adopción de un bebé mapuche por parte de un matrimonio alemán.

“Es un caso parecido al tuyo, Luis”, coment√≥ uno. Sus amigos cre√≠an que lo sab√≠a. Su madre de crianza se lo admiti√≥: era hijo de una relaci√≥n extramatrimonial de la comunidad alemana en la Argentina. Le aport√≥ el nombre y la direcci√≥n de la partera, “que sab√≠a tener beb√©s”, que lo hab√≠a entregado, en Concordia al 3800, Villa Devoto. Verdina tradujo al alem√°n un texto con los pocos datos que conoc√≠a de su historia. Lo envi√≥ al peri√≥dico “Argentinisches Tageblatt” que se publica en la Argentina. Una llamada lo ayud√≥ a armar el rompecabezas. Cuando por fin descubri√≥ qui√©n era su madre biol√≥gica, supo que hab√≠a muerto hac√≠a tres meses. Verdina cre√≥ una ONG para ayudar a otras personas a la b√ļsqueda. “Todo lo que no pasa por el marco legal de una adopci√≥n, es una apropiaci√≥n, sustituci√≥n de identidad biol√≥gica. Por eso luchamos por una ley de universalidad del derecho a la identidad. Hoy la ley s√≥lo contempla los casos de bebes apropiados por el Estado durante la dictadura”, indica.

Fabiana Giannoni se enter√≥ a partir de la desaparici√≥n de su padre, que ten√≠a demencia senil, en 2007. Se lo cont√≥ su madrina. “Abr√≠ una p√°gina en Facebook con el nombre de la partera “Mafalda Journade”, que se dedicaba al tr√°fico de beb√©s, para obtener datos. Llegu√© a hablar con ella.

Tenía todo anotado en un cuadernito.

S√≥lo me dijo: ‘tu mam√° vino del norte’. A partir de la p√°gina, aparecieron dos mam√°s que tuvieron hijos con esa partera y quieren encontrarlos”, relata.

Las distintas ONG que nuclean a personas con identidad sustituida coinciden en que alrededor de tres millones de argentinos fueron apropiados al momento del nacimiento en las √ļltimas d√©cadas. Lo sepan o no. “Yo recibo cinco llamadas por d√≠a desde hace 12 a√Īos”, dice Patricia Pe√Īa, de “Ra√≠z Natal”, de 56 a√Īos. Ella se enter√≥ cuando sus padres de crianza hab√≠an muerto. Supo que su mam√° era una menor de clase media oriunda de Mar del Plata, que fue obligada a parir en el hospital Durand y entregar a su beb√© en el Parque Centenario. “Hoy nadie se horroriza de una madre soltera. Pero hace 40 a√Īos ten√≠as que ir a parir a cualquier lado para esconderte. En estos tiempos, los j√≥venes apropiados obtienen respuestas menos traum√°ticas. Pero vivimos una filiaci√≥n irregular, nunca f√°cil de procesar”, indica Silvia Sotelo, que se cri√≥ con un ginec√≥logo de Brandsen, entre beb√©s que se quedaban unas horas en la casa y luego los supuestos padres los retiraban. Desde su mente infantil, pensaba que era como un cuento de hadas. Hasta que despu√©s de muchos a√Īos de sospechas y silencios se anim√≥ a preguntar: “Mam√°, explicame por favor qu√© est√° pasando ...”. “Preguntale a tu padre ...”.

Entonces supo que ella era uno de esos bebés que nadie sabía de dónde venían y habían dejado en la casa.



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