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Dady Brieva: Nacional y popular

Dady Brieva: Nacional y popular.

El c√≥mico elige “El padrino” y, despu√©s, todo argentino: Mores, Tinelli, Tato Pavlovsky y Enrique Medina.


Brieva.


18/06/12
No es original Dady Brieva cuando se describe como un “cronista de una √©poca que no ten√≠a registro”. “Siempre digo que tengo grabada la ecograf√≠a tridimensional de mi hijo, pero no tengo la voz de mi pap√°, porque no la tengo grabada”, agrega. “Siempre” lo dice, cuenta. Y explica que de ah√≠, de esa condici√≥n de relator de la cotidianidad nacen las historias que cuenta.
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Que construye con “fotos, olores y sensaciones de una √©poca en la que fuimos felices con nada”. Postales de barrio, que reivindica hasta en esos gestos de creer cuando conviene, que tan bien ilustra con la √ļltima escena de El padrino, “cuando Michael le dice a Kay que no se meta con su trabajo; y ella, con su asentimiento, le hace la √ļltima pregunta: ¿Mataste a tu cu√Īado? Y el lo mira y le dice: No. Y se abrazan.” “Esa cosa de tengo los aros, la bombacha y el forro que utilizaste con la mina que me corneaste. Pero, decime vos, ¿te la volteaste o no te la volteaste? Y el marido que dice: No. Esas cosas de no creer, tan de mi √©poca, de mi familia, de mi barrio. De convivir con la vida. Con los diablos y los √°ngeles. Est√° bueno.”

La película

El padrino (1972)
De Francis Ford Coppola

“La vi 750 mil veces. Es como Las Veinte Verdades Peronistas. Es como una biblia, para los tipos de mi generaci√≥n, con frases que te sirven para la vida. El cegarte nubla tu raz√≥n; que tu enemigo nunca sepa si est√°s enojado; o como la de Scarface: No te drogues con lo que vend√©s. Todas esas frases forman parte de mi vida. Mis amigos lo saben, y en cada cumple me regalan la colecci√≥n completa. Conozco la pel√≠cula, s√© c√≥mo se hizo, cu√°ndo se dio. Me emociono cada vez que la veo y repito todos los di√°logos, porque ya me la s√© de memoria.”

La canción

Tanguera (1957)
De Mariano Mores


“Yo era primer hijo, y mientras mi mam√° planchaba, yo jugaba con un autito; y en la tele hab√≠a una novela con Mar√≠a Vaner y Alberto Argibay, cuyo leit motiv musical era esta canci√≥n. Que tambi√©n la us√≥ Leonardo Favio en Gatica y en Sinfon√≠a de un sentimiento. Como yo, que la pongo, y me lleva a lugares en los que yo quiero estar. Me modifica, me ayuda a crear, y es parte de cada espect√°culo que hago.”

El programa de televisión
ShowMatch (2005 – presente)
Por El Trece

“Soy bien peronista. Lo elijo porque s√≠. Adem√°s, admiro mucho lo que hace Marcelo. Siempre digo que desde el under todos somos dignos. Cuando hac√≠amos teatro, al comienzo, recuerdo que dec√≠amos que Dar√≠o Vittori, o tipos como (Jorge) Porcel, eran unos hijos de puta. Durante mucho tiempo pens√© as√≠, como un pelotudo; hasta que despu√©s, cuando me profesionalic√©, entend√≠ que cuando te dan la gorra ten√©s que ser digno. Cuando ten√©s el poder, ten√©s que ser digno. Y surfear esa ola, en la cresta. Ah√≠ es donde se ven los guapos. Trabajando en el (Centro Cultural) Rojas, todos somos guapos y tenemos dignidad. Otra cosa es cuando te dan presupuesto y poder.Y en el caso de Marcelo, de quien no soy amigo, a cuyo programa voy gratis porque me vende el teatro, valoro el asesino profesional. Valoro el tipo que, en su esencia, es consecuente con lo que hace y piensa. Hasta, por ah√≠, valoro la dignidad del enemigo mucho m√°s que la de muchos de mis amigos. A√ļn no compartiendo algunas cosas, digo: ‘Muy bien, no te tiembla el pulso. Vas adonde ten√©s que ir. Si ten√©s que llorar, llor√°s. Hac√©s todos los deberes.’

