El poder narco de Santa Fe ahora se trasladó a las cárceles federales.

BARRIO.
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Son los delincuentes más temidos y poderosos de los penales. Juntaron millones con la venta de drogas y tienen soldados y sicarios. Entre ellos, se destacan "La Vieja Chela", "El Vasco" y el mafioso que habría comprado una clínica.
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El poder narco de Santa Fe ahora se trasladó a las cárceles federales.   
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14/5/14

Hace rato que el narcotráfico empezó a llenar las cárceles de soldados y sicarios. Ahora los que caen son los jefes. Dentro de los penales federales cada vez hay más santafesinos detenidos por hacer montañas de dinero con la droga. Estos internos, que modificaron las históricas estructuras criminales de su pago chico por el abundante flujo de efectivo que manejaban, son los nuevos capos. Y en el Servicio Penitenciario Federal están preocupados, porque saben que esta vez, al cuadrilátero, se subieron varios pesados.

LOS NUEVOS JEFES.

Reyna Isabel Quevedo eligió el rubio para ocultar el paso del tiempo. La Vieja Chela, como la llaman en Villa Gobernador Gálvez, cayó el 9 de febrero pasado en Metán, Salta, con 80 kilos de cocaína pura que viajaban escondidos en su camioneta Toyota Rav 4. Ahora pasa las horas en la Unidad 3 de Ezeiza, bajo un régimen de máxima seguridad, procesada por el juez federal Carlos Vera Barro, que la acusó de comprar en Bolivia la cocaína que luego cocinaba Julio Cesar Feldkircher, imputado en la misma causa. La señora es hermana de Carau, el narco de 58 años que fue asesinado en noviembre de 2012 de siete balazos por un sicario en la puerta de la casa de su hermana Delia, mientras cumplía prisión domiciliaria.

No son pocos los que aseguran que Reyna estuvo vinculada al homicidio rentado de Luis Medina. El rumor es que "Luisito" fue silenciado a principios de este año por asuntos estrictamente de negocios. Quevedo también era socia de Martín "Fantasma" Paz, ajusticiado en septiembre de 2012. Feldkircher y ella también mantenían estrechos vínculos con la familia Cantero, presuntos patrones de la zona sur de Rosario. El poder de fuego de esta mujer contradice su apariencia de abuela mansa. Eso mantiene en alerta a la cúpula penitenciaria, testigo del cambio en las relaciones de poder que provocaron los narcos detrás de los muros. Al igual que en la calle, donde muchos viejos ladrones colgaron los "fierros" para traficar droga, en las cárceles los códigos cambiaron. Antes, ganarse la vida vendiendo cocaína estaba mal visto por los hampones. Hoy, los capos se blindan con plata fácil. Mientras los pabellones de presos comunes se diezman en guerras inútiles estimuladas por los psicofármacos y ejecutadas con fierros afilados con rabia, los ranchos de los jefes de las organizaciones narcocriminales gozan de buena salud. La razón es clara: ellos son los nuevos "porongas". Los que tienen la plata y los contactos políticos. Por eso el SPF comenzó a ejecutar una nueva mecánica de trabajo, basada en la seguridad dinámica. Las fuentes consultadas por Tiempo Argentino aseguraron que, con la experiencia de la corrupción policial en Rosario, tuvieron que extremar el control sobre los oficiales penitenciarios, para evitar fugas y otros favores. Y revelaron que viajarán a San Pablo, Brasil, para estudiar cómo contrarrestar el poder de la droga en las cárceles.

Otro de los santafesinos que acabó sus días en una celda federal es Carlos Andrés Ascaini, "El Vasco" de Villa Cañás, conectado al ex jefe de la policía de Rosario, Hugo Tognoli, detenido por la Policía de Seguridad Aeroportuaria. Según los investigadores, Tognoli "protegía" los negocios iniciados por Ascaini. Un hombre que hoy duerme en la planta 6 de la cárcel de Devoto. La semana pasada habló con un programa de radio de Rosario y contó que está en un "módulo de conducta" y tiene "acceso a un teléfono público en el que la tarjeta dura ocho minutos". En la calle, Ascaini, actualmente en huelga de hambre, mantenía aceitados lazos con la policía. Antes de su caída, los oficiales de su ciudad le habían entregado las fotos de los autos de la PSA que lo investigaban. Al igual que la Vieja Chela, El Vasco fue procesado por el juez Vera Barros. Pero si estos reos son de cuidado, que decir de Patricio Gorosito y Carlos Salvatore, involucrados en la Operación Carbón Blanco, y por el momento lejos de las rejas.

Gorosito, santafesino y empresario futbolístico, y Salvatore, abogado, porteño y vinculado a Reynaldo Delfín Castedo, histórico narcotraficante salteño que supo coronar embarques de cocaína auspiciados por la mafia italiana, gozan del beneficio de ser millonarios.

El primero, capturado en Barcelona, España, donde había viajado para coordinar los cargamentos enviados a Portugal, está alojado en su propia casa, en Arroyo Seco, lejos de la violencia enrejada. Su compañero de causa, que cayó mientras paseaba por un shopping rosarino acusado de ser el financista de la operación, está alojado en el cuarto piso de una conocida clínica ubicada sobre la Avenida General San Martín de Florida, en Vicente López. Dicen los médicos que sufre del corazón. Pero lo que nadie se anima a revelar es que Salvatore sería el verdadero dueño del lugar. Que compró la clínica para vivir tranquilo y seguir manejando desde allí sus negocios. Pero antes de ser trasladado a Buenos Aires, estuvo alojado en Chaco. Allí quedó su auto, el Volvo último modelo que luego empezó a manejar el ex jefe de Drogas Peligrosas, Edgardo De la Cruz, quien tuvo que dar explicaciones cuando hallaron el coche de alta gama estacionado frente a su oficina. Pero no sólo el Volvo de Salvatore fue "donado" a la policía chaqueña. La dependencia donde estuvo alojado también recibió un gesto suyo: seis equipos de splits para amainar los efectos del calor agobiante. Un gesto a tono con la época.



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