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Marco Antonio Sol√≠s “No hago m√ļsica de laboratorio”

Marco Antonio Sol√≠s “No hago m√ļsica de laboratorio”.

Lanz√≥ su nuevo CD y DVD, “Una noche de luna”, y aqu√≠ cuenta c√≥mo compone sus temas. Adem√°s, habla de su pasado como ilegal en los Estados Unidos y de Diego Maradona.


Marco Antonio Solís.


10/07/12
Que cuando uno viaja, juran en estas latitudes, el cuerpo llega primero, y el alma, con retraso. Habr√° que atravesar Am√©rica, entonces, para fusionar, otra vez, alma y cuerpo y desentra√Īar el misterio de Marco Antonio Sol√≠s. Dicen desmesuradamente las chamacas del Distrito Federal que cuando √©l canta, el √≥rgano m√°s grande del cuerpo, la piel, se les vuelve de la textura de un erizo. Que en los Estados Unidos se tararean sus versos m√°s all√° de los clanes latinos, a√ļn cuando miles no saben una migaja de castellano. En la Argentina, en 2010, debi√≥ girar durante un mes para saciar la demanda, y se despach√≥ con siete Luna Park. Tal vez sea esa estampa de Jesucristo, ese halo de misterio a lo Sandro o ese color de voz a lo Roberto Carlos. O quiz√° sea simplemente eso que √©l pregona orgulloso: “No hago m√ļsica de laboratorio”.
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De “chavo”, las canciones que lo arropaban sal√≠an de la boca del santiague√Īo Leo Dan. De adolescente, fue un “espalda mojada” –o en verdad un “alambrero”- que alguna vez salt√≥ ilegalmente el cerco de los Estados Unidos. Su brinco result√≥ tan alto que lleg√≥ a una estrella: la del Paseo de la Fama de Hollywood que lleva su nombre. A los 13 a√Īos, fund√≥ la que los mexicanos consideran “banda m√°s famosa de la historia grupera”. Hoy, sus rancheras se escuchan en la faringe de otros, en formato reggaetton y hasta en la cadencia de tribus musicales del estilo de los Wachiturros.

De sus 52 a√Īos, pas√≥ cuatro d√©cadas guitarreando para el p√ļblico. El poder de su copla trascendi√≥ la m√ļsica y desperdig√≥ un mito urbano: que estuvo en la c√°rcel tras asesinar a una mujer. Entre los periodistas de M√©xico, eso aparenta ser un tab√ļ. “No se pregunta”, advierten con el √≠ndice en altura. No hay peor motor para un periodista que una prohibici√≥n en su cuestionario. Marco Antonio, ¿le gustar√≠a aclarar esa creencia popular? Ojos abiertos de pez. El hombre lanza una carcajada que devuelve el alma a los cuerpos de su s√©quito. “Por Dios, f√≠jate la fuerza de la rumorolog√≠a ” (ver ” Yo no asesin√© a nadie” ).

El escenario de la entrevista -con la excusa de su nuevo disco y DVD, Una noche de luna - es en un hotel de la arbolad√≠sima zona de Polanco. En √©pocas en que los argentinos sue√Īan en verde y hasta en blue, aqu√≠ no se aceptan d√≥lares “bajo ninguna circunstancia”. Si Marc Aug√© hablaba de los hoteles como “no lugares”, de esos puntos de tr√°nsito, de anonimato, despersonalizados, la esposa de Sol√≠s, una Barbie amabil√≠sima, se encarga de volver el no lugar en c√°lido lugar, e invita un caf√©.

“El Buki” visit√≥ el pa√≠s por primera vez en los ‘80 y demor√≥ d√©cadas en dar en la tecla para seducir a este p√ļblico. “Recuerdo que hice varias entrevistas en emisoras chiquitas y fue un trabajo de hormiga. Despu√©s fue La Movida de Juan Alberto Mateyko la que me ayud√≥ mucho. El me llev√≥ a Mar del Plata, y eso fue lo primero que hice en televisi√≥n. Fue tan amable que como yo era un desconocido me hizo cantar con Palito Ortega.

