Villa Real: un barrio dividido por un plan para bajar la velocidad de los autos a 30 km/h

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Un grupo de vecinos se opone a que el gobierno porteño realice mejoras para disminuir las muerte por accidentes de tránsito.



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4/10/2017

Unas 47 manzanas de del barrio de Villa Real pasarán a formar parte de la primera "Zona 30" de la Capital Federal. El proyecto del gobierno porteño apunta a bajar la cantidad de siniestros viales a través de un reordenamiento del tránsito. Para ello, se obligará a los automovilistas, mediante pequeñas intervenciones en las calles internas del barrio, a conducir a una velocidad tope de 30 kilómetros por hora.

La obra, estimada en 13 millones de pesos y a cargo de la empresa Miava SA, debía comenzar meses atrás, pero un grupo de vecinos demora su inicio, ya que asegura que se generará un colapso vial en las calles internas del barrio que, en muchas ocasiones, sirven como vías de escape cuando hay un embotellamiento en la colectora de la avenida General Paz, distante a dos cuadras.

También afirman que no fueron consultados antes del llamando a licitación por la obra, en abril pasado, sino que la iniciativa "cayó por sorpresa".

Si bien el reclamo vecinal está siendo atendido por la Defensoría del Pueblo de la Ciudad y la Legislatura local, el último lunes operarios del Gobierno porteño quisieron iniciar las tareas de la "Zona 30", también conocida como "Zona Calma" porque busca pacificar el tránsito. Pero debieron retirarse del lugar ante la presencia de una veintena de personas que se opusieron. "Va a traer caos en vez de traer calma", advierten los vecinos.

Inés Rivoir, vecina de Villa Real, dijo que con la creación de la "Zona 30" se va a "afectar la identidad del barrio". Y agregó: "No estamos en desacuerdo que bajen la velocidad, pero que busquen otras formas, como las fotomultas o lomos de burro".

Según explicaron fuentes oficiales, el polígono comprendido por las calles Ramón Lista, Nogoyá, Juan E. Martínez e Irigoyen fue elegido para una "prueba piloto", dado que cuenta con una serie de características que se requieren para este tipo de proyectos: una elevada tasa de accidentes -unos 89 entre 2010 y 2016-, una alta densidad de escuelas y la presencia de una población de edad mayor.

Obras para bajar las muertes por accidentes

El objetivo es bajar el 75 por ciento de los siniestros viales disminuyendo a 30 km/h la velocidad establecida para circular donde actualmente se puede conducir a 40 km/h. Más allá de la máxima fijada, los informes técnicos realizados mostraron aceleraciones de hasta 63 km/h en algunos autos que iban por el barrio. El límite de 30 km/h no es azaroso, sino que responde a que en un impacto a esa velocidad sobreviven nueve de cada diez peatones, a 45km/h cinco y a 60km/h uno solo.

La propuesta contempla que sean 12 las calles del perímetro en las que rija la obligatoriedad para el límite de la circulación y para lograrlo se construirán 15 chicanas reductoras u "orejas" en ambos márgenes de algunas de las calles, las que generan que a través de un pequeño desvío en la marcha, el conductor logre una velocidad moderada y constante. También habrá una nueva ciclovía sobre Víctor Hugo y se colocarán maceteros en las esquinas con plantaciones bajas.

Paula Bisiau, subsecretaria de Movilidad Sustentable del Gobierno porteño, explicó: "La obra es un beneficio total para el barrio y la queremos replicar en otros lugares porque son intervenciones menores de infraestructura, pero de alto impacto; en ningún caso se va a restringir el paso vehicular, sino que a través del diseño, se los lleva a circular más despacio". La funcionaria precisó que, por ejemplo, con las chicanas "se va a obligar al conductor del vehículo a hacer un zigzag, a que reduzca la velocidad y a prestar atención".

Menos espacio para estacionar

Las certezas del gobierno porteño, sin embargo, no logran convencer a este grupo de vecinos que mantiene un seguimiento del proyecto con visitas periódicas a la sede de la Comuna 10, a la Legislatura porteña -donde la comisión de Tránsito y Transporte estudia un pedido de informes al Ejecutivo por el tema- y a la Defensoría del Pueblo, que oficia como organismo mediador entre las partes.

Como parte de su protesta, recolectaron unas 1500 adhesiones y las informaron a las autoridades locales junto con una carta en la que señalan que "la creación de nuevos obstáculos para la circulación vehicular -las chicana y los maceteros- va a crear caos en las calles del barrio" y advierten que "un camión de bomberos tampoco tendría libre acceso al barrio porque no podría maniobrar libremente en algunas esquinas".

"Hay cosas más importantes para hacer que unas macetas que no solucionan nada y nos quitan espacios para estacionar. Por ejemplo, que inviertan en seguridad porque acá los vecinos tenemos una alarma que pagamos nosotros", exige Susana, otra vecina del lugar. Mientras un hombre, que pidió no identificarse, precisa: "No fuimos consultados, se mandaron avisos por Facebook cuando se sabe que la mayoría de la gente que está acá es de la tercera edad y no sabe de redes".

Las quejas de los vecinos se sumaban en la esquina de Cortina y José Pedro Varela, donde se juntaron para resistir el inicio de la obra. Hasta allí, y acompañada por la Policía, fue una funcionaria porteña de la Secretaría de Transporte porteña para dialogar con este grupo disconforme. Florencia Caparrós les remarcó que "no hay nada para ocultar" en torno a la obra, que hubo reuniones con la gente local y que "hay muchos que están a favor".

Juan Ignacio Pilar, vecino del barrio, es uno de los que respalda la medida porque, sintetiza, "va a sumar un montón, se va a aliviar la velocidad y los autos van a ir más ordenados". No obstante, agrega que comprende a "los que piensan que los va a perjudicar porque no van a poder estacionar más sus vehículos frente a sus casas" a causa de las chicanas o los canteros.

En julio de este año, un camionero atropelló a una mujer que iba en bicicleta, no paró a asistirla y la víctima murió en el lugar. El caso puso sobre el tapete la necesidad de mejorar la seguridad vial en la zona.

Por Valeria Azerrat



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