Otello, según Jose Cura: Lejos del realismo y de la histeria.

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Punto culminante del bicentenario del compositor, la maravillosa creación de Verdi sobre el drama de Shakespeare sube hoy en el Colón con el artista argentino en el doble rol de tenor y régisseur.
En el escenario SNbS Cura, en uno de los ensayos.
En el escenario SNbS Cura, en uno de los ensayos.   
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18/7/13

“Entrar al Colón hoy es como enfrentarse al fresco de la Capilla Sixtina. Claro que cuando uno empieza a trabajar y se mueve por las tripas del teatro ve todo lo que todavía falta”, diagnostica el tenor argentino José Cura a pocos días del estreno de un Otello que lo tendrá en el doble papel de protagonista y director de escena.

Nacido en Rosario en 1962 y radicado desde hace 15 años en Madrid, José Cura es uno de los tenores más reconocidos de su generación, además de un Otello muy solicitado en los teatros del mundo (en el Colón ya lo había hecho en 1999). “En el 2001, para los cien años de la muerte de Verdi, este rol me llevó por todas partes. Ahora, para los 200 del nacimiento, vuelvo a viajar: vengo del Metropolitan; después de hacer el estreno de mi doble rol en Buenos Aires me iré a Viena y a Berlín”, cuenta.

Decías que faltan cosas en el teatro. ¿Qué cosas?

Faltan secciones, zonas de oficinas, falta volver operativas ciertas cosas, que los talleres vuelvan al teatro. No conozco las razones por las que faltan esas cosas, pero sí sé que faltan. El teatro no es una isla. Está inserto en la realidad social del país y todos los sacudones emotivos, sociales, económicos, políticos lo afectan. Sin embargo, la gente que trabaja aquí es más sufrida y trabaja para mantener el teatro abierto. Por ejemplo, me encuentro con un carpintero que me promete hacer la silla tal como la necesito. Y cumple, la silla queda perfecta. Entiendo que él toma a esa silla como su aporte para que el teatro funcione. Esto pasa a todos los niveles y es esto lo que salva al Colón.

Algunos directores se quejan del desorden que hay en el teatro.

Es que el desorden crea estrés. Y cuando se trabaja al ritmo que yo trabajo el estrés innecesario es negativo. Lo que pasa es que aquí están mis genes, mi raíz, mi gente, entonces mi capacidad de adaptación es más rápida que la de un alemán o un inglés. Yo sé que hay que trabajar con la mano izquierda, como dicen los españoles.

¿Qué quiere decir eso?

En el box la mano derecha es la que noquea y la izquierda es la que va punteando. Hay que usar la mano derecha cuando es necesario, porque cada tanto hay rue dar un golpe para que la casa no se caiga, pero se trabaja siempre con la mano izquierda. Porque lo que hay que conseguir es que la gente sueñe tu sueño y no convertirla en títere de tu sueño. Lo nuestro es un oficio, aquí se mueve dinero, pero muchas veces olvidamos que es un oficio basado en una vocación, en un sistema que tiene como razón de ser el intercambio energético entre individuos. Si eso falta se pudre el trabajo. El trabajo del líder es motivar, tocar ese botoncito que haga recordar la vocación. Busco que el teatro entero respire entusiasmo. No voy a eliminar los problemas, pero llegaremos a casa sintiendo que pasamos un día hermoso. Es importante saber dónde uno quiere llegar con un proyecto, pero también escuchar las voces de los que están trabajando. Sus comentarios enaltecerán el proyecto. El autoritarismo siempre lleva al fracaso.

¿Tu método funcionó bien aquí?

Sí, y muy rápidamente. El otro día el coro me dio una demostración de afecto que me llegó hasta los huesos porque el ensayo había dado la hora pero nadie se movió de su lugar, nadie se quejó. Siguieron trabajando hasta que llegamos a resolver la escena. Eso pasó porque había una energía que a ninguno se le hubiera cruzado por la cabeza interrumpir. Ahora, el que dirige debe tener cuidado y no aprovecharse de eso. El amor de la gente hay que merecérselo.

No parece sencillo superponer el rol de director con el de protagonista en la dinámica de la ópera. ¿Cómo se hace?

Exige una energía descomunal además de la capacidad de estar viéndose a uno mismo. También hace falta un equipo de profesionales confiables. Yo los llamo “mis espejitos retrovisores”. Un asistente de dirección es tus ojos, siempre y cuando vos le tengas real confianza y sea parte de la puesta desde el inicio del proyecto. Discuto, pero creo en lo que me dicen. La arrogancia del trabajo en primera persona no sirve. Además cuento con Fernando Chalabe, mi amigo desde que entré al teatro, hace 30 años. Él me reemplaza en el papel de Otello para que yo pueda ver los movimientos desde afuera.

Otello estuvo representado por cantantes que dejaron una marca muy fuerte en la historia. ¿Qué tomás de ellos?

Sí. Domingo, Del Mónaco, Vinay -también están los nuestros, como Cosutta-, marcaron el paso del tiempo y fueron grandes Otellos a su modo y en su época. A Del Mónaco le tocó ser Otello en la posguerra, un momento anímico especial, en el que la sociedad apaliada pedía seguir cantando para mostrar que seguía viva. Domingo hizo su Otello en una época donde el fundamentalismo que hoy invade al mundo no estaba tan declarado. Y cuando hablo de fundamentalismo no hablo de turbante y camello, sino de alguien que quiere imponer sus ideas sobre las de los demás, da igual si se viste con corbata y traje. Interpretar hoy a Otello, a la luz de la situación internacional, con un fundamentalismo que desde el 2001 está tan exacerbado es otra cosa.

¿Estás anunciando algún tipo de actualización de la puesta?

No hay actualización, pero sí una toma de conciencia de lo que significa ser un apóstata y luego traidor. Esto está en el Otello de Shakespeare, pero hoy toma otra relevancia. No necesito modernizar para que se entienda. Aunque creo que Otello aguantaría una escena más minimal, más cerebral incluso, porque la fuerza de las palabras es tal que tolera todo. En esta puesta hay una solución de compromiso: usamos la cámara negra y estamos adentro del disco del teatro, que es magnífico porque tiene 20 metros, lo que me permite montar toda la escena sobre él y mantener una continuidad, el famoso continuo que buscaba Shakespeare. Adentro del disco sucede todo y afuera del disco sólo Yago puede estar, porque es él quien interactúa con el público. Es decir que la puesta no es ni 100% realista ni 100% histérica.

¿Dijiste “histérica”?

Sí, “histéricas” porque se fuerza todo. Me tocó hacer Otello en una nave espacial. Podrás imaginarte lo absurdo de la situación: yo parecía el capitán Kirk y Yago, Spock. Una banalidad absoluta.









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