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Villa-Devoto

Rodolfo Bebán y Alfredo Alcón.

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Reunión cumbre.

Entrevista. Juntos, en teatro Protagonizar√°n, desde el lunes 15, “Filosof√≠a de vida”, en el Metropolitan II. Hablan del placer de su oficio, del reencuentro, y de lo que la vida les ha ense√Īado.

La charla gira en torno a la experiencia o, si se prefiere, la vejez, porque despierta curiosidad c√≥mo se paran frente a una obra de teatro dos hombres, m√°s all√° de que se llamen Alfredo Alc√≥n y Rodolfo Beb√°n, a los 81 y 73 a√Īos, despu√©s de d√©cadas de actuaci√≥n. Cu√°nto del placer del oficio fue carcomido por la rutina, si hay algo que los a√Īos den a cambio de todo lo que quitan. Y entonces Alc√≥n da en la tecla: “Depende de la actitud que tengas ante las cosas. Si digo ‘uy, una nota, un periodista que me va a preguntar las mismas cosas de siempre’, y creo que ya s√© c√≥mo va a ser la entrevista... Yo lo que quisiera es mostrar mi alma cuando ahora hable con vos, cosa que no voy a lograr. Vos vas a oler algo de un desequilibrio m√≠o, pero dif√≠cil que esto se convierta en un hecho √ļnico e irrepetible. ¡Ah, si uno viviera permiti√©ndose el lujo de vivir! Yo tengo ganas de saber qu√© pens√°s vos realmente de todo, por qu√© viniste hoy. Y, porque te mandaron. ‘¿Nota con qui√©n? ¿Con Beb√°n y Alc√≥n? ¡Uy, madre m√≠a!’. Y despu√©s s√≠, junt√°s fuerzas, ‘buenas tardes’, ‘buenas tardes’, y todo se convierte en un t√© con masitas”.

Este es un t√© con masitas sin t√© ni masitas con dos se√Īores: uno c√°lido y conversador y otro amable pero distante, due√Īo de unos temibles ojos de rayos X que cuatro, cinco veces, en plena charla, se dirigir√°n hacia su reloj. Hay aqu√≠ un reencuentro, porque Alc√≥n y Beb√°n volver√°n a trabajar juntos luego de 33 a√Īos. Hasta esta Filosof√≠a de vida –se estrena el lunes 15- s√≥lo hab√≠an coincidido en una puesta de Lorenzaccio en 1978, y antes, seg√ļn evoca Beb√°n, en un Romeo y Julieta para televisi√≥n.

“Eras Romeo –le habla a Alc√≥n- y dijiste algo que me caus√≥ mucha gracia: ‘Me parezco a Flash Gordon’, por el vestuario que ten√≠as que usar”. Alc√≥n cuenta que √©l mismo llam√≥ a Beb√°n para proponerle este trabajo. “Ten√≠a una recuerdo hermoso de c√≥mo es √©l con los compa√Īeros, c√≥mo es ante el teatro, ante la vida, c√≥mo mira, c√≥mo est√° al lado tuyo. Me qued√© extra√Ī√°ndolo siempre. Cuando lo llam√©, nos volvimos a hablar como si nos hubi√©semos visto anteayer”. “Y eso –acota Beb√°n- que no nos ve√≠amos desde Lorenzaccio ”.
“ Desde un palco, mir√© a la platea y la gente estaba con cara de espanto. Daba miedo porque se iba a la mierda, porque su dimensi√≥n no era la acostumbrada. Uno se acostumbra a lo normal, y cree que eso es un buen actor, un buen m√ļsico, una buena persona, pero de pronto hay gente que te hace extra√Īar la intensidad.”


¿Comparten un c√≥digo generacional? Alc√≥n: No creo en las generaciones, sino en las afectividades. Trabaj√© con Nicol√°s Cabr√© y aprend√≠ cosas de √©l, y no lo digo para hacerme el humilde. No es condici√≥n sine qua non que la experiencia te sirva para algo.

A veces sólo sirve para ver sin frescura. Hay gente que vivió mucho al divino botón, y gente joven que también está al divino botón. No depende de la edad. Si no, sería fácil: uno vivió y ya sabe.

Beb√°n: Coincido. Me gusta la gente bien predispuesta, ya sea mayor o joven.

¿Qu√© diferencia hay, con los a√Īos, en la manera de encarar una obra? Alc√≥n: El que busca poco encuentra r√°pido. Esos son los maestros de la experiencia, porque hicieron 45 obras y entonces ya lo saben todo. El que tiene nostalgia de la sabidur√≠a es un inconforme continuo. Nunca est√°s a la altura de tus propios sue√Īos. No es miedo a lo que diga la cr√≠tica o tu t√≠a, es ante vos mismo, ante lo que so√Īaste: lo que deseaste hacer con aquello y lo que te sali√≥. Aunque vengan muchos y te digan que estuviste muy bien, vos sab√©s lo que hubieras querido hacer y no te sali√≥.

Bebán: Nunca se llega a lo que se quiere. Es una gran frustración.

