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Mercedes Mor√°n: "Yo no soy la m√°s feliz del condado"

Mercedes Mor√°n: "Yo no soy la m√°s feliz del condado".


Entrevista. Multifac√©tica. La actriz de “El hombre de tu vida” ma√Īana estrena “Buena gente”, con Gustavo Garz√≥n. Aqu√≠, habla de su tenacidad para buscar la alegr√≠a, sus miedos, sus creencias y su oficio.



Mercedes Moran.



7/05/12
Me gustan los personajes de antih√©roes, porque, a m√≠, encarnarlos me humaniza y a los espectadores, que sienten empat√≠a o piedad por ellos, los vuelve mejores personas”, dice Mercedes Mor√°n, que ser√° Margarita, el personaje central de Buena gente , la obra que ma√Īana estrena en el teatro Liceo.
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Margarita vive en un barrio humilde, tiene grandes problemas econ√≥micos, se queda sin trabajo, y busca una salida en el pasado: recurre a Juan (Gustavo Garz√≥n), su novio de la adolescencia, que dej√≥ el barrio, fue a la universidad y se recibi√≥ de m√©dico. “Ella tiene heridas sin cerrar; √©l, la culpa de haber podido zafar -explica Mor√°n-. Es una historia de amor y de desencuentro de personajes que son gente con buenas intenciones, pero todos equivocados. La vida de ella est√° signada por una decisi√≥n que tom√≥ a los 17 a√Īos, y con la que todav√≠a carga”.

A diferencia de su personaje, a Mor√°n se la ve s√≥lidamente instalada en el presente. Tanto, que seg√ļn ha declarado en varias ocasiones, ni siquiera se plantea el recurso de la cirug√≠a est√©tica como intento de ocultar el paso del tiempo en el aspecto f√≠sico.

¿C√≥mo aprendiste a aceptar con serenidad el paso de los a√Īos? No, yo no tengo nada aprendido. Cuando me miro al espejo, no siempre me gusto. O peor, casi nunca me gusto. Pero me asusta m√°s ver una cara que no parezca m√≠a que ver c√≥mo los a√Īos se instalan en mi cara y mi cuerpo, y c√≥mo van dejando sus huellas. Cuando pensamos en el paso del tiempo, la primera lectura que hacemos es est√©tica, pero creo que lo que nos asusta profundamente es que el paso del tiempo nos conecta con el hecho de acercarnos a la muerte. Y eso tambi√©n es una lucha est√©ril, porque la cercan√≠a o lejan√≠a de la muerte no la marca tu aspecto.

¿Y qu√© se hace frente a eso? Yo creo, como Woody Allen, que todo lo que hacemos en la vida, desde filmar una pel√≠cula a formar una familia, lo hacemos para entretenernos y no pensar en la muerte; para distraernos. Pero es dif√≠cil... El mayor riesgo es perder el sentido: decir “¿para qu√© hago todo esto si...?”. Pero quiero creer que el paso del tiempo no s√≥lo es proveedor de arrugas sino que tambi√©n aporta sabidur√≠a, experiencia. Me parece que tanto en la primera infancia como cuando ya sos mayor, empieza a aparecer algo que tiene que ver con la sabidur√≠a. Ese algo es una actitud, una manera de vivir sin tanta pretensi√≥n.

¿Sent√≠s la tentaci√≥n de transmitirles esa sabidur√≠a a tus hijas? La tentaci√≥n de querer transmitirles algo que les evite cualquier sufrimiento es imposible de corregir. Pero estoy convencida de que estas cosas son intransferibles, que lo √ļnico que puede imprimirse un poco en la vida de nuestros hijos es la actitud que uno tiene para con su propia vida. Yo, sinceramente, no recuerdo qu√© consejos me dieron mis viejos, pero la referencia que tomo de ellos es lo han hecho con sus vidas.

¿Tus pap√°s viven? S√≠, los dos.

¿Qu√© admir√°s de ellos? Antes que nada, la longevidad que tienen: mi pap√° cumpli√≥ 97 a√Īos. Admiro su empecinamiento por hacer de su vida algo que sirva.

Tu papá militó en política...

Sí, fue diputado cuando yo era muy chica. Ahora, está tranquilo, satisfecho con lo que hizo. Eso es un capital enorme. Yo vi a mis padres procurándose las cosas que creían que les iban a dar satisfacción, y equivocándose muy poco en ese sentido. Eso es importante, porque uno puede pasar toda su vida procurándose algo que cree que le va a dar satisfacción, y enterase, después, de que eso no era portador de felicidad.

