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Villa-Devoto

Fito Paez, Amores eternos.

ESPECTACULOS
Música.
A 20 años de “El amor después del amor”, el rosarino dio un emotivo recital, ante 35.000 fans, con los temas de aquel disco mítico.
Paez.

15/10/12

“Ya ha corrido mucha agua debajo de este puente/me ha sobrado y me ha faltado inspiración”. Poco había pasado de las 22.30 del sábado y de dos horas de concierto, y Fito Páez resumía buena parte de la historia que forjó desde que El amor después del amor salió a la luz, dos décadas atrás, y lo convirtió en uno de los músicos más populares de este lado del mundo. El prestigio venía de antes. De esas oscuras noches de la Ciudad de pobres corazones que una vez más volvió a retratar sobre el escenario, anteayer, con Charly García como aliado.

Y sí que es mucho lo que pasó desde aquel 1992, de pesos convertibles. Para todos. Para esos 35 mil que llegaron hasta el Planetario en busca de una señal que los conectara con aquellos tiempos; para esos músicos –Diego Olivero, Juan Absatz, Mariano Otero, Dizzy Espeche y Gastón Barenberg- encargados de poner en hora canciones escritas dos décadas atrás; y también para Páez, que les dio vida y alimentó, hasta convertirlas en habitantes del mundo de un par de generaciones.

Parejas, hijos, gobiernos, ilusiones, músicas, amores, fracasos, matrimonios, muertes, nacimientos, decepciones, lecturas, placeres, dolores. La vida. Veinte años es mucho tiempo de gente. Sin embargo, el rosarino advirtió que “hay cosas que nunca se van”, apenas terminó de cantar Pétalo de sal , a dúo con la voz de Luis Alberto Spinetta en off. Y, ¿quién se atreve a discutírselo?

Pues bien, en ese contraste entre el “times are changing” (los tiempos están cambiando) del final, y esa hora de música calcada de sus versiones originales, transcurrió un recital con sonido perfecto, músicos impecables y puesta tan sobria como acertada.

No hay comparación con aquellos Vélez del ’93, con un Fito con veleidades de rock star que parieron un opinólogo profesional de lo que fuera. Los tiempos cambiaron. Páez opina, pero no mezcla. El sábado, el festejo fue para todos. Desde el comienzo, con la colombiana Adriana Ferrer recreando los alaridos de Claudia Puyó –la gran ausente-, en el tema de apertura, hasta el cierre de buzos revoleados de A rodar la vida .

Con Fabiana Cantilo y Celeste Carballo reviviendo Dos días en la vida . Con Charly y Andrés Calamaro –actualizados- sumándole voces, desde la pantalla, a La rueda mágica . Con Fito más pianista que nunca en La Verónica , y ahorrándose el grito final de Tráfico por Katmandú . No hubo pretensiones retro. Hoy es hoy.

Pero, escuchar Sasha, Sissí y el círculo de baba , en vivo, después de un añejamiento de veinte años, fue un regalo. Como esa Balada de Donna Helena que sucedió a una Detrás del muro de los lamentos en la que Espeche se vistió de Lucho González por unos minutos, y Ferrer mostró su perfil más auténtico. O esa enorme canción que es Creo . Todo, no como veinte años atrás, sino veinte años después.

Y ahí, entre ellas, en el orden original del disco que marcó para siempre la trayectoria de Páez, Un vestido y un amor , la inmensa T umbas de la gloria y Brillante sobre el mic ; que esta vez quedaron fuera del Greatest Hits que el anfitrión incluyó en la segunda parte: Fue amor , Cable a tierra y Dale alegría a mi corazón a piano solo; y 11 y 6 , El diablo en tu corazón , Circo Beat , Naturaleza sangre , Al lado del camino , Polaroid de locura ordinaria y el combo Dar es dar y Mariposa Tecknicolor , para el final de la celebración. Felíz.

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