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Luis Miguel: el mexicano que sí triunfó en Las Vegas.

Luis Miguel: el mexicano que sí triunfó en Las Vegas.

Prescencia em los shows que el cantante dio el fin de semana en el Caesars Palace, muy cerca del lugar donde Maravilla Martínez le ganó a Julio César Chávez Jr. Un recital plagado de clásicos, que Luismi hará el mes próximo en la Argentina.


Luis Miguel


17/09/12
Por unas horas, el viernes, M√©xico invadi√≥ Las Vegas. O, por lo menos, ese pedacito de la ciudad del pecado en el que Luis Miguel -de 42 a√Īos- convoc√≥ a 4300 fans que colmaron la capacidad del Colosseum del Caesars Palace, en la segunda de las tres fechas con las que el The Hits Tour hace escala aqu√≠. Donde tampoco son pocos los argentinos que llegaron, saltando el cerco -digo, el cepo- para ver ganar a Sergio Maravilla Martinez y, de paso, cantar un rato con “el Rey” (con perd√≥n de Palito).
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Porque de eso se trata -y de esto ya hace tiempo-, en el caso de Luismi: de escucharlo, pero sobre todo, de mirarlo y acompa√Īarlo en su recorrido por canciones que marcaron buena parte de su y de sus vidas; la del cantante, y la de su p√ļblico. Que aqu√≠, como en Buenos Aires, muestra una apabullante mayor√≠a femenina. Mujeres de m√°s de cuatro d√©cadas enfundadas en vestidos ajustados hasta la asfixia; veintea√Īeras con brillos y lentejuelas a tono con los neones del casino, que funciona con absoluta indiferencia justo frente a la escalinata que conduce al lobby del auditorio; treinta√Īeras empe√Īadas en impedir que sus minis trepen sus piernas m√°s de lo sugerido por las buenas costumbres y se√Īoras por arriba de los 50, dispuestas para una noche de celebraci√≥n. Y, en desventaja num√©rica, ellos; de saco y sin corbata, de zapatos puntiagudos y con perfil de partenaire.

Entonces, alcanza con que el due√Īo de la noche -de traje negro, corbata al tono, camisa blanca y bronceado indoors - ponga en marcha su andanada de √©xitos, con Mujer de fuego , para que buena parte de la sala se convierta en coro espont√°neo; sobre todo, cuando lo que sigue es Suave , que hasta le sirve al vecino de butaca para cantarle a su chica, en ese marco de complicada intimidad, que siempre la so√Ī√≥ as√≠.

No importa que Luismi se tenga que esforzar por llegar a algunos lugares de la canci√≥n que antes le resultaban f√°cilmente accesibles. Ni que en muchos casos, los temas sean s√≥lo fragmentos enganchados. Ni que la figura torneada que alguna vez luci√≥, sea parte del pasado. Tampoco parece ser tan importante que el cuarteto de metales merezca especial atenci√≥n por precisi√≥n, intenci√≥n y swing. Lo que importa es disfrutar ese momento y ese espacio compartido con el hombre que grab√≥ esos discos que escucharon una y mil veces; que para eso est√°n. Mucho m√°s, cuando el cantante propone “celebrar el d√≠a de la Patria”, y el festejo de la independencia de M√©xico se muda al oasis que interrumpe el desierto de Nevada.

Y ah√≠ va la m√ļsica, en tiempo de bolero.

Contigo en la distancia y La mentira anteceden a No s√© t√ļ , convertida en un karaoke para nada barato; y le permite a Luismi descansar una voz que maneja y regula con oficio. “El mexicano nos cag√≥. Pagamos por cantar”, protesta otro vecino, con inconfundible acento argento. Pero no. En Por debajo de la mesa todo vuelve a la normalidad, mientras los aplausos a mitad de canci√≥n delatan que unas filas m√°s all√° acaba de formarse una pareja. Y, m√°s que nunca, queda claro por qu√© tanta incondicionalidad.

La cosa cambia con Bésame mucho , que deja de ser bolero para ganar en ritmo, y funcionar más en sintonía con el fraseo del cantante, que se desajusta la corbata mientras sus dos coristas se mueven con sensualidad, recortándose sobre el fondo rojo.

Entr√©gate regala un pasaje de im√°genes del Luis Miguel de a√Īos atr√°s. S√≥lo un pasaje; el necesario para ver con nitidez el paso del tiempo, antes de que La incondicional despierte m√°s adhesiones en la platea, y quede a punto caramelo para sacar a M√©xico del medio por un par de minutos, y dejar que Frank Sinatra, desde la pantalla, complete el dueto para Come Fly With Me . Al fin de cuentas, estamos en Las Vegas.

Pero Luismi sabe que, para standards, desde pasado ma√Īana ya estar√° Rod Stewart, sobre el mismo escenario. De modo que, de vuelta a lo suyo, con una retirada estrat√©gica y log√≠stica -para cambiar de camisa a negro, y dejar el saco para siempre-, le abre paso a una decena de mariachis (de Los Angeles) que pone al rojo vivo a una platea que, por primera vez, se pone de pie. Y que se quedar√° as√≠, para cantar casi a los gritos cada uno de los temas del bloque.

El Rey , Que seas feliz , Y , El viajero , Cielito lindo y un par de tradicionales mexicanos forman un combo que culminar√°, primero, con un “viva M√©xico” y un “viva Am√©rica” a repetici√≥n, mientras im√°genes de la selecci√≥n mexicana de f√ļtbol se alternan con la de -otra vez- su bandera. Y que terminar√°, mucho despu√©s del final del show, fuera de la sala, cuando un par de centenares de mexicanos ir√°n pasando del Cielito lindo a capella, a cantos de cancha de tono subido, ante la misma indiferencia de dos horas antes, de una multitud concentrada en depositar sus billetes en miles de maquinitas tragamonedas, mesas de p√≥ker, ruleta y black jack y otros juegos.

Pero antes, con los mariachis a√ļn en escena, y un vaquero haciendo malabares con su lazo detr√°s suyo, Luis Miguel canta, camina, se acerca al borde del escenario, recibe un collar de flores hawaiano, estrecha manos, manos y m√°s manos, canta, desespera a los encargados del darle seguridad, pierde el collar, camina, reparte flores, canta, recibe otro collar, sigue cantando y sonr√≠e. Casi siempre, sonr√≠e, hasta que la etapa mexicana del recorrido llega a su fin.

Mirando alrededor, estoy seguro de que nadie se quejaría demasiado si se tratara del final, y de que cada uno de esos 4300 se irían con lo que vinieron a buscar al Caesars. Pero hay algo más.

Decídete es el comienzo del final. Y ya nadie se sienta.

Si no supiste amar propone un nuevo salto al pasado, que sigue con La chica del bikini azul , dejando en evidencia, una vez m√°s, eso de la sinton√≠a de algunas canciones con la vida. El √ļltimo mini tour vintage lo completan Isabel y Cuando calienta el sol . En el medio, Luismi tose. Hace rato que dej√≥ de dosificar su voz, con buen resultado. Y se va; para regresar una vez m√°s, a cerrar su show con la todav√≠a casi nueva Labios de miel . En minutos, al comp√°s de los acomodadores, la invasi√≥n es s√≥lo parte de la memoria.



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