Mario Pergolini: “Me devolvió la pasión”

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Un año después del lanzamiento de Vorterix, su creador habla de la experiencia y asegura que su existencia “fue una gran decisión”. En la planta alta de lo que alguna vez fuera el Teatro Argos, en Colegiales, Mario Pergolini va del estudio de radio en el que hace Tenemos malas noticias (de lunes a viernes de 9 a 13.30 horas, por FM 103.1) a la sala en la que casi un siglo atrás cantó Carlos Gardel y en la que ahora arman el escenario para una banda de heavy metal. Y de ahí al hall que se transforma en estudio de televisión para conducir el noticiero de música Newsterix (va de lunes a viernes de 13.30 a 14), junto a Gustavo Olmedo.
Pergolini habla de vorterix
Pergolini habla de vorterix    (Ver Video ►)
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7/7/13

Todo eso es Vorterix, el proyecto que el conductor/empresario puso en marcha hace poco más de un año. "Una multiplataforma en la que podés escuchar algo por radio y tener una buena experiencia aunque no veas lo que pasa; o que podés ver en la computadora u otros dispositivos, sin que alguien interfiera contándole lo que pasa a quien escucha por radio; o que podés disfrutar en vivo acá", define.

¿Cómo evaluás el primer año del emprendimiento?

Cuando uno está mucho tiempo en un lugar, piensa que cambiar el rumbo le va a derrumbar la vida. Hace un año, estaba muy angustiado, con mucho miedo. Pero hoy me parece increíble haber estado tantos años en otro lado. Fue una gran decisión. Me devolvió la pasión por lo que hago. En cuanto a lo que queríamos llegar, lo superamos ampliamente. El nombre se instaló, el teatro se convirtió en un espacio aspiracional que está siempre lleno, en internet tenemos tanta gente como cualquier radio líder y la FM, no la medimos.

¿Por qué?

Porque a todos les dije que éste es un proyecto a cinco años, y que para entonces la radio no va a ser más lo que conocemos. Creo que la radio se ha quedado. Hoy no hay radios que marquen tendencias reales; las programaciones tienen casi todas como diez años. Eso explica la caída de Metro o el octavo o noveno lugar de la Rock & Pop. Además, hoy mi competencia no es radial, aunque sé que en FM estamos dentro de las tres más escuchadas, y el resto que la chupe. Pero, por lo que te decía antes, mi planteo fue que tenemos que apuntar a ser pioneros en lo que viene. Entonces, intentamos combinar un montón de tecnología de un modo que aquí nadie lo hace. Lo había propuesto en la radio en la que estaba antes, y me dijeron que no podían acompañarme; así que cuando encontré alguien que se interesó, lo hicimos.

¿Podés precisar cómo se te ocurrió la idea?

Nosotros pasamos Soda Stereo en Promúsica, en el ’98 o el ’99, en vivo por internet. Lo habrán visto unas 400 personas, y para el orto. Me decían que no tenía sentido hacer algo así. Y yo decía que, aunque no sirviera, era experiencia. Otro año, hicimos Cuál es? Gracias por la magia, desde el teatro Opera. Mientras todos –hasta Clarín- se preguntaban qué sentido tenía transmitir magia por radio, nosotros estábamos probando cuántas conexiones múltiples podíamos tener con lo que había de internet. Después, nos llegó el dato de que casi el treinta y pico por ciento de la gente que escuchaba, lo hacía a través de una computadora. Y hoy, varios años más tarde, el 10 % de la gente que nos está mirando lo hace a través de una tableta o un celular. Es una locura. Por eso, si hay algo que está claro es que no apunté a hacer una radio. Porque además, en la radio, la torta ya está armada. No vamos a poder poner más publicidad de la que ya tenemos. Lo que tenemos que hacer, es controlar los contenidos. Generarlos. Ahora, por ejemplo, el 13 de julio vamos a probar con la transmisión vía streaming de un recital que va a dar La vela puerca en Nueva York.

Ese ‘alguien’ que necesitabas que se interesara resultaron ser Sergio Szpolsky y Matías Garfunkel. ¿Tuviste en cuenta sus vínculos con el Gobierno nacional?