¿No se bajan las expectativas con la edad? ¿Uno no sabe mejor hasta d√≥nde puede llegar y hasta d√≥nde no? Alc√≥n: El que cree que sabe, es porque no sabe. Un d√≠a fui a la casa de Ernesto Sabato, y me quiso mostrar sus cuadros. Este hombre, que ya era grande y caminaba con cierta dificultad, de pronto era Julio Bocca a los 15 a√Īos. ¡C√≥mo iba a buscar los cuadros, c√≥mo los pon√≠a, c√≥mo miraba la reacci√≥n que el cuadro produc√≠a! Era un tipo lleno de vida que segu√≠a teniendo las mismas expectativas que un chico. S√≥lo los tontos dicen “mir√°, pibe, que yo hice tal cosa”. Encontrarse con que uno no tiene expectativas debe ser peor que la muerte, porque est√°s transcurriendo, pero no est√°s vivo.

Bebán: En cada ensayo aprendés, con cada propuesta aprendés. La vida es una lección permanente: tomás un taxi y aprendés.

En el texto de la obra, los personajes tienen mucho sentido del humor sobre s√≠ mismos, con referencias que parecen hechas a la medida de ustedes. ¿Con los a√Īos es m√°s f√°cil re√≠rse de uno mismo? Alc√≥n: Otra vez, depende m√°s de la persona que del tiempo que hayas vivido. Joaqu√≠n Furriel tiene mucho humor y no tanta experiencia. Yo tuve una amiga extraordinaria, Violeta Antier, que me ense√Ī√≥ a re√≠rme de m√≠ mismo. En esa √©poca me sent√≠a el ombligo del mundo, andaba atormentado, y ella en dos minutos hac√≠a que eso tan terrible me causara gracia.

Bebán: Alfredo aprendió bien, porque tiene mucho sentido del humor.

De repente, Alc√≥n se arrima y pone la cara a treinta cent√≠metros de distancia. “Me gusta re√≠rme de c√≥mo se supone que deben ser las cosas. Las distancias, por ejemplo. No nos podemos poner as√≠, dir√≠as ‘¿Qu√© le pasa, por qu√© est√° tan cerca?’. Si uno pudiera vivir fuera de las convenciones ser√≠a mucho m√°s divertido estar vivo. Las formas te van condicionando; parece que segu√≠s vivo, pero todo se va haciendo receta. Y en la actuaci√≥n, la receta es la muerte, la estupidez. En mi gremio hay quien pone la cara 1, la 4, la 17... Repiten una cara que alguna vez les result√≥”. Se aleja y se remonta a una de sus primeras veces como espectador: “Me llevaron a ver a una gran bailarina de flamenco, Carmen Amaya. Era una mujer bajita, flaca, sal√≠a peinada, pero a los dos minutos era un desgre√Īe.

Desde un palco, mir√© a la platea y la gente estaba con cara de espanto. Daba miedo porque se iba a la mierda, porque su dimensi√≥n no era la acostumbrada. Uno se acostumbra a lo normal, y cree que eso es un buen actor, un buen m√ļsico, una buena persona, pero de pronto hay gente que te hace extra√Īar la intensidad”.

En la obra se dice que el mayor grado de inteligencia es aqu√©l que no necesita lucirse. ¿C√≥mo se podr√≠a aplicar esto a la actuaci√≥n? Alc√≥n: Hay gente que act√ļa s√≥lo para el p√ļblico, para que se los vea, no para comunicarse con el otro y con el pensamiento del poeta que escribi√≥ la obra. Pero no pasa s√≥lo con los actores: se dice que somos vanidosos, pero he visto gente m√°s vanidosa. Un taxista de pronto es la estrella de tu viaje: te sub√≠s y te empieza a contar que todas las minas se quieren acostar con √©l. Vivimos en un mundo donde se trata de que todos vivamos para el afuera. Es muy raro que alguien te diga “escuch√° tu sonido”. Escuchamos el sonido que nos imponen.

La obra dice que los afectos cuando son pocos son m√°s valiosos. ¿Es as√≠? Beb√°n: Es as√≠. Los afectos verdaderos, los m√°s valiosos, son escasos. Yo tengo dos o tres amigos. No tengo lugar para m√°s, pero por ellos doy la vida.

Alcón: Con la gente que quiere a todo el mundo uno puede llegar a pensar muy rápidamente que no quiere a nadie. Son capaces de querer a tantos porque en el fondo no dan nada.

Beb√°n: El hombre no tiene capacidad para amar mucho a muchas personas. Por eso hacen lo que hace mi personaje, que juega al ajedrez cien partidas simult√°neas, toca y se va. Al final, el personaje de Alfredo dice “el amor, cuando pierde su misterio, deja de ser amor”. Es algo sencillo, pero no s√© si todo el mundo lo comprende.

Alcón: Al misterio le tenemos mucho miedo, por eso queremos explicarlo todo. Ponemos todo en vitrinas, con una explicación abajo. Después viene la vida, se abre la ventana y el viento tira todo a la miércoles. Somos frágiles, necesi tamos acomodar todo para tratar de entender, porque nos sobrepasa el hecho de estar vivos.

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