A 5 años del cierre, el club Comunicaciones se recupera y suma socios en Agronomía

BARRIO
Pasó de 1.500 a 4.500 y hay 23 deportes activos.
Frío. El primer recuerdo que asoma en Mariano Fortunato al recordar sus días en la toma del Club Comunicaciones es la helada que hacía en pleno julio de 2012. “Dormíamos en el salón, pero como el piso es de baldosa parecía congelado, entonces pusimos cartones sobre el escenario de madera y nos acurrucábamos ahí para darnos calor”, evoca. Hoy, en ése salón se practica patín. Y es apenas un ejemplo de la resurrección del Cartero.



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A 5 años del cierre, el club Comunicaciones se recupera y suma socios en Agronomía
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16/10/2017

Hace apenas cinco años, a Comunicaciones le quitaron el respirador y bajó la persiana. Ese día quedó clavado como un hacha en la memoria de sus 1.500 socios, que motorizaron la Asociación Civil Todos por Comu y se erigieron como foco de resistencia. Cortaron avenida San Martín, también Avenida Beiró, se manifestaron en la Legislatura y organizaron movilizaciones.

En aquellos años tristes, dos propuestas parecían salvadoras, pero el grueso de los hinchas y socios las consideraron salvavidas de plomo. La primera era del empresario Daniel Hadad, quien se haría cargo de la deuda de 12 millones de pesos a cambio de explotar un microestadio en el predio de 18 hectáreas que queda en el barrio de Agronomía, corazón porteño. “Cuando nos presentaron esa propuesta, lo primero que pensé fue que no le íbamos a dar ni una maceta”, sentencia Daniel Díaz, 32 años en el club, integrante del actual Comité Honorario y presidente de Futsal.

El segundo proyecto pertenecía a Hugo Moyano, quien llegó con promesas de oro, inversiones y salvación. Eso sí –entre otras modificaciones- el club debía cambiar sus colores, su identidad: del amarillo y negro tradicional al verde y blanco de Camioneros. “Seríamos Comunieros”, sonríe el actor Nazareno Casero, actual vicepresidente de la flamante Subcomisión del Hincha.



Hace poco más de dos meses, un grupo de socios decidió reunirse todos los miércoles para ver qué pueden hacer por su club. Lo hacen en el único quincho que queda en pie. Es que el órgano fiduciario anterior derrumbó siete de las ocho estructuras donde la gente se reunía a comer asado. “Pintamos, iluminamos y acondicionamos el lugar para que sea el punto de encuentro”, sintetiza Fortunato, y agrega: “El fin de semana nos juntamos a pintar. Un señor mayor estaba tomando sol y nos pidió un pincel. Por la edad pensamos que no iba a poder, pero nos dijo que él había crecido en el club y que era el lugar que pretendía dejarle a los nietos. Nos mató”.



Emilio Matsuyama y Sabrina Hechiki llegaron al club hace 10 años para acompañar a sus hijos, que en ese entonces jugaban al baby fútbol. Lejos de alejarse, en el peor momento del club se quedaron a poner el hombro. “¿Cómo nos íbamos a ir? Era nuestro lugar. Los chicos disfrutaban más el post y el pre partido que el juego en sí mismo. Nos pasábamos toda la tarde acá”. Hoy, el matrimonio forma parte de la Subcomisión de Fútbol Amateur y reconoce que el club es parte de su vida: “Algunos amigos nos dicen que estamos locos, pero para nosotros es muy importante. Esto trasciende lo deportivo por completo.

En la Subcomisión conviven asiduos concurrentes de tribuna, estudiantes universitarios, señoras sesentonas, familia con niños, chicas jóvenes. Todos suman, todos aportan. Se respira vida.



Aquellos 25 jóvenes que dormían en el salón durante la toma eran sostenidos por 200 personas más, que les acercaban provisiones y mantas para soportar el clima y la posible llegada de Camioneros a tomar posesión del lugar. “El juez falló a favor de la propuesta de Moyano, entonces decidimos apelar a la Cámara y en paralelo tomar el club para defender lo nuestro. Si entraban iba a ser muy difícil sacarlos”, recuerda Díaz.

“Yo no me quedé a dormir, pero sí me la pasaba acá adentro –rememora Casero-. Me quedaba hasta la 1 de la mañana y salíamos con amigos a recorrer el club bajo la luz de la luna. Era mirar y ver todo lo que había por hacer”.

En agosto de ese año 2012 la Cámara Nacional de Apelaciones falló a favor de los socios y desestimó la decisión a favor de Moyano. Y el presente les sonríe.

Hoy, Comunicaciones tiene 4.500 asociados y 23 deportes activos. En estos años se crearon disciplinas nuevas, como boxeo, fútbol femenino y la actividad mimada por todos: Futsal. “Arrancamos con el club cerrado jugando en la plaza de Chorroarín, y los primeros cinco partidos cedimos la localía porque no teníamos cancha”, asevera Díaz, presidente de esta actividad. Se construyeron tres canchas con medidas reglamentarias e iluminación. Las bautizaron “Ciudad Futsal”, y son la envidia de varios de los clubes más poderosos. Tienen cabina de transmisión, techo y capacidad para 800 personas sentadas. Hay Futsal Femenino y todas las categorías de masculino, desde Infantiles hasta Senior. En total, 340 jugadores defienden al Cartero con la pelota bajo la suela.

A futuro, el objetivo es seguir multiplicando la masa societaria. “Este club necesita 10 mil socios para estar equilibrado en las cuentas”, explica Díaz, quien se lamenta: “El contexto actual no ayuda demasiado, porque la gente recorta gastos, y uno de los primeros que evita es el club. Acá vienen papás a decirme que no pueden pagar más, pero nosotros no echamos a nadie. Queremos crecer y no expulsar”.

La cuota social es de $ 400, pero a ese monto hay que sumarle la cuota del deporte que se elija practicar. “Lo que necesitamos es que vuelva la familia, que venga el barrio a comer asado al club, a la pileta, a pasar el día acá. El club tiene que volver a ser el punto de encuentro”, coinciden todos los entrevistados.

Una preocupación son las tarifas. “No podemos pagar la luz ni el agua –explica Díaz- No somos chicos, somos grandes en metros cuadrados y nos cuesta pagar los costos fijos”.

Cuando se les pregunta si imaginaban este presente, las respuestas difieren. “Esperar no, tenía esperanza. ¿Certezas? Ninguna, pero en mi vida no tengo certezas. Capaz salgo de acá y un colectivo 105 me la pega en la cabeza”, bromea Casero. Fortunato, un tanto más pesimista, admite que no lo esperaba. Y Díaz responde todo lo contrario: “Siempre supe que íbamos a ganar porque tenemos historia. Me crié acá y nos iban a sacar muertos: la identidad, la historia y los colores no se venden”.





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