"Lumpen" marca el promisorio debut de Luis Ziembrowski en el cine.

Es una película incómoda y perturbadora que se estrena el jueves y en la que describe la pesadilla de un hombre acosado por "el rencor, el resentimiento, la envidia e intolerancia" de un entorno social que parece caerse a pedazos sobre él.
  
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"Lumpen" marca el promisorio debut de Luis Ziembrowski en el cine.   
3/6/14

Protagonizada por un sorprendente Sergio Boris, quien encarna a un hombre de clase media temeroso y desilusionado que alguna vez tuvo convicciones e ideales pero hoy se vuelca a la indiferencia y la desidia, la opera prima de Ziembrowski fue muy bien recibida por el público en el último Festival de Mar del Plata.

Con las actuaciones de Diego Velázquez, Alan Daicz, Analía Couceyro y Daniel Valenzuela, "Lumpen" retrata, según afirmó su autor en una entrevista con Télam, "un mundo con personajes canallescos, el tugurio argentino”.

“La película identifica una forma argentina rota y vencida, describe a ciertos personajes que hace tiempo que no están presentes en el cine nacional, y es una punta del gran Buenos Aires que está oxidándose", señaló.

Oscura e inquietante, con un gran trabajo de puesta en escena y un diseño sonoro que ahonda en la desesperación del protagonista, la película es un retrato muy angustiante de parte de la sociedad argentina y hace hincapié en algunas miserias latentes en sectores que se manejan entre sombras, como la intolerancia, la homofobia y el odio racial.

"Son personajes casi de otra época que arrastran una fuerte referencia política de 2001. Es como si hubieran quedado detenidos en aquel momento, lo cual no significa que todo aquello no pueda volver a suceder. Lamentablemente, esa forma argentina es un sedimento y una violencia latente que existe aunque no esté visibilizada", afirmó Ziembrowski de manera premonitoria.

Ziembrowski sostuvo que la génesis del filme fue la crisis de 2001, donde "la idea de comunión y sociabilidad había explotado. Eso me ofrecía una materia dramatúrgica que era muy rica y creo que eso se ve en la película: el resentimiento, el rencor, la envidia y la intolerancia, un desmembramiento de la identidad social".

Si bien tiene una vasta trayectoria actoral que incluye filmes como "Sudeste" (2003; mejor actor en el Festival de Amiens), "La vida por Perón" (2005), "Tatuado" (2009; mejor actor en el Festival de Marsella) y "Un amor" (2011; mejor actor en el Festival de Ceará), Ziembrowski ya había trabajado como director en 2008 junto a Javier Diment, en el telefilme "El propietario".

"En todas las películas que hice como actor me fui metiendo en la puesta de cámara y en la forma de contar. Eso me permitió estar sobre la materia y aprender mucho de cada director, entendiendo a mi personaje y las escenas desde todos los costados artísticos y técnicos posibles", recordó el intérprete.

"Para mi `Lumpen` no es sólo el mundo lumpen, sino el `Lumpen` burgués que es Bruno, el protagonista. Muchos de nuestra generación decimos en nuestro interior que somos como él. Nos vemos reflejados en su doble moral y en cierta necesidad de cambio y en la cobardía para ponerlo en práctica", reconoció Luis.

Y agregó: "Muchos como Bruno enarbolamos en algún momento de nuestras vidas ciertas banderas que después se abandonaron. Él sigue manteniendo una máscara progresista, pero en realidad lo que no muestra, lo que lo carcome en silencio, es que abandonó todos sus proyectos e ideales".

En ese sentido, Ziembrowski admitió que con su película estaba interesado en hacer "una radiografía de la doble moral del `progre` argentino, que por un lado reivindica ciertos valores acerca de la libertad y al mismo tiempo siente un gran temor y desconfianza a los diferentes y a lo desconocido".

En relación a la paranoia que Bruno sufre a causa del entorno amenazante que lo envuelve a él y a su familia, Ziembrowski aclaró que "es la mirada de él sobre el mundo lo que lo vuelve inseguro, porque él no encara al mundo. Podría encarar a la gente y sus circunstancias de otra manera, pero no lo hace y eso es lo que le genera angustia y tensión".

La puesta en escena de la película se basa en "un mundo encerrado donde reina la desconfianza", algo que recuerda el concepto de "huis clos", que surge de la famosa obra teatral de Jean-Paul Sartre, "A puerta cerrada", que describía un pequeño infierno de encierro donde los otros seres humanos son la perdición.

"Quería que la película fuera perturbadora pero que al mismo tiempo produjera un atractivo muy grande. La idea era provocar una incomodidad que en vez de expulsar a la gente la atrapara en sus butacas. En Mar del Plata la sensación era esa: una asfixia, algo así como me quiero ir pero no puedo", resumió.