Y visto así, Showmatch es el show del prime time para el tipo que sale de laburar, llega a la casa y el hijo está haciendo la tarea, la mujer le mete la milanesa, y se toma el vino mientras ve cómo Marcelo le corta la bombachita a Evangelina Anderson; y la gente baila; y tiene una enana, y se mezcla todo. Es un show interesante para un laburante argentino. El día en que el laburante mire canal Encuentro vamos a estar hablando de otro país, que vota a otra gente. Ahora tenemos esto.

No est√° bien ni mal. Pero si med√≠s, ten√©s que medir con la misma vara el f√ļtbol, la seguridad y todo. Porque si vas a medir √ļnicamente lo que hace √©l, y despu√©s dej√°s que te entre agua por la inundaci√≥n, no ser√≠a justo. Si no mido todo lo otro, tampoco voy a medir esto.

Sobre todo, porque lo hace en un canal que no lo siente como propio; y nunca lo va a sentir. Es como (Carlos) Monz√≥n, cuando iba a Francia. Se sentaba con Carolina de Monaco, pero nunca iba a pertenecer al jet set. As√≠, para el El Trece, Marcelo siempre va a ser grasa. Porque El Trece es Mujeres asesinas. Mir√° que trabaj√© ah√≠, que soy consciente de lo que estoy diciendo, porque s√© que est√°s grabando y no soy ning√ļn boludo. Pero lo digo para que quede. A un tipo que lucha contra todo eso, y la gana; y que podr√≠a estar trabajando en Telefe y no lo est√°, le digo: ‘Vamos Marcelo’. Y te puedo asegurar que no cruzo dos palabras con √©l. Pero estoy podrido de declarar de una manera, y pensar de otra. Estoy podrido de decir que me gusta Mujeres asesinas y poner a Marcelo cuando llego a casa. Porque, al final, es como pasaba con Agrandadytos. Todos me dec√≠an que era b√°rbaro, pero nunca super√≥ los 16 puntos.

La obra de teatro

El se√Īor Gal√≠ndez (1973)
De Eduardo “Tato” Pavlovsky

“La elijo por lo que signific√≥ en mi vida, en la √©poca del Teatro Abierto, de la militancia, que es algo de lo que he hablado en m√°s de una ocasi√≥n, pero con lo que nunca hice marketing. Pero, a m√≠ me dan los n√ļmeros. Yo s√© de lo que hablo, cuando hablo. Te puedo mirar a los ojos y decirte lugares y fechas. No todos pueden hacer lo mismo. El vago que estuvo en cana, no anda haciendo ostentaci√≥n. Porque, en realidad, la cana no es algo para andar cont√°ndola. Y la militancia, en mi √©poca, era tan obvia, tan cotidiana -como lavarse los dientes-, que no es algo para ostentar. Si vos no eras militante, no te levantabas una mina, no la pon√≠as, no hac√≠as nada. Yo lo digo en un mon√≥logo. Los intelectuales, los inteligentes y los pelotudos, est√°bamos todos tratando de cambiar el mundo.

Justamente, en coincidencia con esa √©poca, en el ’73, yo empec√© a hacer teatro en Santa Fe. Bertolt Brecht, Tenesee Williams; con la impronta del interior, claro. Se hac√≠a como sal√≠a, como se pod√≠a, con lo que hab√≠a. Era una √©poca en la que no se viajaba. En la que, en la Asociaci√≥n Argentina de Actores de Santa Fe, donde √©ramos como 300, sorte√°bamos un par de viajes a Buenos Aires, ven√≠an dos vagos –recuerdo que alguna vez vino Mary Canca-, y cuando llegaban ac√° como Rosa de Lejos, hac√≠an maratones de ver teatro y se volv√≠an. Entonces nos junt√°bamos todos, y nos contaban lo que hab√≠an visto. Nos contaban que estaba Carlos Carella, Tato Pavlovsky, que hab√≠an visto a ‘la que trabajaba en el Clan Stivel’. Para nosotros era como ir al Central Park y cruzarte con Yoko Ono. En ese contexto vi la obra, en Santa Fe, interpretada por dos rosarinos. Nunca vi la versi√≥n original, pero ya entonces sab√≠a que hacerla era como jugar en el Barsa.”

El libro
Las muecas del miedo (1981)

De Enrique Medina
“Lo s√≥rdido de Medina me atrapa. Si bien es muy fatalista –yo no lo soy tanto-, su manera de escribir y de comunicarse con la gente es igual a la m√≠a. Si yo hubiese sido escritor, me habr√≠a gustado comunicarme de esa manera. O, m√°s bien, no habr√≠a tenido otra manera de comunicarme.”

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