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Hugo Varela: “Siempre me sent√≠ un pibe distinto”

Hugo Varela: “Siempre me sent√≠ un pibe distinto”.

Cuenta que cuando sus amigos jugaban al f√ļtbol, √©l prefer√≠a armar t√≠teres. Y dice que “era el c√≥mico del grupo”. Se prob√≥ en arquitectura, pero luego le sac√≥ punta al humor. Y a los sonidos: de todo hace un instrumento.


Hugo Varela.


19/05/12
Cordobés y humorista. Combinación semántica que llevaría a más de uno -a más de uno de los que no lo conocen, claro- a una conclusión equivocada. No es de los que se suben a una palabra para usarla de disparador de un chiste temático, tipo suegras , borrachos, superhéroes.
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Hugo Varela parece venir de otro molde. Es como si la comicidad se le fuera cayendo al andar, al decir, al mirar. Al cantar. Mezcla arm√≥nica de m√ļsico y gracioso, es capaz de tallar un instrumento sobre lo que uno menos imagine. Ahora, por caso, acaba de fabricar un contrabajo con un lavarropas en desuso (ver El instrumento ). En su casa sobran los ejemplos y, en esa misma casa, el due√Īo se sincera: “Siempre me sent√≠ un pibe distinto”.

El pibe ha crecido -”digamos que tengo m√°s de 50 a√Īos”- y la diferencia con el pelot√≥n se sigue notando. El toca una guitarra enorme, que est√° en un rinc√≥n de su refugio de la Paternal, construida con maderas de un viejo piso. Y cuando la rasguea, suena de maravillas. Y mientras toca, improvisa una humorada. Como cuando la amable se√Īora que trabaja en la casa asoma con torta de manzanas y mermelada reci√©n horneada: “Que no quede precedente de esto, por favor, porque despu√©s van a querer venir todos los d√≠as y van a organizar falsas notas s√≥lo para comer aqu√≠”.

Hermoso lugar, por otra parte, para volver: tras la puerta, un jard√≠n con horno de barro y parrilla. Luego, la vivienda, con una cocina vidriada, un living amplio, un escenario “para que toquen los amigos”, arriba los cuartos y en el fondo, tras una red que divide pero permite espiar, est√° su b√ļnker, el taller. En ese espacio conceptual, que ha montado en cada sitio donde ha vivido, fue form√°ndose el artista que anoche estren√≥ 33 son mejores, treinta y tres a√Īos que dan risa , el espect√°culo que durante tres semanas presentar√° en el Astral, de jueves a domingo. Cada noche tendr√° un invitado diferente, que es una manera de reflejar su ecl√©ctico abanico art√≠stico: subir√°n a ese escenario, desde el Puma Goity a Sandra Mihanovich, pasando por Jorge Navarro y Paz Mart√≠nez, entre otros.

“Llevo una vida, como se dice com√ļnmente, dedicada a esto, pero nunca supe muy bien de d√≥nde me ven√≠a el humor… Yo era un chico introvertido, me pasaba horas dibujando, tocando la guitarra o fabricando cosas. Y mientras mis amigos jugaban a la pelota, yo armaba t√≠teres, unos personajes medio deformes”, recuerda con timidez. Y entiende, mientras repasa su historia, que “en mi barrita yo era el que provocaba la gracia. Pero lo hac√≠a sin propon√©rmelo. Tal vez, como no era bueno para el f√ļtbol, me dejaba ver por el lado del humor. En el colegio era el c√≥mico del grupo y era el alumno que hac√≠a las cl√°sicas imitaciones de los profesores”.

Rodeado de instrumentos -convencionales y no tanto- y de objetos a los que quiz√°s √©l s√≥lo sea capaz de robarles sonidos, reconoce que “tom√© conciencia de ese rol de c√≥mico mucho tiempo despu√©s. Volviendo a C√≥rdoba -naci√≥ en la capital serrana y creci√≥ cerca de all√≠, en la ciudad de San Francisco- y reencontr√°ndome con esos viejos personajes. Percib√≠ que me ubicaban como el tipo que los hac√≠a re√≠r, pero para m√≠ era una cosa normal, como natural”.

Hijo de una profesora superior de Bellas Artes -su incondicional fan de 95 a√Īos-, impulsado por su pasi√≥n por el dibujo “empec√© a estudiar arquitectura. Luego me met√≠ con el teatro, de ah√≠ deriv√© hacia el mimo, la pantomima, me form√© unos a√Īos en esas cosas y termin√© largando la facultad. Al tiempito me junt√© con unos amigos m√ļsicos, abrimos un boliche en Villa Gesell, una especie de pe√Īa rar√≠sima, El grillo af√≥nico . Era un lugar abierto para el que supiera y quisiera hacer algo. Ah√≠ empec√© con esto de hacer juegos con la gente, de combinar m√ļsica y humor. Y cuando Los grillos -as√≠ se llamaba su grupo- se desarm√≥, me mand√© solo”.

Su camino en los medios se abri√≥ con Domingos para la juventud , sigui√≥ con De lo nuestro con humor (“un ciclo folcl√≥rico en Canal 11, en el que yo hac√≠a cosas muy surrealistas”) y “m√°s adelante lleg√≥ Bad√≠a y compa√Ī√≠a … Si hubo un personaje fundamental en mi desarrollo √©se fue (Juan Alberto) Bad√≠a. Todos los s√°bados me desafiaba a construir un instrumento distinto, a partir de una manguera, una madera o lo que fuera, que deb√≠a llevar terminado la semana siguiente. Esa fue una gran etapa”.

Hubo varias etapas en el andar de este hombre que hace las cosas como quien silba bajito. “De chico me dec√≠an que deb√≠a hacer algo serio, que el resto eran pavadas. Que la arquitectura era seria, lo dem√°s eran pavadas. Hasta que un d√≠a me di cuenta de que las pavadas que hac√≠a eran, en realidad, mi eje. Y me jugu√©”. Y jug√≥ seriamente, como se lo ped√≠an de pibe.

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