Rayuela, medio siglo.

BARRIO.
Noticias.
Daniel Pellegrino y Jorge Warley* Se cumple medio siglo de la aparición de una novela que ha quedado como una de las obras más referenciadas de la literatura nacional: "Rayuela". La posibilidad de la doble lectura y la vida de su autor, con una referencia santarroseña.
Cortazar.   
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3/6/13

Julio Florencio Cortázar nació el 26 de agosto de 1914, en el primer piso de un departamento tipo francés de la Avenue des Poudres, Bruselas. Era hijo de Herminia Descotte y de Julio José Cortázar y fue anotado en el respectivo consulado como ciudadano argentino. La tormenta de la guerra empujó a los Cortázar hacia a Suiza; allí nació Ofelia, hermana menor de Julio, en 1915. Más tarde pasaron por Barcelona y se despidieron de Europa. Llegaron a la Argentina en 1919; se acomodaron en una casaquinta de la localidad Banfield, que hoy ya no se puede visitar porque fue demolida. Julio tenía seis años, su padre se fue de casa para siempre.

El futuro autor de "Libro de Manuel" fue un alumno destacado de la Escuela Común Urbana Número 10 de Talcahuano 278 del distrito de Lomas de Zamora. Por entonces logró aparecer en las páginas de la revista escolar "Nuestros niños". Más tarde la familia se trasladó a la Capital Federal, a un departamento del tercer piso en General Artigas 3246 del barrio de Villa Devoto. Corría la década de 1920.

Maestro de provincia.

En 1932 se graduó como maestro y tres años más tarde fue profesor en Letras. Con sus compañeros y amigos del "Mariano Acosta" se reunían para leer poemas y escuchar tangos en el sótano de un bar cercano al colegio, un sucucho al que llamaban "La guarida". Una de las anécdotas "vanguardistas" de la época cuenta que una tarde invirtieron la grabación de "El día que me quieras". Más tarde llegaría el jazz. Pero antes se impuso la necesidad de ganarse el pan: en 1937 Julio llegó a la localidad bonaerense de Bolívar para iniciarse como docente.

"Yo tengo un miedo que no sé si usted ha sentido alguna vez: el miedo a convertirse en pueblero. ¿No ha advertido -¡cómo no!- la espantosa mediocridad espiritual que caracteriza al habitante standard de cualquier ciudad chica? A veces me sorprendo a mí mismo en pequeños gestos, en mínimas actitudes que delatan una influencia de ese medio; y me aterro. Siento que me rodea el vacío, que cualquier cosa es preferible a caer en ese pozo vegetativo que es un Chivilcoy, un Bolívar... aún aquellos que leen, que tienen inquietudes, que comprenden algo, no pueden huir del clima emponzoñado del ambiente. ¡Y esto es la Argentina!", se lamenta en una carta que escribió a María de las Mercedes Arias en diciembre de 1939.

Fue el nuevo profesor de geografía del Colegio Nacional. En 1938 dio a conocer su primer libro de poemas, "Presencias", que apestaba a Stéphane Mallamme, Charles Baudelaire y otros célebres franceses, sus socios en el arte que de alguna manera le ayudaban a soportar la pobreza cultural que sentía a su alrededor. Sus primeros relatos también fueron concebidos en esa atmósfera: "Es cierto, hay un escapismo. Mis relatos eran fantásticos para escapar del contorno más bien tedioso de ese momento. Inventar un mundo fantástico era enriquecer el entorno, por lo menos literario, que me salvaba del hecho de encontrar todos los días la misma taza de café, el mismo tranvía, la misma calle, la existencia monótona y más bien triste que yo vivía en la Argentina en aquella época", enfatizó en un viejo reportaje para un medio galo.

El "comunista".

Entre 1939 y 1944 vivió en Chivilcoy, en la pensión Varzilio. Dictaba para los estudiantes de la región cinco horas de Geografía, nueve de Historia y dos de Instrucción Cívica como profesor del Normal. Había escrito "ese peldaño del infierno que se llama Bolívar (...) aquel pueblo sin alma"; ahora agregaba en sus misivas "no crea que este Chivilcoy es mejor que Bolívar", uno y otro comparten "la suma de miserias y torpezas que caracterizan a una ciudad del interior". Parte de su salario iba a parar al financiamiento de la hoja literaria llamada "Oeste", que recogía la obra de poetas de América y España.

