Rufus Wainwright, recomendado de Elton John.

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“Es el cantautor vivo más grande del mundo”, dijo Elton John de este compositor y pianista neoyorquino con siete álbumes, que, el miércoles, se presentará en el Gran Rex. A poco de cumplir los cuarenta, Rufus Wainwright tal vez ensaye un balance de pérdidas y de ganancias que, en diversos y ambiguos casilleros, podría incluir algo así: una familia de músicos (entre ellos su mamá Kate McGarrigle, fallecida en 2010), una ciudad de nacimiento (Rhinebeck, en Nueva York), un instrumento como epicentro de sus creaciones (el piano) y una bandera-emblema (la multicolor, gay).
Rufus.

11/5/13

Además: un matrimonio igualitario y una criatura previa ¿concebida? con su amiga Lorca (hija de Leonard Cohen). Pero éstos no son sólo datos biográficos de su posible balance: cada episodio de su vida, como reflejo e inspiración, aparece en los discos de Rufus que seguro repase el miércoles 15 cuando debute aquí. Catalogado como pop barroco o pópera, por lo rimbombante de sus ornamentaciones instrumentales y su tendencia al drama, el músico brilla (como su voz) acompañado de su primer amigo: el piano. “El término pópera se le ocurrió a un amigo mío. Estoy de acuerdo. Me atrae la tragedia, la ópera tiene que ver con esto”, cuenta a Clarín.

¿Por qué todavía se habla de vos como el “más grande cantautor vivo del mundo”, según lo dicho por Elton John?

Lo dijo hace mucho y me siento honrado. Pero, desde entonces, quizás haya surgido otro compositor que supere mis increíbles logros. Fue un honor que dijera eso y es fascinante ver cómo ha durado ese comentario y cuánta atención se le presta. Igual, ¡espero que no lo graben en mi lápida!

¿Este disco se inspiró en el nacimiento de tu hija?

Obviamente su nacimiento tuvo una gran influencia en mí. Y la sigue teniendo. Aprendí que, cuanto más grande es tu hijo, menos sabés. Es fascinante y da miedo: cada vez soy menos experto.

¿Qué tal tu matrimonio con Jörn?

Mirá: ahora tengo que salir de gira para ganar mucha plata. Por eso voy como solista. Tengo que levantar un par de hipotecas y mantener a mi marido. Bueno, no mantenerlo, pero nos gusta mucho ir de compras. Después, en septiembre, me tomo un descanso.

¿El pop está más abierto a la homosexualidad que antes?

Sin duda. Incluso está más abierto que cuando yo empecé o que hace diez años. En Inglaterra, es casi algo pasado de moda. Fijate en Elton John o Freddie Mercury. Pero si mirás a los EE. UU., seguimos en los años ’50. Incluso a nivel derechos: ¿cómo es en la Argentina?

Aquí ya se sancionó el matrimonio igualitario hace casi 3 años.

¡Felicitaciones!

¿Qué sabés de la Argentina? Te estás intentando hacer vegetariano y acá la carne es un hit… ¡Sí! Ser vegetariano para mí es una batalla que va y viene; no es fácil. Admiro a la gente que lo hace y no renuncié del todo a hacerlo. Pero hago trampa con la carne.

¿Escuchaste música argentina?

Conozco el tango, Gardel, Piazzolla. Y sé que los tipos allá están muy fuertes: ojalá tenga la oportunidad de bailar el tango con alguno de ellos (risotadas).

El rapero 50 cent se ofendió porque lo “invitaste” a salir públicamente. ¿Sigue enojado?

Terminó de manera bastante interesante. Un día yo estaba hablando con Justin Timberlake, que es admirador mío, y 50 Cent nos interrumpió. Agarró a Justin y se lo llevó. Quería hablar con él porque lo consideraba más famoso. A los cinco minutos volvió Justin y me dijo: “Disculpame, Rufus, fue muy maleducado de su parte”. Esto fue hace un par de años.

Hablás de la muerte de tu madre como un hecho que te inspiró a escribir. ¿Qué otras situaciones te inspiran?

¿Sabés qué? A veces me inspira mi cepillo de dientes. O una mosca en la pared. O un libro: últimamente estuve leyendo La Ilíada de Homero y escribí una canción sobre esto.

¿Cómo trabajás los aspectos antagónicos en tus shows: tu papel de showman y tu tono confesional?

El humor es importante para salvar esa brecha. Shakespeare naturalmente es el mejor ejemplo de cómo en las situaciones más trágicas siempre hay un momento brillante de parodia. Por eso, yo trato de hacer que las veladas sean variadas. El equilibrio entre la tragedia y el humor marca la diferencia.

¿Seguís autoproclamándote fan de la Virgen María?

Sí, siempre. La amo.

¿Y Judy Garland?

Ja, ja, ja. Es curioso. Siempre voy a ser su admirador pero, desde que hice los conciertos tributo, no soy tan fanático. Los shows fueron como un exorcismo. Yo estaba poseído por el fantasma de Judy y tuve que liberar mi alma de ese espíritu perturbador.

En unos conciertos pedías, por partes, que nadie aplaudiera. Estaba prohibido… Fue en España y Australia. Necesitaba ese tipo de concentración, ese pasaje solemne, porque estaba viviendo la muerte de mi madre. El duelo. No quería llamar la atención. En ese momento todo era tristeza. Y no fue fácil de lograrlo todas las noches, pero era lo que quería. Y suelo conseguir lo que quiero.



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