Agronomía: los paisajes de cuento del joven Cortázar

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Las callecitas circulares. Las casas bajas. Las casas de aire inglés, asomadas entre árboles. Las rosas chinas trepándose por las paredes. Las petunias que decoran los patios. Y de repente un edificio gris entre la nube de hojas verdes, tupida y vaporosa, que pinta casi todo el cielo como un cuadro.



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Agronomía: los paisajes de cuento del joven Cortázar
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28/9/2017

Pasa un gato majestuoso. Otro bosteza, indiferente, en la vereda.



Esto no es Marte ni una postal de pueblo. Es el barrio Rawson: un triángulo residencial ubicado entre Tinogasta, Zamudio y San Martín, en Agronomía, Capital.

Lo diseñó la Comisión Nacional de Casas Baratas para que los trabajadores pudieran comprar a crédito en 1934, con 104 viviendas y nueve edificios de tres pisos, intercalados en parques.

Mucho cambió. La Ciudad creció a lo alto, con torres de departamentos -que los vecinos de acá repelen- y el Rawson devino en remanso, a metros del trajín de las facultades de Agronomía y Veterinaria de la UBA y del Metrobus de Juan B. Justo, ya poco accesible en términos económicos y protegido con sistemas de vigilancia privada variados.



Igual, el barrio es único en muchas cosas. Uno de los más lindos de Buenos Aires. No hay negocios. Sólo un bar y restorán encantador, Rayuela. Y una placita con rayuelas pintadas en el pavimento.

Es que el Rawson fue el último lugar de la Ciudad donde vivió el joven Cortázar (1914-84), autor de la novela Rayuela (63), antes de partir a Francia.

Y Julio Cortázar en el corazón: los recuerdos de quienes lo conocieron

Como dice una placa en el edificio que habitó en Artigas 3426, el clima del barrio está en varios de sus relatos. Y su nombre, en una de las calles del barrio.

“Por Tinogasta y Zamudio bajó Clara taconeando distintamente, saboreando un sol de noviembre roto por islas de sombra que le tiraban a su paso los árboles de Agronomía. En la esquina de Avenida San Martín y Nogoyá, mientras esperaba el ómnibus 168, oyó una batalla de gorriones sobre su cabeza...”

Escribió, por ejemplo, en el relato Ómnibus, de Bestiario (1951).

Lo que contó ahí podría pasar ahora. Hay islas de sombra. Pájaros bravos. Y además a los gatos no les importa el boxer que pasea con su dueño delante de ellos. Los gatos fueron, son “guardianes del barrio”, como describió el escritor.

Por eso, también, éste es un paisaje de cuento. Uno de esos escenarios donde tampoco sería raro encontrar cronopios, famas y esperanzas.



1) Feria. Tres cactus o suculentas pequeños por $100. Plantines de orégano por $20. Y de ají picante, tan rojo que quema, por $25. Como si la sombra de los árboles del predio de la Facultad de Agronomía y la de Veterinaria de la UBA no bastara en verano, los segundos fines de semana de cada mes funciona allí una feria: Del Productor al Consumidor.



Para mirar. La feria de productores y artesanos en el predio de la UBA en Agronomía.



Plantines. En la feria Del Productor al Consumidor, en el predio de Agronomía de la UBA.

Desde hace unos cuatro años, a los costados de la Avenida de las Casuarinas, ofrecen desde dulces y berenjenas en escabeche hasta quesos, yerba orgánica y artesanías, entre otros productos.

Desde la feria contaron que reúnen, en promedio, a más de 120 productores y artesanos.



Verdes. Los puestos de verduras, un clásico de la feria de productores de Agronomía.

-¿Y los verduleros? -preguntó una señora el domingo.

Ese día no estuvieron. Y casi no hubo puestos de comidas. Es que era la primera edición 2017. Y febrero, dicen desde la organización, es un mes particular porque siguen las vacaciones, "el clima es un poco traicionero" y "el calendario, bastante ajustado".

A la feria se entra por Avenida San Martín y Nogoyá -donde toma el colectivo 168 uno de los personajes de Ómnibus, relato de Cortázar- y por Avenida de los Constituyentes y Beiró. De 10 a 19, gratis.

Para chequear la agenda, consultar su Facebook o Twitter. Ya tienen un hashtag para resumir su idea: #LaFeriaMásLinda

2) Plazoleta. La Carlos de la Púa -bautizada así en homenaje a ese autor, figura del lunfardo, llamado también Malevo Muñoz- es el corazón del barrio Rawson. En el tercer piso de edificio de enfrente, vivió Cortázar. Por eso, las rayuelas recreadas en las calles y veredas. A pesar de las pintadas en el mástil, los bancos de alrededor son perfectos para mirar y llevarse una postal del barrio redondita como la propia plazoleta. En Artigas al 3200.



Plazoleta de la Púa. Con rayuelas pintadas en el pavimento



Homenaje a Rayuela. En 2009, en la 9 de Julio. / Fernando de la Orden

3) Cortázar. En uno de los departamentos del tercer piso de este edificio privado vivió Cortázar (1914-84) parte de su juventud: entre los años 34 y 51. Cuando daba clases en colegios de la Provincia de Buenos Aires, iba a visitar a su mamá y a su hermana.



Tercer piso. Acá vivió Cortázar durante su juventud. El edificio de Artigas 3246 es privado



Panorámica. Del edificio donde Cortázar visitaba a su mamá y su hermana en el barrio Rawson.



Placa. En Artigas 3246, recuerda que allí vivió Cortázar antes de instalarse en París./ Alfredo Martínez

Sobre la fachada una placa dice: "En este edificio vivió Julio Cortázar; el clima del barrio Rawson y Agronomía está presente en varios de sus cuentos". Y otra recuerda la restauración del edificio y su reconocimiento como patrimonio histórico en 2012. En Artigas 3246.

4) Típica. Ésta es una de las 104 casas de dos plantas diseñadas para el barrio Rawson. Su aire inglés, aún conservado, se convirtió en uno de los símbolos de este remanso en Capital. Las hay más humildes o más pitucas, más petisas y más floridas que arboladas. Pero entre todas crean la atmósfera plácida del lugar.



5) Rayuela. Así se llama -además de la gran novela de Cortázar, publicada por primera vez en 1963- y este local, que abrió en 2015. Se autodefine muy bien: "Bar, café, restaurant, refugio, de linda vereda, en el barrio Rawson, triángulo enclavado en Agronomía, rodeado de árboles, pájaros y casas añejas".

Se trata de un espacio moderno y coqueto que propone una carta donde conviven las ensaladas y los sándwiches gourmet con tortas que evocan a las de la abuela.

El sándwich de salmón con papas rústicas vale $190 y la jarra de jugo de pomelo con miel, para compartir, $130.

Para más información, visitar el Facebook del lugar. En Artigas 3199.



Dato: Vale la pena mirar la pizarra del bar- restó Rayuela. Al lado del dibujo de la rayuela, hubo otros dibujos, dibujos hechos con tizas por el vecino Langer, por ejemplo. Y suele haber textos. "Yo era así antes de que tú llegaras. Caminaba por las mismas calles...", decía hace un tiempo. "Para leer en forma interrogativa/ Has visto/verdaderamente hasta visto/ la nieve los astros los pasos afectados de la brisa...", se lee ahora. ¿No que vale la pena?





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