Benjamin Biolay: “Me encantaría trabajar en una película argentina”

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Uno de los músicos más populares de Francia, heredero de Serge Gainsbourg y con fama de “bon vivant”, tiene un papel en “Voyage Voyage”, que se estrena hoy y que se rodó aquí.
Benjamin Biolay
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8/8/13

Con motivo del estreno de Voyage Voyage. Mariage à Mendoza, producción francesa rodada en Argentina dirigida por Edouard Deluc, Buenos Aires recibe a Benjamin Biolay. No es la primera vez -y seguramente no será la última- que viene al país. Ahora llegó para presentar esta suerte de road-movie disparatada, en la que dos hermanos viajan hasta aquí para asistir al casamiento de un primo que vive en Mendoza. En el camino se irán encontrando con diversos personajes y de eso -justamente- se trata la película. Paloma Contreras y Gustavo Kamenetzky completan la parte local del elenco.

Compositor, músico, productor discográfico y cantautor devenido en actor de moda, Biolay vino ya tres veces a Buenos Aires a presentar su música. Ex marido de Chiara Mastroianni (hija de Catherine Deneuve y Marcello Mastroianni, con quién tuvieron una hija, y presunto amante de Carla Bruni, aún con ella casada con el ex presidente francés Sarkozy) actualmente vive en París, de donde acaba de llegar. Recibe a Clarín de muy buen humor. ¿Que te sedujo del filme?

Yo había visto el cortometraje de Edouard Deluc ¿Dónde está Kim Basinger?

, que fue el origen de la película, y trata sobre dos franceses que vienen a Buenos Aires. Se había filmado aquí, y tuvo todos los premios posibles para un cortometraje. Y cuando él me preguntó si quería hacer este pequeño papel dije que sí enseguida. Aun cuando mi agente me había dicho que no, acepté antes de leerlo. Después lo leí (risas).

Sos músico, pero últimamente se te ve mucho en cine.

Sí, al comienzo me proponían cosas simples, cercanas a lo que soy, que podía hacer naturalmente. Poco a poco los roles de ficción fueron llegando, y trabajando se fue haciendo posible. Pero no soy actor en el sentido estricto, no puedo actuar en teatro, más bien un actor de cine, llegado el caso.

Su anterior actuación fue para la última película de Agnes Jaoui (directora de El gusto de los otros), Au Bout du Conte. Allí interpreta con mucha convicción a un sádico y exitoso director de música clásica, cuyo comportamiento con una adolescente enamorada deja bastante que desear. “Ese era un rol de ficción realmente”, agrega.

¿Y cómo lo trabajaste?

Ensayo mucho con los directores, pero también me inspiro en gente que conocí. En ese caso, como estudié música (clásica) cuando era joven, conocí tipos así, horribles, que te hablan súper mal, que te manejan, manipuladores. Y ahí me inspiré en alguien que conozco verdaderamente bien, y que me ha hecho verdaderamente mal. Yo no soy así (ríe cómplice).

¿Qué cosas tiene que tener una película para que participes?

Sentir que voy a ser útil o que piense que va a ser una película que me den ganas de ver. El acercamiento que tengo con el cine es muy básico, mucho más naif que con la música. Toco desde muy chico, y la manera de vincularme con la música es más estructurada. En el cine soy completamente libre de elegir. Y tengo la suerte de no depender económicamente de eso para vivir, así que no tengo que aceptar un papel para pagar mis cuentas. Es mucho trabajo, pero también es un juego que adoro de hacer.

¿Y la música sigue siendo un juego, a pesar del vínculo profesional que tenés?

Sí. Cuando vuelvo a un estudio es como si tuviera 8, 9 años, me entretengo, me divierto. Y mis canciones, aún si son tristes, tienen el placer de jugar, de crear, de probar cosas. Además, en la música si hacés algo que no te gusta, lo borrás y pasás a otra cosa. En el cine es más duro...

La imagen queda ahí...

¡Y además no la elijo yo! No puedo ocuparme del montaje (risas).

Es que en el mundo musical, Biolay tiene fama de encargarse de todo. Al firmar un contrato con una discográfica, siempre aclara que el corte final del disco será suyo. “Eso pasó desde mi primer contrato con Virgin. Firmé con ellos porque me dejaban hacer exactamente lo que yo quería. Y me quedé con esa dinámica. Actualmente no tengo ningún contrato, y todo el mundo me dice que quiere que firme, pero nadie me ofrece realmente hacerlo porque saben que no soy como una marioneta que pueden manejar. Entonces algunas (discográficas) ya ni me proponen porque saben que me manejo así”.

Además de músico y actor, Biolay es un inquieto y prolífico productor musical: acaba de terminar Love Songs, el último trabajo de Vanessa Paradis, en el que compuso varios títulos del nuevo disco de la ex mujer de Johnny Deep. Trabajó también con la nombrada Bruni, con su hermana Coralie Clément, y con su ex Chiara Mastroianni. Para sus propios álbumes, suele invitar a renombrados músicos. Biolay, es evidente, va y viene de un territorio a otro con gran versatilidad.

Te movés en diferentes terrenos, ¿qué encontrás en el intercambio?

Gracias a eso me entretengo todo el tiempo. Y el intercambio en sí, me encanta la aventura entre muchos. No puedo hacer música yo solo, inspirarme solamente conmigo sería demasiado narcisista. Y tengo la impresión de que la vida artística es más apasionante cuando tenemos la chance de trabajar con otros. Eso es lo que también me gusta del cine.

Viniste varias veces, ¿cómo es tu vínculo con Buenos Aires?

Hice tres conciertos pero vine acá muchas veces más. Es uno de los lugares en el mundo donde mejor me siento, estoy como en casa cada vez que vengo...

¿Por qué?

Soy de origen latino, y siento que en Francia el vínculo social está un poco deshecho. Nací en Lyon, que es una ciudad mucho más latina que París, un poco italiana. Si bien vivir en París me encanta, cuando era chiquito no soñaba con irme a vivir ahí, sino a Nueva York, a Londres, a Buenos Aires... Tengo una fascinación con la Argentina, desde mucho antes de venir ya conocía muy bien la cultura, la historia política... Toda mi vida fui militante de izquierda, el Che Guevara es alguien importante para mí. Este país, que me parecía de lejos una cosa, cuando estuve acá vi que era así.

¿Y de su cine, qué conocés?

Conozco mucho, la última que vi fue El hombre de al lado (Gastón Duprat y Mariano Cohn), me encantó. También Trapero, Lisandro Alonso... A él lo conozco muy bien, lo encontré en el Bafici hace unos años, después vi sus pelis, Lucrecia Martel. En este momento el cine argentino y el chileno son muy potentes.

Volviendo a la filmación, un grupo de franceses sueltos rodando en la Argentina...

Casi todos eran franceses, el director, el productor, el asistente... Del equipo argentino sólo había gente de vestuario, y tuve una escena con Sofía Whilhelmi, pero no puedo decir que haya hecho una película argentina. Y a mí me encantaría actuar en una.









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