Lo primero que les dije era que necesitaba independencia económica e ideológica. Que esto tenía que escapar de todas las ataduras convencionales, porque no va a ser una radio, ni un canal, ni televisión por cable o digital. Y que era fundamental que entendieran que la ideología es casi interneteana. Va para todos lados. Y me la dieron. Podemos acomodarnos. Si la ciudad hace algo que nos interesa, vamos. Y no es que por eso hablemos bien de la ciudad. De hecho, si escuchás Guetap o Cheque en blanco, a (Mauricio) Macri sólo falta que lo linchen. Es bastante extraño cómo ciertas cosas que uno dice repercuten en los medios. Es gracioso que digan que de un lado digan que uno es parte de ‘los medios hegemónicos’, y del otro, que uno es ‘oficialista’. La verdad es que tengo llamadas de todos lados. A veces se ponen pesados, así que les digo que hagan lo que tengan que hacer, que yo hago lo mío.

¿Y qué pasa?

Nada. No tienen argumentos. En un punto, lo que hemos armado -o he armado-, escapa incluso a lo que está escrito en la Ley (de Medios). Que no hayan pensado en Internet es una locura. No hay nada que diga que la Cadena Nacional haya que pasarla por Internet. A las sociedades sindicales o legislativas la tecnología los aplasta, y cuando se dan cuenta de que algo existe y quieren legislar sobre eso, llegan tarde. Yo siempre digo que cuando se inventó la imprenta, tardaron unos 50 años hasta que en Europa el libro fuera de uso común. Cuando se instaló el primer telégrafo, tardaron 25 en que se usara en todos lados. Con el teléfono, pasaron 15. Y si te ponés a pensar en cuánto hace que existe internet… Facebook cumplió cuatro años. Si hace dos te decía que Messenger no iba a existir más en un par de años, me ibas a decir que era un tarado. Pero ya no existe. Si hubiesen reglamentado sobre el Messenger, se tendrían que haber metido la ley en el orto. Y, aún en el caso de que legislen ahora para el ámbito local, ¿cuán local es Vorterix? ¿Cuál es la nación de Vorterix? ¿El lugar donde están los servidores? ¿El cuerpo de los que hablan?

Entre los que hablan, estás vos, que hace un tiempo decías que no ya no podías seguir haciendo sólo un programa de cuatro horas. Sin embargo, el que hacés hoy dura cuatro horas y media, que sumada a la media de ‘Newsterix’, hacen cinco. ¿Cuáles son las diferencias más grandes que notás entre ‘Cuál es?’ y ‘Tenemos malas noticias’?

Ante todo, si me hice cargo de la mañana fue porque entendía que Vorterix necesitaba de una cara conocida, de una cara a la que radialmente le hubiera ido bien. No hacerlo, habría sido sacarle un poco de fuerza. En cuanto al programa, tiene un contenido humorístico diferente y pesa menos. Y si bien tiene una impronta parecida a la de Cuál es?, porque no se la puedo sacar a mi forma de conducir, tiene columnas fijas más definidas. Y siempre vamos encontrando pequeños loquitos –dicho con respeto- que van armando pequeñas unidades creativas que terminan redondeando el programa.

¿Cambió el público al que va dirigido?

Creo que ha cambiado. Tal vez aquellos a quienes me dirijo hayan crecido con nosotros. Pero el hecho de tener el teatro al que vienen bandas como Divididos o La vela puerca hace que sigamos teniendo esa conexión con un público más joven. Entonces, sigue siendo un referente para los pendejos, pero si Dorio tiene que decir algo en serio también elije venir acá. Igual, siempre me pregunto hasta cuándo se van a seguir incorporando nuevos chicos. Pero creo que Vorterix nos rejuveneció. De hecho, en el segmento entre los 18 y los 30 años estamos muy bien.

¿Haber crecido hizo que cambiara el grado de responsabilidad que sentís al hablar de temas como el asesinato de Angeles?

Indudablemente el tipo de ironía va cambiando. El desparpajo con el que hablaba a los 20 o 30 es muy distinto al que tengo a los casi 50, que voy a cumplir el año que viene.

