Cardenal Villalba; un regalo de Francisco a la Argentina.

El primer domingo del año nos sorprendió con una grata noticia: el Papa Francisco anunció que entre los nuevos Cardenales que creará en febrero estará Luis Héctor Villalba, actualmente Arzobispo Emérito de Tucumán.
  


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Cardenal Villalba; un regalo de Francisco a la Argentina (Click en la foto)
7/1/15

Y es una alegría especial para mí porque conozco al nuevo Cardenal desde hace más de 40 años y puedo dar fe de su capacidad pastoral y su sencillez inigualable. Cuando sus amigos, parroquianos o diocesanos hablan de él, suelen decir: "Villalba siempre fue y es un párroco" o "Cuantos más curas conozco más quiero a Villalba".

Es que aun mientras desempeñó tareas sacerdotales o episcopales nunca dejó de ser un hombre ocupado en lo cotidiano, atendedor de cada persona o grupo, conciliador incansable de todo tipo de situaciones, confesor de enorme capacidad y un hombre en constante proceso de oración y comunión con su gente... El nuevo Cardenal argentino fue y es un cura, "un pastor con olor a oveja".

Podría contar muchos momentos compartidos durante una cercanía amical de más de 40 años; que presidió los bautismos de mis dos hijos, que me acompañó a enterrar a mis padres, que gritó en casa los goles que nos dieron el Mundial del '78, o que prologó mi primer libro, entre otras cosas que lo mostrarían en su esencia. Pero es bueno saber que en su tarea de servicio a la Iglesia caminó pastoralmente como superior del Seminario de Villa Devoto, como párroco durante muchos años en la Basílica Santa Rosa de Lima (en Congreso) y luego consagrado como Obispo cuando sirvió en el Barrio de Flores, en la Arquidiócesis de Buenos Aires, en San Martín y finalmente en Tucumán, donde decidió residir luego de que se le aceptara su renuncia por razones de edad.

Pero hay datos que es bueno tener en cuenta para comprender por qué el Papa Francisco le ha querido confiar el Capello cardenalicio. Lo conoce mucho y muy profundamente pues fue a quien sucedió en la Vicaría Flores de Buenos Aires. El entonces joven obispo Jorge Bergoglio, Auxiliar de Buenos Aires, siempre decía que se encontró con un trabajo pastoral que sólo tenia que continuar "porque Villalba había dejado todo sembrado". Y años después, ya en la Conferencia Episcopal, el hoy neocardenal fue el Vicepresidente de Jorge Bergoglio en las presidencias del hoy Papa Francisco en la CEA, acompañándolo siempre.

Un hombre sencillo, de enorme formación, de fe profunda y de voz autorizada, reconocida por todos los prelados de la Argentina. Nunca participó de internas ni hizo ruidos con frases grandilocuentes pero su sabiduría abrevaba las consultas de laicos, sacerdotes y obispos. Muchos recordarán sus formidables homilías en los Te Deum, de los días 9 de Julio, en Tucumán, en las que con sencillez y precisión pastoral regalaba miradas de padre a los momentos de la patria.

Cuando nos encontramos suele preguntarme: "Y, ¿qué noticias hay? ¿Cómo anda la Iglesia?" Y con mi matriz periodística le contaba y cuento lo que sabía o lo que había escuchado pero jamás le oí a él un comentario o una descalificación. Aún en nuestra cercanía amical nunca me contó algo que fuera reservado a su nivel episcopal. Siempre su atención implicaba escuchar otra campana para poder seguir siendo un pastor.

Hace poco, en octubre, almorzando en su casa en Tucumán, a punto de cumplir sus juveniles 80 años, me confiaba que estaba feliz de volver a ser un cura de parroquia y cuando hablamos, tras conocer la noticia, me confió: "Estaba en casa viendo el Ángelus, como todos los domingo, y ahí lo escuché al Papa decir mi nombre. No lo podía creer"... Así de simple...

Se agolpan recuerdos que intento ayuden a descubrir a este formidable Pastor y pienso en cómo, siendo párroco, fue Monseñor Villalba quien dio una dinámica nueva a Cáritas. Hasta la década del '70 las Cáritas Parroquiales solían dar una atención asistencial con ropa y medicamentos algunos meses en el año. El entonces párroco de Santa Rosa confió a los jóvenes un proceso nuevo y transformador, de atención diaria, que buscara soluciones asistenciales inmediatas y de promoción a quienes llegaban diariamente con problemas múltiples.

Porteño -como a Jorge Bergoglio le gustaba caminar la ciudad-, simpatizante de Racing -asi hincha de la Academia, ahora feliz con el nuevo campeonato-, buen puntero izquierdo en sus tiempos juveniles y extraordinario catequista y dirigente. Hijo eclesial de la Acción Católica Argentina. Padre de sus fieles, hijo y hermano ejemplar, que siempre cuidó a su madre y a sus dos hermanas y las acompañó como cualquier persona cuida a su familia.

Conoció a San Juan XXIII cuando estudiaba en Roma, la que recorría con una motoneta, y le impresionó su afabilidad y simpatía; San Juan Pablo II lo eligió para el episcopado y una de sus primeras tareas fue coordinar, junto a Mons. Jorge Casaretto, la Jornada Mundial de la Juventud de 1987 en Buenos Aires.

Tal vez en su escudo y lema episcopal se sintetizan sus virtudes y lo que él entiende de su servicio. Sobre el campo verde la Cruz, luego las imágenes del báculo del Pastor y la oveja (su pueblo y el Cordero de Dios) y su lema que define su trabajo desde el comienzo: "Apóstol de Jesucristo".

El Papa Francisco le acaba de regalar a la Argentina la imagen que él considera debe ser la de un sacerdote, la de un pastor. En el ya Cardenal Luis Héctor Villalba se sintetizan las virtudes que un sacerdote debe tener en estos tiempos. Y es una alegría para la Argentina y para la Iglesia en la Argentina.



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