Pettinato estuvo en la carcel de Devoto?

Por: Tatiana Schapiro
El irreverente conductor y músico, quien culmina las presentaciones de "Me quiero portar bien", habló con Infobae sobre la tv argentina, su relación con el dinero y su presente laboral. "El Duro de Domar de antes era mejor", aseguró, en medio de rumores de regreso al 13


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Pettinato estuvo en la carcel de Devoto?
30/11/15



—Excluyéndote a vos, ¿quién considerás que es el mejor conductor de la televisión?

—No hay un mejor conductor. Hay algunos que son muy valiosos y hacen muy bien su trabajo. Hacen trabajos que yo no sé hacer: yo no sé hacer de Julián Weich, no sé hacer con ese entusiasmo de [Santiago] del Moro, que, obviamente es un falso entusiasmo, porque somos conductores y uno hace que le interesa, o Guido Kaczka. Intenté hacer un par de programas haciéndome el Nicolás Repetto con las cartas y los dados, y era pésimo. No es que era pésimo porque no era gracioso, es que la gente no me creía, por lo tanto era pésimo. Como conductor sí puedo decir, aunque no lo tenga, que soy el único que puede hacer un show de medianoche. No hay ningún otro, se terminó.

—¿Falta acá un buen show de medianoche?

—Es que acá la gente sigue creyendo que [Alejandro] Fantino es el mejor preguntador y periodista, pero es porque yo no estoy, porque no tengo tiempo. Estoy con Duro de Domar, con todas las pelotudeces que hago.

—¿Si te llamaran para conducir Showmatch, lo harías?

—Lo haría, pero obviamente sería por el dinero. Soy muy consciente de que trabajo dentro de la máquina de la televisión. Hago cosas a destajo, algunas que las pego y son de las que me gustan, como Orsai a la medianoche, con el gordo [Gonzalo] Bonadeo; Duro de Acostar, en Telefe, con el traje amarillo que fue el primer talk show de la noche; el Duro de Domar de los años anteriores. El de ahora está bueno, pero el de años anteriores era mejor. Hay algunas cositas que las pegué. Otras las hago así, tipo: "Bueno, ¿qué querés que haga? ¿Que vaya a la plaza y la gente cante? Bueno, vamos". ¿Tocarías con Fito Páez? ¿Tocarías con Enrique Iglesias? Y, bue...

—Si hay que ir, vamos.

—¿Cuánta plata hay? Voy, toco cuatro notas y lo toco. Pero vos sabés claramente que no es eso.

—¿Y qué no harías por ninguna plata del mundo?

—Tocar con Enrique Iglesias no lo haría. Ni con ningún músico. No soy de andar tocando por ahí.

—Ahora viene [Ricardo] Arjona. ¿Si te llama, le decimos que no?

—No, no. Arjona me parece un demente total. No está en mi cabeza escribirle a la grasa abdominal ni a la menstruación. No sé si se está burlando de las mujeres o si es una buena onda.

—¿Por qué seguís trabajando?

—Ah, porque me gasté toda la plata (risas). Siempre digo: "Soy una persona que vive bien, tiene sus mismos discos y sus cosas", pero no tengo plata ahorrada. Necesito trabajar, porque no tengo plata ahorrada, en serio. Es una cosa absurda.

—En el imaginario colectivo una figura como vos es millonaria.

—Toda la vida dije que no hay que ser millonario, eso es de grasas. No hay que ser millonario, hay que lucir millonario. Entonces te esforzás la mitad del tiempo. No tenés que amargarte, porque todos los millonarios tienen una cara de amargados. No creo en el súper millonario gracioso, divertido y alegre. Tienen unas expresiones que vos decís: "Dios mío". No está bueno ser millonario, pero sí lucir como. En una época que me hacía trajes de cualquier cosa, iba y agarraba telas de un hotel alojamiento, como decir cortina de hotel; la gente se creía que los trajes que usaba eran "guau".

—Me encanta que no chamuyes, porque podrías decir perfectamente "Trabajo por vocación, no podría vivir sin trabajar".

—No creo en la vocación, creo en el placer, en esa visión Peter Pan de la vida. Me puedo quedar toda la tarde escuchando discos, rascándome, mirando un rato la tele; o sea, no creo en el trabajo. El inicio de la esclavitud es el día que algún hombre Neanderthal dijo: "Yo no voy a trabajar más, pero va a trabajar él", y ahí empezó la esclavitud. Le dijeron: "Si vos trabajás, yo te doy medio diente de mamut". Y el otro dijo: "Bueno". Así sucesivamente y se armó una pelota. El trabajo me parece totalmente antinatural para el ser humano. Tampoco creo en los que dicen: "No, el trabajo hace bien a la mente, porque te despeja". ¿En serio? Yo pensé que era estar en la cama con una hermosa mujer, pasar toda la tarde tirados, tomar mate y hacer el amor. Después leemos un libro, y yo digo: "Tengo un tema" y traigo la guitarra. Yo creo que era eso.

—¿Estaríamos con cinco hijos ya?