¿El otro “padrino” argentino fue Maradona?
Exacto. Una vez, en el Luna Park, como a la cuarta canci√≥n, lo descubr√≠ entre el p√ļblico y me emocion√©. En el camerino fueron halagadoras sus palabras. Me dijo que cuando estaba en Cuba encontr√≥ algo en mi m√ļsica. Tuvo el detalle de regalarme un reloj, que uso. Eso despert√≥ un inter√©s en la gente en la Argentina: ¿Con qui√©n cant√≥ Maradona? , se preguntaban. Y el hecho fue mencionado a nivel internacional.

Creci√≥ en el “rom√°ntico pueblo” de Ario de los Rosales, en Michoac√°n, en una casa con seis hermanos. Cantaba en iglesias y fantaseaba con el sacerdocio hasta que en alguna kermesse el pueblo lo aplaudi√≥ tan fuerte que le dio las agallas suficientes como para fundar Los Bukis junto a un primo. Su padre tomaba alcohol, el comercio familiar se fue a la quiebra, y sobrevino el tiempo en que “la familia lo perdi√≥ todo”. El b√°lsamo, claro, era cantar: “Yo cantaba y no me daba cuenta de la vida. Ya lo tra√≠a yo eso del canto conmigo. Nadie me lo ense√Ī√≥”.

Usted escribe desde los 12 a√Īos. Se dice que para escribir y componer hay que haber vivido mucho. ¿De d√≥nde cree que sacaba todo aquello que escrib√≠a?
A los 12, me acech√≥ la inspiraci√≥n y me di cuenta de que yo funcionaba en soledad. Me aislaba de la gente para escribir, y eso explor√©. Me siento afortunado de poder construir. O m√°s bien de captar. Yo digo que ya est√°n las canciones, que yo recibo y las pongo en papel. Con las melod√≠as, me pasa lo mismo. Me pregunto, ¿C√≥mo es que las escucho si no existen? ¿O sea que considera la creaci√≥n desde el plano de lo sagrado?
Sí. Hay algo que no puedo describir. Tengo una antena receptora.

Pese al idioma, lo emparentan mucho con Roberto Carlos. ¿Siente parecida su obra y la de √©l?
S√≠. En la sensibilidad. Tengo influencias suyas en el romanticismo. Y quiero armar un d√ļo alguna vez. Pienso que se va a dar.

Tambi√©n se lo emparenta con la imagen de Jes√ļs, y de hecho en su DVD sobrevuela todo el tiempo esa idea...

No estoy a la altura de él, pero es halagador que digan eso. Quizá lo relacionan por mi espiritualidad y mi look. Es bueno tenerlo presente ahora que nos hace tanta falta. Pero todo se da de manera natural, no lo programo. Yo no predico en mis canciones.

En un sector de los Estados Unidos est√° bien considerado y, curiosamente, usted tuvo un pasado como ilegal all√°. ¿Sufri√≥ antes la discriminaci√≥n como latino?
Jamás. Pero sé que desgraciadamente a mucha gente le pasa. Y que la discriminación se ha acentuado. Yo crucé un alambre que estaba en las contras de Tijuana junto con otros cuatro muchachos. Eramos jóvenes de aventura y sin miedo. Después pude arreglar el tema legal.

Tiene un p√ļblico interesante en los Estados Unidos. ¿Pens√≥ en cantar en ingl√©s?
Eventualmente quiz√° lo tenga que hacer, pero no me siento todav√≠a c√≥modo con el idioma. Tengo mucho p√ļblico americano que no entiende la letra, y me interesar√≠a poder cantar en su lengua alg√ļn d√≠a. Ser√≠a dif√≠cil en mi estilo. All√° todo lo que se hace es de laboratorio.

¿No quiere contaminarse de tanto pop?
La idea es que contin√ļe la esencia de mi pa√≠s, seguir resaltando la ranchera. Pero, a la vez, poder exportar a trav√©s de otros elementos que le den entrada a los o√≠dos de la juventud...

Entonces no le debe molestar escuchar sus temas en reggaetón...

Llegu√© un d√≠a a Rep√ļblica Dominicana y escuch√© mis temas en versi√≥n merengue y bachata. Me gusta poder volar en diferentes voces y sensibilidades. Finalmente, una canci√≥n es de todos y llega de muchas formas. Para hacer una canci√≥n no se puede pensar y eso me recuerda a la infancia. Es como cuando uno jugaba: si piensas, pierdes.

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