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El Mundial 78: cuando la dictadura puso al f√ļtbol al servicio del terror.

SOCIEDAD.
Noticias.
Como en otros reg√≠menes autoritarios, el deporte sirvi√≥ para ocultar los cr√≠menes del Estado. El t√≠tulo de una Copa del Mundo marcada por la corrupci√≥n y la muerte se concret√≥ a metros de la ESMA. “Mientras se gritan los goles, se apagan los gritos de los torturados y de los asesinados”.
Jorge Rafael Videla festeja durante el Muindial 1978.

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17/5/13

La frase es de Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, en el documental La Historia Paralela, y no hace otra cosa que reflejar lo que signific√≥ el Mundial de 1978, disputado y ganado por Argentina mientras el pa√≠s viv√≠a su noche m√°s oscura. Esas im√°genes, entre otras, se revivieron este viernes cuando Jorge Rafael Videla, el l√≠der de la Junta Militar que encabez√≥ la dictadura m√°s sangrienta que vivi√≥ el pa√≠s, muri√≥ preso en la c√°rcel de Marcos Paz por los cr√≠menes de lesa humanidad que cometi√≥ en el llamado Proceso de Reorganizaci√≥n Nacional. Fue aquella una Copa Mundial, la primera ganada por la Selecci√≥n, que no s√≥lo se trat√≥ de f√ļtbol, sino tambi√©n de corrupci√≥n, muerte y miedo.

Sin dudas, la propaganda es uno de los instrumentos m√°s importantes que tienen los gobiernos dictatoriales para publicitar su ideolog√≠a. Y, en ese sentido, el deporte siempre fue una herramienta √ļtil para ocultar –por un rato- maniobras pol√≠ticas ilegales. As√≠ como los Juegos Ol√≠mpicos de Berl√≠n, en 1936, fueron utilizados por Adolf Hitler en Alemania, el Mundial de 1978 disputado y ganado por Argentina permiti√≥ silenciar por varios meses lo que ocurr√≠a en el pa√≠s con la Junta Militar y sus atroces cr√≠menes de lesa humanidad.

Los gritos de gol en el Monumental y los festejos ante cada triunfo que acercaba a la Selecci√≥n a la final del Mundial parec√≠an tapar aquellos gritos desgarradores de quienes, a menos de 1000 metros de all√≠, en la ESMA, sufr√≠an en lo m√°s cruel de la palabra las torturas de la dictadura militar m√°s sangrienta que vivi√≥ Argentina. As√≠ lo refleja el libro “La verg√ľenza de todos”, de Pablo Llonto: “Mientras la sociedad miraba y disfrutaba de la fiesta de todos, a diez cuadras del estadio de River, en la Escuela Superior de Mec√°nica de la Armada, se violaban los derechos humanos”. Aunque fue el m√°s grande campo de concentraci√≥n de la dictadura, no fue el √ļnico. Tanto en ese como en muchos otros hubo deportistas argentinos. En N√ļ√Īez, por ejemplo, estuvo Daniel Schapira, el √ļnico tenista desaparecido, mientras que en el conurbano estuvieron, entre otros, el atleta Miguel Benacio S√°nchez y el futbolista Claudio Tamburrini. La historia de √©ste √ļltimo es una de las m√°s conocidas, gracias a la pel√≠cula “Cr√≥nica de una fuga”. Tamburrini era arquero de Almagro y estudiaba filosof√≠a cuando lo secuestr√≥ un grupo de tareas de la Fuerza A√©rea en 1977. Fue trasladado a la Mansi√≥n Ser√©, hoy un centro recreativo y de memoria en Ituzaing√≥, provincia de Buenos Aires, desde donde escap√≥ –junto a otros tres compa√Īeros- desnudo mientras afuera una tormenta azotaba la ciudad y helic√≥pteros trataban de evitar la huida. El de Miguel S√°nchez tambi√©n es otro caso que a√ļn hoy se recuerda gracias a “La Carrera de Miguel”, que a√Īo a a√Īo se celebra en Argentina y en Italia. Era un maratonista y fue secuestrado en su casa de Berazategui en 1978. Su detenci√≥n se produjo en el Centro Clandestino El Vesubio, de La Tablada, donde estuvieron al menos 400 personas.

As√≠, con secuestrados por todo el pa√≠s, en junio del 78 los argentinos que pod√≠an caminar sin preocupaciones por la calle se sentaban en un sill√≥n para ver los partidos del Mundial, ese en el que la dictadura gast√≥ 700 millones de d√≥lares, una cifra sideral y envuelta de corrupci√≥n. Lo primero en crearse fue el Ente Aut√°rquico Mundial 78 (EAM 78), que les facilitaba a los militares el control absoluto del torneo. El primer presidente fue el general Omar Actis, del Ej√©rcito y enfrentado con Carlos Lacoste –un √≠ntimo de Emilio Massera, de la Armada e integrante de la Junta-. Fue Lacoste quien finalmente termin√≥ controlando el EAM 78 ante la sospechosa y nunca esclarecida muerte de Actis en 1976, en un hecho que se trat√≥ de atribuir oficialmente a la guerrilla pero sobre el que siempre sobrevol√≥ la sombra de Massera. Eso favoreci√≥ el gasto millonario en el que se incluy√≥ la remodelaci√≥n total del edificio de ATC, con el declamado objetivo de garantizar la mejor calidad de transmisi√≥n, como tambi√©n la terminaci√≥n de los estadios de River, V√©lez y Central y la realizaci√≥n de los de C√≥rdoba, Mar del Plata y Mendoza.

Pero la corrupci√≥n de la Junta Militar no termin√≥ all√≠. Aunque nunca se pudo demostrar, la goleada 6-0 a Per√ļ en semifinales manch√≥ la historia de los mundiales de la FIFA. Tras el triunfo de Brasil (3-1 a Polonia), Argentina necesitaba m√°s de tres goles de diferencia para avanzar a la final, contra Holanda en el Monumental. Y en Rosario consigui√≥ goles de sobra. Ninguno de los jugadores peruanos admiti√≥ coimas, aunque s√≠ un hecho curioso: la intimidante aparici√≥n de Videla en el vestuario antes y despu√©s del partido. Un dato m√°s: 15 d√≠as despu√©s de aquel partido, el gobierno le otorg√≥ al pa√≠s vecino una donaci√≥n no reembolsable, algo tambi√©n documentado en La Historia Paralela.

Nadie pod√≠a negar que Argentina ten√≠a un seleccionado capaz de salir campe√≥n; muchos de sus jugadores, entre ellos Kempes, Bertoni, Fillol y Passarella, brillar√≠an luego en todo el mundo. Pero tambi√©n es clar√≠simo que ese Mundial le sirvi√≥ a la dictadura militar para que durante ese tiempo nadie hablara de otra cosa que no fuera de f√ļtbol. Y se convirti√≥ tambi√©n en uno de los cap√≠tulos de la historia m√°s oscura de Argentina. Esa que ni los gritos de esos goles hoy pueden acallar.



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