¿Qu√© buscaban tus padres? Creo que buscaban estar tranquilos con su conciencia. Cada uno a su manera: mi madre, desde una moral m√°s religiosa; y mi padre, desde el ate√≠smo.

¿Tu mam√° te transmiti√≥ su fe? S√≠, yo tuve fe religiosa durante un tiempo. Ahora ya no me considero una persona religiosa sino espiritual: no creo en las instituciones que se apropian de una creencia y convocan fieles, pero estoy convencida de que no somos s√≥lo lo que vemos. Siento, de manera bien concreta, que hay algo que me acompa√Īa, que me gu√≠a, que me ilumina. Lo percibo claramente, y tambi√©n percibo el estado de soledad, pese a estar acompa√Īad√≠sima. Esta contradicci√≥n la he percibido siempre. A los 10 a√Īos, mi educaci√≥n cat√≥lica me hac√≠a darle un nombre. Despu√©s, pas√© por todas las instancias: fui agn√≥stica, atea... Mis hijas mayores dan cuenta de todas mis etapas, porque yo iba respondiendo a sus preguntas seg√ļn lo que cre√≠a en cada momento. Yo fui cambiando. Hay gente que se siente orgullosa de pensar lo mismo hoy que hace 25 a√Īos. Para m√≠, la vida es cambio. Yo me siento orgullosa de haber cambiado conceptos y derribado prejuicios.

¿C√≥mo lograste revisar tus conceptos y cambiarlos? Lo que me ayuda es no abandonar la b√ļsqueda de la felicidad, de la alegr√≠a. Yo, como todas las personas, tengo mucho miedo a las enfermedades. Mucho. Y √ļltimamente, m√°s. Y soy una convencida de que la enfermedad est√° ligada a la infelicidad. Entonces, he buscado incansablemente sentirme bien. No tengo capacidad para padecer mucho. Entonces, cuando me siento triste o insatisfecha, me obligo a pensar. Y nunca pienso en t√©rminos de victimizaci√≥n ni de culpa, sino en t√©rminos de responsabilidad, porque creo que somos responsables de los estados de √°nimo que tenemos.

¿La felicidad es un destino o algo que podemos buscar? Yo creo que la felicidad se revela a partir de la actitud que uno tiene. A todas nos pasa que hay d√≠as en los que no sucede nada diferente de lo que suele ocurrir, y estamos bien, mientras que otros d√≠as, pasa exactamente lo mismo, y nos sentimos mal. Todo depende de una manera de mirar. Y yo, que digo esto, no estoy exenta de nada: paso d√≠as horribles, pierdo el sentido... Pero as√≠ y todo, lo que puedo reconocer en m√≠ es una b√ļsqueda incansable del bienestar.

¿Podr√≠as ser feliz si no trabajaras como actriz? Absolutamente. Hay, por lo menos, seis o siete cosas que podr√≠a hacer con felicitad: jardiner√≠a, escribir, decorar casas, poner una veterinaria, trabajar en producci√≥n o en vestuario o hacer casting... En realidad, cuando ves gente que est√° contenta con lo que hace, te das cuenta de que no es la tarea lo que les da felicidad, que el entusiasmo sale de otro lado. En el lugar donde est√°n internados mis padres, veo enfermeros cuya tarea es muy dura, pero algunos la padecen, y otros, no. Se trata de hacer algo que te permita encontrar el sentido de las cosas y olvidar lo que te asusta; algo que te entretenga. Hay profesiones que son maravillosas en el ideal de la gente, y en las que, sin embargo, hay muchos que llevan vidas muy desgraciadas. Yo no soy la m√°s feliz del condado, yo peleo mucho con la p√©rdida del sentido, con la nostalgia, con el miedo. Pero en los momentos en los que llego a estar contenta, tengo muy claro que esa felicidad no tiene que ver con el √©xito ni con lo material ni con ejercer determinada profesi√≥n.

Roxy, de “Gasoleros”, fue el personaje que te lanz√≥ a la popularidad. ¿Temiste quedar pegada a ella? ¿Terminaste odi√°ndola? Odi√°ndola, no. Pero siempre me preocup√≥ quedar pegada a ella, e hice determinadas estrategias para no correr ese riesgo. As√≠, cuando termin√© de interpretar ese personaje, en vez de trabajar en la tira del a√Īo siguiente, me fui a Salta, a filmar La ci√©naga , con Lucrecia Martel, que no era la cineasta que es hoy sino una directora que afrontaba su opera prima.

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