La ciudad del robo cada cuatro minutos

Un robo acaba de suceder en la ciudad de Buenos Aires y a partir de este instante ponemos el cronómetro. Listos, preparados, ya.
Puede ser un robo a una casa, un hurto en el subte que luego se denuncie a la Policía -aunque esto es casi un milagro-, un asalto a mano armada en la calle, una entradera, una salidera, el robo de un auto o el asalto en un edificio de cualquiera de los barrios porteños.


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La ciudad del robo cada cuatro minutos.
6/7/15

Hoy se eligen candidatos para gobernar la Ciudad y todos ellos se refirieron a la inseguridad en sus campañas, con diferentes enfoques. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de inseguridad en la Ciudad de Buenos Aires?

Los últimos informes reservados de la Dirección de Inteligencia Criminal de la Policía Federal dicen que en el primer trimestre de este año se habían cometido 34.235 robos en Buenos Aires. Son 11.412 por mes, 380 por día. Aunque esos mismos informes aseguran que los delitos contra la propiedad bajaron un 13% en promedio con respecto al año anterior, sigue siendo una cifra considerable por tratarse del distrito más vigilado del país: con más de 25.000 policías federales y metropolitanos en apenas 200 kilómetros cuadrados, la Ciudad tiene 12.255 manzanas en su catastro oficial. La cuenta es contundente: hay dos policías por manzana. Esto sin contar los cuantiosos refuerzos de Gendarmería y Prefectura que se suman en el llamado Cinturón Sur de Barracas, La Boca, Parque Patricios, Pompeya, Lugano o Soldati. Con ellos, el promedio de vigilantes en la superficie porteña aumenta. Y ni hablar si sumamos a la seguridad privada. No hay un lugar más vigilado en toda la Argentina.

Un minuto.

Sin embargo, bien mirada, a la Ciudad no le sobran agentes sino que le falta una estrategia definida y unificada para enfrentar al delito. Una lupa sobre el mapa empieza a mostrarnos las grietas a medida que la vamos acercando: la policía de la ciudad es la Metropolitana, pero no está en toda la ciudad. Sólo en algunos barrios, que son menos de la mitad. La Federal cubre toda la Ciudad con sus comisarías, pero es una fuerza con alcance nacional y ya ha planteado problemas de jurisdicción en los sitios en que le toca convivir con su par local. La tensión entre ambas fuerzas llevó al secretario de Seguridad nacional, Sergio Berni, a prometer que el 15 de septiembre pasado sacaría a la Federal de los barrios donde actúa la Metropolitana. Significaba sacar a 3.600 policías federales de las 12 comisarías con jurisdicción en los 14 barrios donde está la Metropolitana, entre ellos Saavedra, Villa Urquiza, La Paternal, Chacarita, Villa Crespo, Pompeya, La Boca y Barracas, donde viven 750.000 porteños. La amenaza no se cumplió.

Gendarmes y prefectos son convidados de piedra en una zona en la que entran y salen de acuerdo con las necesidades políticas o las variaciones del mapa del delito. Federales y metropolitanos no los quieren: llaman, despectivamente, "bichos de frontera" a los gendarmes y "bichos de río" a los prefectos. No se ve, de todos modos, una mejora sustancial de la seguridad porteña por su presencia: en la villa del Bajo Flores, custodiada por gendarmes, se sigue comprando y vendiendo cocaína como en cualquier barrio de Medellín durante el reinado de Pablo Escobar. Y cada tanto -cada tanto es sólo cada 3 o 4 meses- nos sorprende allí otra matanza múltiple por venganzas cruzadas entre narcos.

Dos minutos.

La Ciudad tiene entonces cuatro fuerzas que la vigilan, pero depende de en qué barrio se viva le pueden tocar una, dos o las cuatro, y eso tampoco garantiza nada. Los barrios no cotizan en el mercado inmobiliario por la cantidad de fuerzas que los custodian. O, en todo caso, tienen un valor inversamente proporcional: las calles que rodean a la villa de Barracas tienen federales, metropolitanos, prefectos y gendarmes, pero sigue habiendo allí más crímenes que en cualquier otro lugar de la Ciudad. A veces, sumar resta. Es difícil que un equipo de 14 jugadores improvisados y fuera de forma puede ganarle a uno de 11 con una estrategia bien planificada y en buen estado físico.

El problema que tienen las zonas donde están todos es justo ése: como es de todos, no es de nadie.

Mucho mirar para otro lado. No sería entendible, sino, que hubiera robos constantes a lo largo de toda la avenida 9 de Julio, desde Retiro hasta Constitución, ni que Corrientes sea un páramo complicado por las noches, después de la último función de los teatros. Una buena explicación está en una sola cuadra del Centro: la de Diagonal Norte, entre el Obelisco y Plaza Lavalle, donde los vecinos se cansaron de denunciar a una banda que roba en la zona y amenaza si no se les da "peaje", y fueron a reclamar a la Federal y a la Metropolitana. En cada fuerza les contestaron que fueran a la otra.

Tres minutos.

Como las estadísticas no se difunden -los números que aquí se consignan están en planillas que tienen en su encabezado la palabra "confidencial"- los vecinos se reúnen en asociaciones barriales que arman sus propios mapas del delito. Y así nos enteramos de cuánto crecieron los robos en la zona Norte de la Ciudad: Palermo es el barrio con más arrebatos, con un aumento de casos notorio en Recoleta, Belgrano y Núñez. Allí mismo se consigna que la Plaza San Martín, Caminito y Monserrat son los lugares más peligrosos para los turistas y que la estación 9 de Julio de la línea D es la que registró más casos de hurtos en el subte porteño.

Villa Urquiza pasó a integrar la zona de los "barrios calientes": allí un jubilado murió de un infarto mientras lo asaltaban en su casa, este año, y los vecinos protestan una y otra vez por la ola de robos en las adyacencias de la avenida Alvarez Thomas. Y ya no hay sitios inexpugnables: en estos meses balearon a un cliente en una heladería de Caballito y asesinaron a un subcomisario de la Federal cuando quisieron robarle el auto en Parque Chacabuco. Víctimas de 62 años, de 34 o de 5. Esa edad tiene el nene que el mes pasado fue baleado en la cabeza en Villa Devoto mientras ladrones y policías se tiroteaban en una persecución.

No es Buenos Aires la ciudad más insegura de Latinoamérica, ni por asomo. Pero eso no quita que los porteños necesiten vivir en una ciudad más segura y, sobre todo, más organizada y con estrategias más claras y transparentes contra el delito. En esta Ciudad hipervigilada aún muere gente en asaltos, aún hay un robo a mano armada cada 30 minutos y aún se roba un auto cada hora.

Cuatro minutos.

Click. Detenemos el cronómetro. Ahora, en este mismo instante, alguien está denunciando otro robo en algún barrio porteño.

El nuevo jefe de Gobierno deberá enfrentar, también, esta realidad oculta que late bajo las avenidas, los parques y los turistas fascinados que van tras el último rastro de Gardel: la ciudad donde hay un robo cada cuatro minutos.






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