Villa Devoto: filmación de la serie Signos

En Signos, la nueva serie de El Trece, la tranquilidad de un poblado rural se ve sacudida por la aparición de un asesino serial, que encarna Julio Chávez.


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Villa Devoto: filmación de la serie Signos.
1/9/15



El proyecto no derrocha nada, pero tampoco escatima recursos para conseguir un producto ambicioso. La intención es seducir primero al público local, pero al mismo tiempo intentar trascender las fronteras nacionales y conseguir audiencias inmediatamente en América latina y luego -¿por qué no?- más allá también. A eso apunta Signos, la serie que produce Pol-ka en sociedad con la filial latinoamericana de Turner Broadcasting System y que se verá por El Trece y por TNT, desde el miércoles.

La historia es la de un asesino serial al que mueve un deseo de venganza que viene rumiando desde su infancia. La trama se desarrolla en un pueblo rural en el que, hasta la aparición de los primeros cadáveres, todo era calma y quietud. Después no.Se convirtió en un hervidero. Igual que las grabaciones que a diario llevan adelante el casi centenar de técnicos, extras y actores, bajo la guía de Daniel Barone para crear la fantasía que da vida al relato. Un espectáculo en sí mismo, con Julio Chávez, Claudia Fontán y Alberto Ajaka como cabezas más reconocibles, que resulta interesante detenerse a observar.

Sede del Hindú Club, en el corazón de Don Torcuato. Salones con sillones tapizados con cuero, paredes recubiertas en madera y chimeneas chamuscadas, con un aroma mixto a hollín y humedad debido a la larga falta de encendido.

Todo parece vacío, aunque la capa de polvo, pero con huellas recientes, que cubre el parqué de las salas y los pasillos, haga sospechar lo contrario. También hay decenas de cables, acompañando los zócalos y esforzándose para no enredarse, que indican actividad en el edificio. Un murmullo se percibe en algún sitio al final de esa seguidilla de habitaciones sin gente.

Como la vista de una planicie habitada al salir de un desfiladero estrecho aparece el gimnasio lleno. Ése es el lugar donde se concentra la actividad en este día de grabación de la serie. Tablones de madera sobre caballetes son las mesas en las que extras y técnicos prolongan alguna pequeña y animada charla posterior al almuerzo antes de encarar el trabajo en las escenas que se registrarán esa tarde. El personal de la empresa de catering ya retiró la mayor parte de la vajilla, lo que no nos permite enterarnos mediante una requisa visual qué incluía el menú del día. El buen ánimo de los comensales sugiere por lo menos que fue de su agrado. "Yo elegí la opción de colita de cuadril al horno con puré de papas y de postre creo que lo que comí era una torta de manzanas que estaba riquísima", nos confirma uno de los integrantes del equipo de iluminación mientras toma café. "Éste es un momento importante que esperamos todos. Es la bisagra en una jornada que empieza tempranito y que sin un corte se haría demasiado larga", dice una asistente mientras empieza a armar las vías para hacer travellings. Los actores no están en el lugar. Se los puede encontrar en los trailers ubicados en el estacionamiento del club. Comen algún sándwich y aprovechan el momento del almuerzo para repasar la letra, probarse algo nuevo del vestuario o realizar alguna actividad postergada por las urgencias de la rutina de grabación.

TRABAJO EN SERIO

Apenas un rato después, algo cambia en el gimnasio. Los restos del almuerzo no están más. Tampoco el clima distendido. Ahora la actividad es febril. Grupos de técnicos ajustan la iluminación. Luces detrás de las ventanas simulan rayos de sol en esta tarde completamente nublada. Otros ubican las cámaras y ajustan el foco. Varios grupos de extras se distribuyen en el enorme salón en el que caben dos canchas de básquetbol y van discutiendo entre ellos los movimientos que les toca realizar. Los elementos de utilería se mezclan con baúles en los que hay micrófonos, luces y lentes. Grupos de asistentes van separando las cosas y ubicando bidones con agua, cajones con verduras y latas de alimentos no perecederos en sitios adonde las cámaras tienen ángulo para registrar sus imágenes. El resto lo corren hacia lugares en los que no haya peligro de que entren en plano.