—No lo sé. Cuando tenía 22 años, dije: "Por suerte, voy a viajar por el mundo y quiero vender panchos en Nueva York", porque había hecho números y me di cuenta de que vendiendo panchos podía alquilarme una habitación y, a la noche, con lo que me sobraba, ir a escuchar jazz. ¿Hay algo más lindo que con lo poco que gano a la noche irme a ver standaperos de primer nivel por 20 dólares y a comer? Y decía: "Por suerte, no voy a tener hijos".

—Tuviste cinco finalmente. ¿Cómo son las edades?

—Tamara 32, Homero tiene 26, Felipe de 22 y estos dos chicos que son Esmeralda y Lorenzo de 7 y 5. El tema de los hijos es así: si ustedes quieren escuchar la verdad, escúchenla, si no, sigan en ese mundo de fantasía (risas). La verdad es que los hijos van creciendo y, de alguna manera, se van alejando. No es que van siendo descartados o dejados de lado, pero van haciendo su vida. Hasta una determinada edad, 18, 19, son hijos. Después se convierten en personas y se convierten en extraños. Mucha gente dice: "Mis hijos me robaron de la mesa de luz la plata". ¿Por qué? Porque no te reconocieron como padre (risas).

—Tamara es híper celosa con vos.

—Sí, pero es un tema de ella, lo tiene que superar. Yo siempre digo: "Tenés que superar a tu padre de alguna manera". No superar en la profesión, sino seguir tu camino y ella cree que es todo un truco que yo hago para salir con chicas menores que ella.

—Pensando en tu propia infancia como hijo, vimos hace un ratito un cochecito antiguo y me contaste que era tuyo cuando naciste en el exilio. —Sí, nací en territorio ecuatoriano, porque estuve dentro de la embajada el primer año y medio preso. No podíamos salir a la calle ni mis padres ni yo. Habían subido lo que se llamaba "los gorilas" y mis padres cayeron junto con [Domingo] Perón. Este carrito es el que usaba mi madre para llevarme de acá para allá. Era un carro con suspensión muy lindo.

—¿Tu padre fue policía de carrera y terminó siendo director del Servicio Penitenciario?

—No, papá nunca pudo hacer carrera de nada. Una cosa rarísima, porque le han dicho doctor, le han dicho profesor en materia carcelaria. Mi papá nunca estudió nada.

—Yo pensé que él había hecho toda la carrera y llegó a ser director.

—Yo le pregunté: «¿Papá, vos eras policía?». Y no. Él fue el director de la escuela penitenciaria porque la inventó. Una cosa muy rara. Entró en el servicio penitenciario, pero tampoco sé cómo entró, no sé si entró de cabo, de carcelero o de qué. Yo me confundía con el ejército y le decía: "¿Vos eras militar?". No era militar, eran del Servicio Penitenciario. Lo bueno que tenía mi padre era que los propios gorilas que estuvieron presos durante el Gobierno de Perón siempre dijeron: "La verdad es que Pettinato siempre nos trató muy bien". Y podrían haber dicho cualquier mierda. Porque eran, supuestamente, los que odiaban a Perón y esto de este sistema. Sin embargo, eran carceleros como de otra corriente, una corriente más humanística, eran otra cosa.

—¿Te llevaba?

—Sí. Conozco todas las cárceles. Las cárceles de Perú, las cárceles de Colombia. Era raro, mientras mis amigos iban al Italpark a jugar, yo el sábado tenía la inauguración de los nuevos inodoros y baños de las celdas del pabellón B de Villa Devoto. Entonces íbamos al pabellón B, que había unos baños bárbaros, o al penal de Olmos, o cuando salieron los presos políticos de 1974, yo estaba dentro de la cárcel y se armó todo el motín, empezaron a salir todos los presos. Estaba con [Juan Manuel] Abal Medina. Hay una sola foto que salió en la prensa que está Abal Medina padre hablándoles a los montoneros que están abajo y yo tenía 17 años y de repente sostenía el megáfono. Una foto desopilante.

—Y cuando vos empezaste tu recorrido, ¿te lo hizo fácil tu padre?

—No. Para nada. Mi papá no me vio en la tele, porque murió antes y, por otro lado, mi padre me decía: "Vagos no vamos a mantener en esta casa". Frase que aún uso: "Vagos no. O estudiás, o trabajás". Por supuesto, decidí trabajar y me consiguió el primer trabajo, que fue en la Dirección Nacional de Vialidad. Escribía a máquina, porque yo escribía muy rápido y era lo único que sabía hacer. Un embole, un enchote gigante, pero era el primer laburo.

—¿No llegó a poder ponerse orgulloso del artista tu papá?

—No llegó al artista. Creo que llegó a nombrar la palabra "saxofón" después de decir "trompetita" durante años. Él me dijo un día: "Yo quiero que vos seas mi sucesor y llegues a director nacional de cárceles". Bueno. Nada más lejos para un pibe que escuchaba los Beatles y Jimi Hendrix. Entonces yo decía: "Bueno, vamos a intentarlo". Intenté entrar en Derecho, me pareció imposible. Dije: "Yo no entiendo nada de estos zocotrocos, estos ladrillos así de Introducción al Derecho. Yo no voy a poder con esto".

