Los secretos de los cinco barrios obreros de Capital que se convirtieron en oasis coquetos

BARRIO
En Barracas, Chacarita, Flores, Agronomía y Liniers seducen con casitas, jardines y espacios comunes. Cortázar y otros de sus vecinos ilustres.
Cerca de avenidas trajinadas, torres de departamentos y tránsito incesante, se imponen casas con aires de familia y se oyen los pájaros.



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Barrio Parque Los Andes. En la manzana de Guzmán, Concepción Arenal, Rodney y Leiva, Chacarita
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18/10/2017

Cerca de avenidas trajinadas, torres de departamentos y tránsito incesante, se imponen casas con aires de familia y se oyen los pájaros.

Eso tienen en común los espacios de este GPS: son paisajes de cuento. Arbolados. En Capital, conservan alma de barrio.

Tienen en común eso y que nacieron entre las décadas de 1920 y 30 como “barrios obreros”, “de casitas baratas”. Complejos para sectores populares que tras los cambios económicos, políticos y sociales y el crecimiento urbano se convirtieron en páramos coquetos y cotizados (además de vigilados, en general, por sistemas privados).

Todo empezó en 1880, con las grandes olas de inmigrantes. “La falta de viviendas se trató de subsanar por primera vez en 1885, cuando la Municipalidad mandó a construir casas para obreros en una manzana de Las Heras, altura Azcuénaga, luego demolidas”, recuerda a Clarín la presidente de la Junta Central de Estudios Históricos porteña, Nélida Pareja.

Pero estadísticas indican que para 1913 el 80% de las familias obreras de la Ciudad todavía vivía en una pieza y el 37%, sin agua corriente.

“Siguieron los planes municipales, nacionales, de sociedades de fomento y particulares”, agrega Pareja.

El barrio ferroviario Sola, en Barracas, es de 1890. Y el grupo que antecedió a la Acción Católica impulsó allí al Monseñor Espinosa, hoy un remanso cerrado, para familias numerosas (4 habitaciones, baño y patio en cada casa).

Entrada. Al Monseñor Espinosa, en Pedriel al 1200, Barracas. / Gerardo DellOro

Austeras. Algunas ex casitas municipales de Flores conservan esa impronta. / Emiliana Miguelez

Las ex “casitas” de los barrios Varela y Bonorino, de Flores, en cambio, se hicieron después de que la Municipalidad firmó en 1913 contrato con la Compañía de Casas Modernas, igual que las Mil Casitas de Liniers.

Siguieron un modelo de petit hotel holandés, 8,66 metros de frente, dos pisos y escalera de roble o pinotea, entre calles angostas y abiertas. “Pero nunca fueron baratas”, aclara a Clarín Roberto D’Anna, vecino de Flores, autor de Vivir en una casa ex municipal del barrio de Flores (2009) y director del periódico Flores de Papel desde 1999. Las dieron a crédito a trabajadores “de saco y corbata”, las cuotas no eran fijas y el interés, alto, explica. “Si se tiene en cuenta el plazo de 30 años y un valor de $13.500, debieron terminar de pagarse a fin de los ‘50 a $22.300”, dice en el libro.

Comastri. El mirador es de fines del siglo XIX. La cúpula de hierro y vidrios de colores, restaurada.

Distinto también fue el caso del Barrio Parque Los Andes, en Chacarita, realizado en una manzana municipal con áreas comunes (playones deportivos) y novedades (conductos para sacar el carbón de las estufas). Por eso, señala a Clarín el investigador Hernán Vizzari, es, junto al patrimonio del Cementerio en el que él se especializa –creó la web www.cementeriochacarita.com.ar, además de www.chacaritaycolegiales.com.ar–, “una joya a la altura del mirador Comastri”.

La Comisión Nacional de Casas Baratas, organizada en 1915 por la ley Cafferata –por su autor, Juan Cafferata, diputado conservador cordobés–, fue otro actor clave: responsable del barrio Cafferata de Parque Chacabuco (1921) y del Rawson, un oasis residencial en el oasis de Agronomía.

Los datos abruman. Las visitas, no. Las guardas pintadas en techos del barrio Parque Los Andes que se ven desde la calle –como el Espinosa, es cerrado– son de novela. Lo mismo que las rayuelas de la plaza del Rawson, frente al último edificio donde vivió Cortázar (1914-84) antes de irse a París y escribir Rayuela (1963).

"Guardianes". Así bautizó Cortázar a los gatos del barrio Rawson. Aún se los ve, serenos.

Pinturita. En uno de los techos del barrio Parque Los Andes, de Chacarita

Plazoleta Carlos de la Púa. El corazón del Rawson, en Agronomía

Posible recorrido:

1) Barracas. El barrio Monseñor Espinosa fue diseñado por el arquitecto Alfredo Cucullu como una especie de complejo de "casas baratas" y amplias (con cuatro habitaciones, baño y patio) e inaugurado en 1923. Nació con 64 viviendas distribuidas en pabellones, jardín central y despensa, ferretería y farmacia. Es que por esa época el Centro y sus negocios, dados los transportes disponibles, quedaban más lejos.