Con un hijo de 20…

Sí. A veces me preguntan si es el mismo que mandaba a la cama desde la tele. Y sí, es él. Además, tengo a la más chica, de siete, y al del medio, de 15. Es muy loco tener un hijo de 20, que labure con vos.

¿Cómo se llevan en ese aspecto?

Bien, porque al no ser una radio, la cosa está muy mezclada y repartida. Y por más que yo sea su jefe, el tiene otros, más próximos, en un área que yo no controlo mucho, que es la de multimedia del punto com. Aunque básicamente es músico, y esa es la profesión que quiere tener. Pero está bien que labure. Hay una edad en la que tiene que estudiar y laburar.

A vos siempre se te asoció con ciertos excesos. ¿Cómo manejás sus límites y sus grados de libertad?

Lo que aprendí habiendo tenido hijos de distintas edades, es que nada llega de golpe. Esa es una gran frase de mi mujer. No es que de golpe te salen y vuelven a las seis de la mañana. O que de golpe te encontrás con que toma alcohol. Las cosas no pasan de golpe. Y aprendimos a confiar. Hay momentos en los que te asustás, pero después vas aprendiendo y empezás a confiar. Creo que no nos equivocamos con la educación que le dimos. Con cuidar que la familia esté absolutamente alejada de los medios, con no vivir en el microclima de un barrio cerrado, con haberlos mandado a un colegio que prioriza darle una buena educación a nivel humano, por sobre hacerlos pertenecer a un círculo social. La educación es básica. Y para eso tengo una gran compañera al lado, que fue consecuente al entender que lo mediático es momentáneo y que el aplauso del éxito es mentiroso. Y tenemos buenos pibes. De hecho, alguien podría tener la fantasía de que nuestros hijos no necesitarían trabajar. Pero los dos entendemos que para crecer hay que formarse y laburar. Y tratar de llevar los sueños adelante.

Varias veces hablaste de que al conocer a un artista más a fondo, te encontrás con que no es tal como se ve en la apariencia; y que a veces los excesos no son tan excesivos. ¿Qué ocurre en tu caso?



Desde que tengo 21, he vivido bastante expuesto, y lo que la gente veía no era muy distinto a lo que era en verdad. He vivido los ’80 como he podido; los ’90 me encontraron casado y formando una familia; y así estoy en los 2000. Fui eso que se vio. No me jacto ni lo lamento. Muchos quedaron en el camino y muchos no pudieron progresar. Creo que, de alguna forma, aún haciendo las barbaridades más grandes o viviendo como si hubiera sido un rockero, siempre hubo algo que me dijo: ‘Llegá hasta acá.’ De alguna forma, siempre tuve que reinventarme, frenar y darle prioridad a lo que me gustaba hacer. Yo amé hacer radio. Y la verdad es que he vivido una vida de princesita. Con excesos, con noches de mierda, diciendo barbaridades y poniéndome un traje y mirando todo desde un olimpo que aún hoy hace que un montón de gente me acuse de pedante. Pero las consecuencias de todo, el lugar en el que estamos ahora, la familia que pude armar, a los 20 ni me lo imaginaba; a los 30 era una posibilidad y cuando cumplí 40, me dije: ‘Boludo, mirá...’ Siempre hubo algo que me movió, y no puedo dejar de pensar en medios. No puedo evitarlo. Apenas veo o leo algo, empiezo a informarme, a pensar que la tecnología no es fría y que subir la vara siempre está bien. Y este lugar tiene la vara re alta. Hasta los baños son lindos.

Hablando de medios, ¿qué opinás del ‘nuevo’ CQC?

Desde que me fui, no volví a ver CQC, ni a escuchar Rock & Pop.

¿No extrañás?

No. Este año me llamó (Adrián) Suar, para proponerme volver a la tele. "Mario, hacé lo que quieras. Termina Farsantes y vas vos. Marcelo no va a estar", me dijo. Después, me preguntó si volvería en caso de que volviera CQC. Era una oferta muy buena. Pero en el medio no le encuentran explicación a que alguien le diga que ‘no’ a la tele. Te hablan de la plata, pero… ¿a cambio de hacer qué? Creen que la plata es una condición para no decir ‘no’.





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