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Villa-Devoto

Cuando Patricio Rey se hizo humo.

El √ļltimo show de los Redondos. Fue exactamente hace diez a√Īos, en el estadio Chateau Carreras de C√≥rdoba. Momento hist√≥rico: ning√ļn fan sab√≠a a√ļn que el Indio y Skay no volver√≠an a compartir un escenario.
ESPECTACULOS
/ El a√Īo sab√°tico que determin√≥ la posterior separaci√≥n de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota cumple hoy una d√©cada. Todo comenz√≥ como una salida elegante y sin demasiadas aclaraciones, una fuga hacia delante para abonar el misterio de una de las bandas m√°s populares del rock argentino. Abajo, en secreto, las serias diferencias internas entre sus socios fundadores abrieron heridas que siguen hasta hoy y, en cierto modo, provocaron el efecto di√°spora de Los Redondos: las carreras solistas del Indio Solari y Sky Beilinson, el fuego cruzado entre los l√≠deres por el manejo del patrimonio art√≠stico del grupo y la pr√©dica incesante de miles y miles de fan√°ticos que no pierden la esperanza de un regreso proyectan la sobrevida del coloso dormido. Diez a√Īos atr√°s, esos actores celebraron el rito demencial de la pasi√≥n sin filtros cuando la banda platense ofreci√≥ su √ļltima misa en el estadio Chateau Carreras (hoy Mario Kempes), de C√≥rdoba. La cifra oficial estim√≥ una asistencia de 45 mil personas, sumado a una producci√≥n fara√≥nica con varias pantallas gigantes y un sonido que alcanz√≥ la cima de los 200 mil watts de potencia para ambientar una velada que el tiempo convertir√≠a en √ļnica, irrepetible y final.

La tarde noche del s√°bado 4 de agosto se presentaba ideal, mucho calor en el campo para olvidar el fr√≠o cordob√©s y todos los escollos que tuvo que sortear la organizaci√≥n del show. Al frente de esa empresa independiente, la brava Negra Poli (manager hist√≥rica) se bat√≠a a duelo con jefes polic√≠as y funcionarios del gobierno provincial, y el propio intendente de aquel momento, Germ√°n Kammerath, se hab√≠a puesto al mando de las previsiones, atento a los incidentes ocurridos en los √ļltimos recitales en River y el Centenario de Montevideo. Todo funcion√≥ a la perfecci√≥n, salvo la imprudencia de un fan√°t√≠co que termin√≥ en tragedia: Jorge Felippi, ricotero de 31 a√Īos oriundo de Santa Fe, muri√≥ antes de comenzar el show al caer en forma accidental desde una tribuna alta del estadio Ol√≠mpico de C√≥rdoba. “Nos enteramos despu√©s del show. Por lo general, cuando hab√≠a alg√ļn problema que no ve√≠amos desde el escenario nos avisaban al final”, recuerda Semilla Bucciarelli, bajista y pieza fundamental en la pared sonora de Los Redondos, hoy inmerso en el mundo de la pl√°stica. “El recuerdo que tengo es que fue un muy buen show en cuanto a sonido. Ten√≠amos ganas de tocar, creo que hubo una animaci√≥n del Mono (Rocambole), pero tengo en mi cabeza miles de im√°genes de los shows, pero no s√© de cu√°l se trata”, dice, y cuando su memoria intenta hurgar en alg√ļn detalle que presagie el futuro de la banda, responde que no, “fue todo muy sorpresivo, inclusive la actitud que se tom√≥ hacia nosotros, no la esperaba, realmente me sorprendieron”.

El show arranc√≥ pasadas las siete de la tarde, Unos pocos peligros sensatos , contagioso y energ√©tico, abri√≥ una lista de 25 temas con Momo Sampler como excusa de estreno y los cl√°sicos para sostener la f√©rrea comuni√≥n ricotera, un pogo sostenido por banderas de identidad barrial y bengalas como llamaradas de euforia, nadie pod√≠a pensar en ese momento que esos fuegos internos a cielo abierto provocar√≠an -tres a√Īos despu√©s- tanta muerte en Croma√Ī√≥n. Esa noche, el Indio Solari habl√≥ poco, saludo p√ļblicamente a su m√©dico personal, el doctor Guillermo, que Decadrom mediante venci√≥ sus brotes hipocondr√≠acos y mejor√≥ el caudal vocal para sostener m√°s de dos horas de show. Tambi√©n se enoj√≥ cuando empezaron a volar zapatillas y otros objetos no identificados al escenario justo en el final de Sheriff : “¿¡Vos qu√© te cre√©s, que esto es Los Violadores, boludo!? Par√° la bola, me vas a embocar, gil. ¿Porque no ven√≠s al camerino a tirarme cosas?”, invit√≥ furioso, como si en ese estadio repleto s√≥lo hubiese dos personas.

Entre las programaciones electr√≥nicas de los temas incluidos en Momo Sampler , desfilaron himnos de libertad ( El pibe de los astilleros , Juguetes perdidos ), perfectas proclamas roqueras ( Vamos las bandas , Mi perro dinamita , Nadie es perfecto ) y esos cheques en blanco que se completan debajo del escenario ( √Ďam Fri Fruli Fali Fru , Jijiji ). Una despedida brillante, aunque nadie sab√≠a que no se volver√≠a repetir. “Angel de la soledad y de la desolaci√≥n, preso de tu ilusi√≥n, vas a bailar a bailar… bailar”, dice la estrofa final del √ļltimo tema que tocaron Los Redondos en el Chateau, y esa cita cercana a Jack Kerouac alcanza ribetes de dulce condena para la grey con m√°s actos de fe que registra nuestro rock.

“De tu pa√≠s ya no se vuelve ni con el yuyo verde del perd√≥n”, dice el tango y la frase parece hecha a la medida del estado de veleidades que separa al Indio Solari de la pareja Skay y Poli. Por el momento, no hay visos de arreglo posible, la √ļltima disputa est√° ligada a la presentaci√≥n final de Los Redondos y los derechos sobre el audio y las im√°genes de ese concierto: “Hasta el d√≠a de hoy Poli y Skay est√°n sentados sobre ese material, cuya custodia art√≠stica he reclamado en silencio p√ļblico hasta hoy”, escribi√≥ Solari hace tres a√Īos en una carta abierta en respuesta a una entrevista publicada en La Naci√≥n , en donde Skay se√Īalaba: “Todo se termin√≥ cuando nos dimos cuenta de que uno de nosotros se quer√≠a apropiar de ese proyecto tan hermoso que fue Patricio Rey, que hab√≠a nacido como la comuni√≥n y el aporte de muchos artistas y no los deseos de uno solo”. Poli prefiri√≥ no responder.

Del otro lado, en la infinitas parroquias ricoteras, hay una luz de esperanza que se agiganta en las redes sociales. Basta escribir en Facebook la s√ļplica que se escucha en cada show de Skay o del Indio, “S√≥lo te pido que se vuelvan a juntar” aparece como un usuario repetido al servicio de la “Operaci√≥n regreso”. Una serie de medidas -que van desde banderazos a junta de firmas- explica la necesidad que desvela hasta los m√°s chicos, aquellos que nunca vieron en vivo a los platenses. Internet es un muro devocional en donde un souvenir paga alto: una entrada de los √ļltimos recitales de Los Redondos cotiza entre 20 y 200 pesos en Mercado Libre. Entre los m√°s entusiastas, existe la idea de promover una campa√Īa para que la Real Academia incorpore el t√©rmino “ricotero” al diccionario de la lengua. Obviamente es un sentimiento y, como ning√ļn otro del ser rockero nacional, no puede parar.






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