Gaspar Astarita, periodista y escritor chivilcoyano, escribió sobre la actitud de Cortázar: "su mirada está puesta en Europa y eso cayó mal en Chivilcoy". Los locales no entendían el berretín que venía de alguien culto, con trabajo estable, que tenía la mejor pieza de la pensión, practicaba boxeo en algún club de barrio y al parecer también era de gran atractivo para las mujeres.

Un viaje lo llevó de Humahuaca a Misiones, mientras tanto se iniciaba en la lectura de Sigmund Freud. De vuelta en Chivilcoy muere su amigo Alfredo Mariscal. Brinda conferencias sobre William Shakespeare y películas de Walt Disney. Poco después los nacionalistas locales lo hostigan puesto que el joven liberal, al que llaman "comunista", no parece simpatizar mucho con la presidencia del general Edelmiro Farrell. Encima lo sospechan ateo: dicen las malas lenguas que fue el único profesor que no besó el anillo del obispo de Mercedes durante su visita al Normal.

Profesor de frontera.

Avanzaba 1944 cuando gracias un conocido se trasladó a la Universidad de Cuyo; fue nombrado profesor interino de dos cátedras de Literatura Francesa y una de Europa Septentrional en la carrera de Filosofía y Letras de la ciudad de Mendoza. Su madre y su hermana, que moraban en una casa de Artigas al 3200, dependían económicamente del dinero que les enviaba.

Según su propio testimonio, Mendoza era una ciudad que lo sorprendió para bien. Pese a ello exageró en otra carta: "Después de haber abandonado Chivilcoy bajo vehementes sospechas de comunismo, anarquismo y trotskismo, he tenido el honor de que en Mendoza me califiquen de fascista, nazi, sepichista, rosista y falangista". En octubre de 1945, profesores y alumnos tomaron la facultad, y Cortázar con ellos. La policía desalojó no muy mansamente a los manifestantes, y entonces el escritor renunció puesto que no podía seguir en "una universidad sin libertad de pensamiento". Y pegó la vuelta para Buenos Aires.

Cumplió 32 años, se desempeñó transitoriamente como gerente de la Cámara del Libro. Publicó breves ensayos y reseñas en la revista "Cabalgata". Jorge Luis Borges editó "Casa tomada" en los Anales de Buenos Aires, en 1946; un año más tarde apareció allí mismo el cuento "Bestiario". En 1949 escribió Divertimento y publicó Los reyes. En 1950 terminó El examen. Poco después Cortázar consiguió un puesto como traductor público en el escritorio número 17 de la calle San Martín 424. La educación francesa.

París era la tierra soñada por los jóvenes artistas. Cortázar realiza dos viajes a Francia, en 1949 y en el 50, cuando -según confesó más tarde-, a bordo del buque Conte Biancamano, conoció a una mujer misteriosa, de pelo oscuro, ojos verdes y piel muy blanca, visión que transformará en La Maga, la protagonista femenina de Rayuela.

En una charla con el periodista radiofónico Hugo Guerrero Marthineitz contó en 1973:

"Me marché del país en el mismo mes en que salía mi libro Bestiario. Mi editor se reía cuando yo le recordaba que la primera liquidación de derechos que tuve estando en París fue de catorce pesos con centavos, o sea, casi salía más el franqueo para devolver el recibo firmado que el dinero que había resultado del libro". En octubre de 1951 se va del país. Aurora Bernárdez lo alcanza en París y se casan en 1953.

Rayuela y después.