Barone va de un sitio a otro, dando indicaciones, siempre con buen humor. Acompañando sus instrucciones con algún chiste y una sonrisa como parece ser su costumbre. "Esto no dura para siempre. El tipo va matando de a uno a los habitantes del pueblo y con eso nos va allanando el trabajo a nosotros. En el último episodio, no hay escenas con tanta gente como éstas. Por lo menos, eso es lo que creo -dice poniendo cara de duda, antes de largar la carcajada-. No, mentira. Este tipo de escenas son las más divertidas. Hay que estar en tantos detalles que parece que uno no da abasto. Es como ir armando un rompecabezas, y ver que cada toma encaja perfectamente en el resultado final es placentero", agrega. La escena que van a grabar es una en la que la policía del pueblo reúne en un gimnasio a los habitantes de un mismo signo del zodíaco, para evitar que el asesino se cobre una nueva víctima. Pero para entender de qué estamos hablando habría que repasar un poquito cómo es esta historia que imaginaron los autores Leandro Calderone y Carolina Aguirre.

SED DE VENGANZA

Antonio Cruz -el personaje al que interpreta Hugo Chávez- es un médico común y corriente que vive con su hermana Laura (Claudia Fontán) y sus dos sobrinos en un pueblo tranquilo. Es un hombre sereno, culto, inteligente y reservado, además de ser un ejemplo de buen ciudadano. También un compañero para su hermana divorciada, a quien ayuda en la crianza de sus hijos y un sostén para su esposa Mónica, que ha quedado muda luego de un ACV. Pero Antonio no es quien parece. Hace 46 años guarda un secreto que lo llena de odio, de resentimiento y de furia: cuando él tenía diez años ocurrió un crimen que lo afectó y varios habitantes del pueblo conocen, pero no quisieron denunciar. Ahora él decidió hacer lo que considera justo: ir matando a algunos de sus vecinos, pero con una extraña lógica. Asesinará a uno por cada signo del zodíaco, al más despreciable de cada caso. Laura es la policía del lugar y su ex marido, Pablo (Alberto Ajaka), el fiscal del pueblo vecino. Ellos estarán a cargo de la investigación del caso durante la cual irán apareciendo secretos que al parecer todos, menos Antonio, prefirieron olvidar. Pero también dudas, porque tampoco la memoria del psicópata es tan inobjetable como él supone.

"La particularidad de este proyecto es cómo está construido el universo de este pueblo en el cual transcurre la historia. En este momento meterse en un policial que no tenga algo muy marcado cuando todo el mundo está haciendo policiales de tanta excelencia sería una torpeza", sostiene Barone.

El director explica que lo que hace especial al pueblo son los personajes, pero también la estética de la serie. "Los tres protagonistas tienen un tratamiento muy naturalista. Pero alrededor de ellos hay otros personajes con los que se tocan bordes cercanos al absurdo. Imaginate, hacer verosímil la existencia de un pueblo en el que uno de sus habitantes, y encima uno de los más respetados, mate a tanta gente de un día para otro requiere la construcción de un ambiente muy particular, para lo que confluyen un conjunto de caracteres especiales y un trabajo de realización de arte y de fotografía no habitual", agrega.

Siguiendo con el tema de las particularidades, en esta serie no se trabaja ninguna escena en estudio. Todas las grabaciones se realizan en locaciones reales. De esta manera, además de estas jornadas en Don Torcuato, los equipos estuvieron en otras locaciones ubicadas en Pilar, La Plata y Villa Devoto. La rutina habitual empieza cerca de las siete de la mañana, cuando llegan los trailers que se estacionan en la zona y los técnicos empiezan a armar la iluminación, los equipos de grabación y de sonido, además de acondicionar en el lugar la escenografía y disponer los elementos de utilería que se usarán en las grabaciones. Alrededor de las ocho de la mañana llegan los primeros actores que estarán listos para grabar luego de haber sido maquillados y de haberse puesto las ropas del personaje, cerca de las nueve de la mañana. La jornada se extiende hasta las seis o siete de la tarde.

"La necesidad de tener a mucha gente en movimiento es una de las características de esta producción. Están los tres protagonistas, pero hay unos quince actores secundarios que tienen continuidad durante toda o casi toda la serie -cuenta el director-. Con los extras hay una cuestión adicional. Muchas imágenes de ellos de escenas multitudinarias de los primeros capítulos, más adelante son replicadas y se las somete a un trabajo de posproducción en los que digitalmente se cambia la ropa que visten", explica a continuación. Roberto Carnaghi, Leonor Manso, Luciano Cáceres, Luis Luque, Pilar Gamboa, Héctor Bidonde, Noemí Frenkel, Miriam Odorico y Cristina Alberó son algunos de los actores con papeles con continuidad a los que se refirió Barone. Un elenco que promete buenos resultados.



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