Y volvieron Los Brujos.

En la apertura del Ciudad Emergente, la banda se reunió después de más de 15 años, presentó temas nuevos pero ¡no sonó "Kanishka"! Volvieron Los Brujos. Sobre el escenario del festival Ciudad Emergente, en el Centro Cultural Recoleta, la banda que definió la escena alternativa de los 90, que construyó su propio mito alrededor de presentaciones desquiciadas y -sólo- tres discos, regresó a más de 15 años de su separación oficial.
  
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Y volvieron Los Brujos   
11/6/14

Volvieron, y en versión 2014. Con la sofisticación de sus trajes, en elegante blanco y negro y sombreros cónicos, las sombras de la nueva formación (a Sergio Moreno, Metal Lee Chi, lo reemplazó Gregorio Martínez, bajista de Buenos Aires Karma y Leo García) se erigieron para proyectar la primera postal visual del evento histórico. Estos son los nuevos Brujos: su imagen renovada acompañó el anuncio del regreso hace un par de meses, la evolución de aquellos disfraces de bajo presupuesto, de harapos pegados con cinta adhesiva, hacia esta adultez pulcra pero igual de misteriosa, hasta masónica. Desde su solemnidad, los nuevos Brujos aparentan dominar las artes ocultas, una magia más oscura.

Los nuevos sonidos parecerían denotar también la transformación pero cuando el instrumental del inicio mutó en "Gagarin" y significó la aparición en escena de los cantantes Ale Alaci (antes Robo-Yi, ahora ZPQ) y Ricky Rúa (antes Mala-Yi, ahora Elle iluminatti), todo volvió a 1995. Y cuando una geisha entró para pronunciar las palabras mágicas "los brujos wa uchú kara kite iru no de mon dai nai", "Psicosis total" estalló el pogo descontrolado del predio atestado no sólo de nostálgicos, también de rencorosos que pensaron que se iban a morir sin vivir la experiencia de Los Brujos en vivo. Los recuerdos de los tugurios, los Gran Omi, los Cementos, el sudor, el mosh violento de los atlantes se dispararon por las voces complementarias de dos sacados que no esperaron para revolcarse por el piso y desplegar su histrionismo exagerado, revolear los sombreros a la mierda.

Los necesarios "Canción del cronopio", "Piso liso", "Flipper" se intercalaron con otras nuevas piezas (que formarán parte de un disco prometido para septiembre: el regreso será completo, como debe ser), la estrenada con el anuncio "Beat Hit" (recuperada de ensayos del 98, con Gabo Manelli en el bajo), "La hiena", "Buen humor". Dos clásicos inmortalizaron dos momentos fundamentales y opuestos. El primero fue "Vudú", con la densidad tenebrosa de un canto de sacrificio, todos con bolsas de arpillera en la cabeza, en un Halloween bizarro y la viola sónica de Gabriel Guerrisi (antes X Mental, ahora Etna Rocker) en el solo hipnótico. El segundo fue, claro, "Sasquatch". El pulso punkcore de la batería, el funk metálico, la demencia lírica de un tema sobre el yeti, la agresividad del público que se fue benjaminbuttonizando a lo largo de una hora y pico.

"La gira intergaláctica duró un largo tiempo pero ya estamos de nuevo en la Tierra: the aliens are back", dijeron antes del final, un aliciente para la gran carencia del listado, una falta insospechada, insólita incluso para este nivel de absurdo. Porque volvieron Los Brujos pero no tocaron "Kanishka". Que vuelvan otra vez.







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