Algunos subrayan que Cortázar se fue del país porque el peronismo histórico le caía mal; alguna vez el propio Cortázar mencionó esa causa, aunque sólo en parte, su intervención en el ámbito político por aquel entonces jamás pasó de algunas opiniones y algunos decires más o menos públicos. Pero hay más que eso. Rayuela es la novela francesa de Cortázar, precisamente en el sentido en que le posibilitó exorcizar para siempre ese "mal de provincia" que lo había agobiado. Ilumina su entrada definitiva en la literatura. Por que está claro que, aunque "francesa", los puentes entre el acá y el allá son muchos, no sólo las referencias, sobre todo la lengua.

¿Rayuela es una gran novela? Hace unas décadas la respuesta hubiera sido afirmativa sin duda, hoy no es tan así. En el preciso momento en que la obra de Cortázar se vuelve un clásico que habita los planes de estudio de las escuelas medias argentinas y latinoamericanas, y que sus libros llegan a los quioscos en las gigantescas tiradas económicas que acompañan a los grandes diarios nacionales, hay una cantidad de opiniones críticas que ya no parecen dispuestos a dejarse encandilar por los "juegos formales" de Rayuela, los consideran demasiado obvios y hasta ingenuos.

Rayuela sí es un documento, testimonio de una época y a la vez destacado emblema de la llamada nueva novela latinoamericana o "literatura del boom", espacio donde se conecta con las narraciones de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, José Donoso y otros pares generacionales.

Arte y discurso.

La posibilidad de la doble lectura de Rayuela, la "normal" y la "salteada", también se relaciona con el espíritu de un arte y un discurso sobre el arte que empezaba hablar de lectores críticos, activos, que no sólo leían sino que "participaban" y colaboraban con una experiencia estética. Cortázar tuvo la mala pata de usar la denominación de lector macho (activo) y lector hembra (pasivo), denominación que le acarreó una lluvia de cascotes no bien la crítica feminista alzó la cabeza allá por los ochenta. Lo mismo ocurre con la imagen mítica de La Maga, que de ser un "modelo a imitar" por las jóvenes intelectuales del sesenta pasó a ser una imagen a combatir por sus compañeras de unas décadas posteriores, que más bien la miraban como a una suerte de groupie, o sea la descendencia rockera y decadente de la musa clásica.

"La Maga" y Santa Rosa. Lo cierto es que la "Maga" de carne y hueso hasta hace diez años vivía en Londres y se llamaba (o llama) Edith Arón. Migró, antes de la Segunda Guerra Mundial, con sus padres a la Argentina desde la región de Sarre, límite entre Francia y Alemania. Conoció a Cortázar en 1950, con 23 años, cuando ambos navegaban hacia Europa. Recuerda: "Yo estaba en tercera clase (...) y de pronto, vi a un muchacho tocar tangos en el piano. Una chica italiana con la que compartía la cabina me dijo que me miraba y que como era tan lindo, por qué no iba a invitarlo a nuestra mesa" (La Nación revista, 7 de marzo de 2004) Pero no se produjo el encuentro sino al tiempo, en una librería de París. Siguieron frecuentándose, aún cuando Julio ya se había casado con Aurora Bernárdez. En la entrevista, esta mujer expresa todavía su dolor porque el mismo Cortázar, mediante una carta que le envió a su editor Paco Porrúa, en 1964, le "sacó" las traducciones que ella hacía de sus libros al alemán.

La Maga de la ficción fue, en el ambiente de finales de los '60 y '70, modelo inspirador de cierto "charme" intelectual y belleza femenina tal como se la describe en Rayuela: una veinteañera de medias negras y zapatos colorados, despeinada y fumadora. Una que vino a sacudir el rol femenino en las tertulias de bares y cafés. Esta criatura cortazariana le dio el apodo a más de una chica de Santa Rosa, a más de un comercio -se recuerda uno frente a la terminal de ómnibus- y el célebre monólogo de Rocamadour, en la voz y actuación de Jovita Alvarez, despertaba comentarios en el Teatro Español. Y así vuelve a cumplirse la ley en que la literatura hace justicia y se mete con la realidad, en este caso para que aquel joven docente, algo presumido, que en Bolívar o Chivilcoy sentía el aplazamiento de su propia existencia y el tedio de los domingos, se congracie con la vida provinciana. *PROFESORES de letras. UNLPam



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