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"No hubo un muerto de casualidad"

DEPORTES.
Noticias.
Los dirigentes del club paulista, lejos de la autocrítica, afirmaron que los jugadores de Tigre no salieron a jugar el segundo tiempo de la final de la Copa Sudamericana no por inseguridad sino porque "estaban con la lengua afuera".
Verguenza.

Video.
13/12/12

De insólito a bochornoso pasando por vergonzoso. Así se pueden calificar a los escandalosos incidentes que sufrieron ayer los jugadores de Tigre en San Pablo, en la segunda final de la Copa Sudamericana, al término del primer tiempo, en las cercanías del vestuario visitante. Las denuncias que hicieron tanto el entrenador Néstor Gorosito, como el jefe de seguridad del plantel, Rubén Pasquini, fueron gravísimas. “Nos hicieron una emboscada en el vestuario y nos pegaron por todos lados. A Damián Albil le pusieron un revólver en el pecho. Fue una locura”, explicó Gorosito.

¿Qué fue lo que ocurrió? Al concluir el primer tiempo, Lucas Orban y Damián Albil fueron a increpar a Lucas Moura, manifestando que el delantero de San Pablo había “cargado” a sus rivales. De a poco se fue sumando el resto de los jugadores argentinos. Hubo forcejeos e insultos al por mayor. Luego de unos minutos de tensión, los futbolistas ingresaron al vestuario. Y ahí miembros de seguridad privada brasilera atacaron salvajemente a los argentinos y todo fue un caos. “Estaba todo preparado. En la antesala nos mataron a palos. Hasta con armas nos atacaron. Fue todo una vergüenza, desde el martes hasta hoy”, destacó Martín Galmarini en los micrófonos de Fox Sports.

La postal post encuentro fue muy gráfica. Las paredes del camarín que utilizó Tigre estaban pintadas de sangre. Fueron muchos los jugadores que sufrieron golpes por parte de los agentes de seguridad. “Nunca vi una cosa igual -destacó Rubén Pasquini, jefe de seguridad del plantel profesional-. Fue un caos. Nos pegaron de todos lados, con armas, palos y botellas. Varios jugadores sufrieron heridas: a Galmarini le pusieron puntos en el brazo, Gastón Díaz y Rubén Botta tiene cortes en el cuerpo”.

La cara de Pasquini reflejaba la brusquedad: su parietal derecho estaba hinchado y con una marca delatora, morada. Otro de los que sufrió duros golpes fue el ayudante de campo de Gorosito, Jorge Borrelli: “Fue increíble, nunca visto. No hubo un muerto de casualidad”, afirmó Borrelli, que tenía una mancha roja en la mejilla derecha de su rostro.

¿Fueron sólo los agentes de seguridad brasileña los que pegaron? Según sentenció Pasquini, también hubo directivos de San Pablo en medio de los disturbios. “Hay un tipo que ayer (por el martes) estuvo con nosotros comentándonos qué camisetas iba a utilizar San Pablo y esas cosas de protocolo. Zé Carlos, es el nombre. Ese mismo hombre estuvo en primera fila golpeando a todos los jugadores”, dijo el jefe de seguridad de Tigre.

El momento de mayor tensión, fue cuando al arquero Damián Albil le pusieron un arma en el pecho. “La pelea duró 15 minutos. Se arrimaron un montón de patovicas y comenzaron a atacarnos. En un momento determinado, veo que tengo un arma en el pecho”, relató Albil, que tenía la marca del revólver en el tórax. Luego, Tigre decidió no salir al segundo tiempo. Y la Confederación Sudamericana le dio la Copa al San Pablo, dando por terminado el partido.

Las autoridades del club anunciaron en la medianoche que harán la denuncia ante la Justicia de Brasil. Y el cónsul argentino Agustín Molina aseguró que se abrirá una investigación.

El escandaloso final fue un corolario de lo sucedido desde que Tigre pisó Brasil. El martes, las autoridades de San Pablo le impidieron a los dirigidos por Néstor Gorosito realizar el reconocimiento del campo del estadio Morumbí.

Sin embargo, la cuestión no terminó con ese episodio. Ayer, horas antes de comenzar el cotejo, el micro que transportaba a los argentinos fue apedreado en las adyacencias del Morumbí: varios de los cristales estallaron producto de las piedras. Y, antes de la final, cuando los futbolistas de Tigre se disponían a realizar la entrada en calor dentro del campo, se encontraron con la negativa del personal de seguridad. Esa fue la chispa que luego decantaría en fuego. Hubo discusiones fuertes entre los jugadores y los efectivos. Más tarde, los argentinos pudieron hacer los ejercicios al costado de un arco...

Todo fue una vergüenza. La ilusión por jugar por primera vez una final de Copa internacional concluyó con la barbarie más abyecta. Sucedió en Brasil. Y cerca de disputarse el Mundial de fútbol.

Etiquetas:
tigre

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