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Morrissey, el eterno inconformista.

Morrissey, el eterno inconformistaCompartir
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El británico pidió terminar con la matanza de animales y volvió a atacar a la realeza y al gobierno de su país: "Todos sabemos que las Malvinas son argentinas". Carisma y una aplastante solidez musical compensaron un show con altibajos y una puesta en escena austera.
Tras su paso por Mendoza, C√≥rdoba y Rosario, Morrissey se present√≥ anoche en el club GEBA de Palermo ante m√°s de 15 mil espectadores en un show desparejo, donde la solidez de su interpretaci√≥n y la de sus m√ļsicos contrast√≥ con una desbalanceada lista de temas, una puesta en escena pobre y una performance un poco "a reglamento" de escasos 85 minutos.

El genial cantante oriundo de Manchester arranc√≥ su tercera presentaci√≥n en Buenos Aires -ya hab√≠a estado en 2000 y 2004- tirando toda la carne al asador con cinco temas cl√°sicos de su repertorio, tanto de su carrera solista como de su √©poca al frente de The Smiths. "First of the gang to die", "You've killed me", "You're the one for me, Fatty", la desmesura rom√°ntica de "There is a light that never goes out" y la formidable oda a la melancol√≠a apocal√≠ptica de "Everyday is like Sunday", en r√°pida sucesi√≥n, levantaron el √°nimo de sus muchos fan√°ticos locales que cantaron cada estrofa con vehemencia. Media hora so√Īada que promet√≠a una presentaci√≥n memorable.

Pero a partir de ah√≠ el show sufri√≥ un quiebre y la restante hora fue un descenso apenas detenido por los tambi√©n incombustibles "Let me kiss you", "Please, please, please let me get what I want" y "How soon is now", tema con el que se cerr√≥ el show, antes del √ļnico bis "One day goodbye will be farewell", en versi√≥n quejumbrosa y brillante.

Los baches se llenaron con canciones de su √ļltimo disco "Years of refusal", todav√≠a sin el status de sus √©xitos, y de sus trabajos anteriores como "I will see you in far-off places", "Alma matters", "Ouija board, ouija board" y "Black Cloud". La respuesta del p√ļblico no fue la misma y el √°nimo general merm√≥.

En √©pocas en las que lo visual tiende a predominar sobre lo musical -a veces directamente lo tapa o enmascara- es refrescante ver artistas que eligen puestas en escena austeras, permiti√©ndole a la m√ļsica retomar el rol central. Este no pareci√≥ ser el caso. La pobreza de ese escenario pelado, con unos simples juegos de luces y una inmutable foto duplicada -la de su √°lbum de grandes √©xitos, con un Morrissey de ojos cerrados y so√Īadores- proyectada sobre el fondo pareci√≥ deberse simplemente a una reducci√≥n de costos en el traslado de equipos.

Los m√°s petisos o quienes ten√≠an ubicaciones m√°s alejadas extra√Īaron alguna pantalla desde donde seguir los gestos del histri√≥nico cantante. Apenas sus tres cambios de camisa o los trenes iluminados que pasaban bordeando el estadio ofreci√°n alguna distracci√≥n a cierto tedio visual.

El √ļnico momento en que esta tendencia minimalista se quebr√≥ fue durante la interpretaci√≥n de "Meat is murder", su cl√°sico alegato contra la matanza de animales, cuando fue proyectado una suerte de documental con violentas e impactantes escenas de maltrato de aves y ganado.

Vegetariano militante y artista comprometido, Morrissey no le esconde el cuerpo a las pol√©micas ni a adoptar posturas que pueden granjearle incontables enemigos en su patria. Sobre el escenario sus m√ļsicos lucieron las remeras con la leyenda "Odiamos a Kate y William" -por la flamante pareja real brit√°nica- que ya hab√≠an usado en otras etapas de la gira.

No contento con esto, también repitió sus dichos sobre Malvinas. "No culpen a los británicos por lo que decide el gobierno porque el gobierno, los gobiernos, nunca escuchan a la gente", sostuvo. "Todos sabemos que las Malvinas son argentinas", cerró, ante el aplauso cerrado de la concurrencia.

Luego, en papel de proxeneta, presentó-vendió a los integrantes de su banda para aquellos que no se quisieran ir a dormir solos. "Agárrense los huevos y griten más duro para este hombre", lo anunció a su vez Gustavo Manzur, tecladista estadounidense de padres colombianos.

Morrissey, de 52 a√Īos, demostr√≥ que su capacidad esc√©nica no est√° en discusi√≥n, mucho menos su carisma, que ya ocupa proporciones m√≠ticas. Poeta del nihilismo y, a la vez, del amor tr√°gico e incomprendido, sabe conjugar como nadie ideas antag√≥nicas en sus letras, en su interpretaci√≥n y en su personalidad misma. Mitad sensible, mitad eg√≥latra; mitad ermita√Īo, mitad divo mundial; mitad mit√≥mano, mitad sincero; mitad omnipotente, mitad autodestructivo. Es esa dualidad de su persona la que hipnotiza, y sus efluvios parecen no perder efectividad, porque en ese p√ļblico heterog√©neo hab√≠a desde seguidores de la vieja guardia hasta j√≥venes que ni hab√≠an nacido cuando The Smiths abr√≠a la grieta fundacional del indie pop brit√°nico de los '80.

M√°s all√° de los vaivenes, la gente aplaudi√≥ y se fue contenta. Aunque varios tarareaban alg√ļn tema que se quedaron con ganas de escuchar. "Estas canciones son como pedazos de mi coraz√≥n", dijo Morrissey en medio de la noche. Esta vez decidi√≥ no entregarlos todos. Quien puede culparlo. 




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