Todavía cuenta con construcciones originales en buen estado, dos pasajes (por Alvarado y por California) y una arboleda preciosa.

Interior. Del barrio Monseñor Espinosa, páramo en Barracas

El predio fue donado por Leandro Pereyra Iraola y con apoyo de la Unión Popular Católica Argentina, antecedente de Acción Católica. se realizó una gran colecta nacional de cemento, cal, ladrillos y otros materiales para la obra.

Por eso, fue clave el entonces arzobispo de Buenos Aires, Mariano Antonio Espinosa, quien estuvo en ese cargo desde 1900 hasta 1923, cuando murió.

El barrio devino en un oasis, cerrado. La entrada principal es por Perdriel 1250.

2) Chacarita. Al barrio Parque Los Andes lo diseñó en una manzana de propiedad municipal el arquitecto argentino Fermín Bereterbide (1895-1979), tras ganar un concurso. Y lo inauguraron entre 1927-8. En un predio de más de 13.000 m2, incluyó áreas comunes (desde playones deportivos hasta teatro), materiales nobles (mármoles) e innovaciones técnicas (agua caliente, teléfonos y conductos para eliminar residuos aparte del carbón de las estufas). En la manzana de Guzmán, Concepción Arenal, Rodney y Leiva.

Postal invernal. El barrio Parque Los Andes, una manzana hecha remanso en Chacarita



3) Flores. Tiene tal vez uno de los ex barrios diseñados para trabajadores más coquetos de Capital. Con fachadas decoradas. Con jardines cuidados. Rejas altas.

De Baldomero. El poeta compró en 1938 el chalet de Bilbao al 2300, que da la bienvenida al ex barrio de casitas municipales

Rejas y decoración. El barrio de las ex casItas municipales de Flores, hoy.

El antiguo conglomerado de casas municipales reúne, en realidad, a los barrios Varela, donde desde 1924, se edificaron 640, y Bonorino, en el que desde 1926 levantaron 902, según el investigador Roberto D'Anna.

Muchas ex "casitas" se remodelaron. Pero el barrio conserva chalets diseñados para cargos altos, como el de Bilbao 2384, que habitó el poeta Baldomero Fernández Moreno, autor de Setenta balcones y ninguna flor, desde 1938 hasta el 50, cuando murió.

Baldomero compró esa casa en Flores con $20.000 que recibió como premio por su obra. En 1996 la declararon Monumento Histórico Artístico.

4) Agronomía. “Por Tinogasta y Zamudio bajó Clara taconeando distintamente, saboreando un sol de noviembre roto por islas de sombra que le tiraban a su paso los árboles de Agronomía. En la esquina de Avenida San Martín y Nogoyá, mientras esperaba el ómnibus 168, oyó una batalla de gorriones sobre su cabeza...”

Cortázar describió así al barrio Rawson, donde vivió de joven, en el relato Ómnibus de Bestiario (1951).

La antigua casa del autor de Rayuela (1963) está en el tercer piso de Artigas 3426, donde lo homenajea una placa. Frente a la plaza, corazón del Rawson.

Tercer piso. De Artigas 3426, donde vivió Cortázar antes de partir a Francia Postal. De ecos ingleses, en el barrio Rawson de Agronomía

Pero el barrio forma un triángulo residencial entre las calles Tinogasta, Zamudio y San Martín que contiene 104 viviendas, además de nueve edificios de tres pisos, como ése, intercalados con parques. Y tiene un solo negocio, Rayuela, un bar y restaurante, cálido, donde sirven platos gourmet.

Rayuela Bar. El único negocio del Rawson ofrece sabores gourmet en un espacio cálido

Al Rawson lo diseñó la Comisión Nacional de Casas Baratas en 1934. Los gatos siguen siendo los "guardianes" de sus callecitas circulares, como en la época de Cortázar.





5) Liniers. Las Mil Casitas es el barrio de “casas baratas” más grande la Ciudad: 1.760, precisó a Clarín Nélida Pareja, presidente de la Junta Central de Estudios Históricos de Buenos Aires y ex vecina de Liniers.

Esquina. Tranquilidad en la zona de las Mil Casitas.

Otro caminito. Las calles angostas, en las Mil Casitas de Liniers.

La ex Municipalidad y la Compañía de Construcciones Modernas compraron los terrenos para construir las viviendas y venderlas a obreros calificados y trabajadores, a crédito.

Como eran angostas, según un modelo holandés, las ventanas altas, las puertas finitas y una baulera en el entrepiso fueron parte de sus sellos.

Las obras empezaron en Ramón Falcón, Carhué, Cosquín e Ibarrola, el Barrio Falcón. Después se extendieron hasta Boquerón y nació el Barrio Tellier.

En los años '60, vecinos empezaron a reformar las casitas y tres décadas más tarde aparecieron las rejas.

Dato: Las callecitas y pasajes del barrio de las Mil Casitas tomaron nombres de pájaros autóctonos.





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