—¿Te imaginás lo que sería un día que te den 24 horas un penal para que lo manejes?

—Seguramente saldrían un par de cosas, por olfato, como era mi papá, un gran olfateador. Se dio cuenta de cosas que se necesitan para que los presos estén mejor. Por más que vos digas: "Este tipo mató a cinco personas", ese tipo es un fucking ser humano que sigue vivo y está ahí condenado. No hay que convertirlo en una bestia peor. Una cosa es que vos seas una bestia como carcelera y otra cosa es que el tipo sea una bestia. Vos igualmente no tenés que ser una bestia como carcelera.

—Hablaste recién de esto que decía tu padre: "Vagos no mantengo". ¿Cuál fue el mejor consejo que te dieron?

—Mi mamá decía: "Vos siempre estás copiando a todo el mundo y a tus compañeritos del colegio. Lo que pasa es que vos no tenés personalidad. Yo no sé cuándo vas a tener personalidad. Mirá lo que es tu padre". A mí me parecía divertido lo que hacía de imitar a mis compañeros. Era en burla, una broma, pero a mi mamá le parecía que yo no tenía personalidad y eso fue un gran consejo. Los buenos consejos uno no los escucha, uno escucha la crítica y la crítica se tiene que transformar en un consejo.

—El 5 de diciembre te despedís de Me quiero portar bien en el Astral.

—Es muy difícil hacer los finales de algo, son como las relaciones, como los programas de tele, como todo. Hace 4 años que lo venimos haciendo, pero uno tiene que entender que no puede convertirse en una parodia de sí mismo. Yo podría seguir con esto, porque podríamos dar la quinta vuelta al país. El espectáculo nunca fue igual, depende el repentismo y las noticias que ha habido durante el día, la semana o el mes. Nunca hubo dos shows iguales.

—¿Es muy complejo ese ejercicio?

—Una vez dije: "Yo no sé cómo es hacer stand up, porque yo soy el stand up". Todos me miraban como diciendo: "Bue, el tipo que se cree mil". No lo dije porque me creo mil. Lo dije porque realmente, como yo, debe haber otros que son el stand up. Sos el tipo que lo genera en el momento, es el stand up verdadero, el stand up sin red. No es un stand up todo preparadito. Salsa criolla de [Enrique] Pinti no es stand up y, sin embargo, es un tipo solo hablando con un micrófono y podría no tener bailarinas. No es stand up, es como un monólogo actuado, recitado. Yo aparte me propongo siempre hacer la primera media hora totalmente improvisada.

—¿No da miedo?

—Claro, pero si vos sos el stand up, no te tenés que agarrar de nada, tenés que hacer el ejercicio de experimentar.

—No necesitás crucigramas, no necesitás sudokus, nada. Es un ejercicio mental constante.

—Es agotador, pero todo se soluciona cuando la primera gente se ríe. Si la gente se empieza a reír, ya está.

—¿En un asado de domingo en familia sos así?

—No hablo. Sólo utilizo la voz y la mente para ganar el dinero para poder mantener a la cantidad de divorcios e hijos. De grande me di cuenta de que no hablo. No sé, vos me ves en un asado y decís: "Es un enchote este tipo".

—En el verano te vas a la costa, pero ya no con este espectáculo, vas a hacer otra cosa. —Hasta ahora los planes son: Sumo por Pettinato, que es esta banda que acabo de formar en la que toco los temas de Sumo. Voy a terminar como Ringo, cantando Submarino amarillo a los 74, pero no me importa; empecé con esa música y con esa me iré. Formé una banda realmente muy poderosa y que tocan mejor de lo que tocábamos nosotros. Todo enero en la costa, en Pinamar, haciendo radio. Y el año que viene va a haber tres patas que son: la tele, el stand up y vuelvo a la radio.

—Para terminar, ¿cuánto de sexo, cuánto de droga y cuánto de rock and roll?

—De droga no hay nada y es una tontería que mucha gente cree. A mí lo que me da pena de la droga, sinceramente, es cómo se ha desvirtuado todo de tal forma que la gente cree que cuando vos decís algo loco o hacés algo loco, o tocás algo loco, es porque estás drogado. Eso es lo más patético que causó realmente la droga en el mundo. Un montón de gente dice: "No, yo no hago eso porque este tipo lo hace porque está drogado". Yo digo: "Pobre, si supiera que tomé una Cafiaspirina Plus y un café, se me cae la imagen". Entonces digo: "No, no, mejor que sigan pensando eso, que me conviene". El día que los Pink Floyd contaron que ellos no consumían nada cuando hicieron El lado oscuro de la Luna, que era mentira que habían tomado ácido lisérgico, hubo un cierto desencanto. Los tipos dijeron: "No, nosotros tomábamos té". Era verdad, eran copados del té. Y dijimos: "Ah, ¿en serio tomaban té?". No se puede trabajar, hacer tantas cosas y vivir en un descontrol y una locura. En general, al contrario, tenés que ser muy metódico. La gente sigue pensando que para decir algo genial o algo re loco tenés que tener algún estimulante y la verdad es que los estimulantes pueden ser para divertirse en una noche.



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