Rod Stewart: “Siempre me expuse al ridículo”.

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“Time” es su primer disco de temas propios en quince años. Aquí vuelve a hacer alarde con humor de su éxito, sus mujeres y sus adicciones. En ocasión de la salida de su nuevo álbum, Time, que incluye temas de su autoría por primera vez en años, Rod Stewart habla con sobre mujeres, drogas y su lucha con su profesión.
Rod Stewart.   
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25/5/13

Empezamos a hablar de música soul. Stewart cuenta lo desastroso que fue su álbum de covers de 2009 llamado Soulbook. “Fue una porquería”, dice con una voz más áspera que de costumbre por un resfrío. “Simplemente porque no podés ganarles a los originales. Nunca lo vas a lograr, porque se siguen escuchando en la radio”.

A los 68, con el pelo aún rubio y en punta, y la piel del color de un mueble antiguo, Stewart sigue siendo un músico. El par de álbumes que hizo con el Jeff Beck Group a fines de los ‘60 estableció el modelo que luego desarrolló Led Zeppelin. Los álbumes como solista que hizo para Mercury a comienzos de los ‘70 fueron fusiones perfectas de sus amores musicales -soul, folk, rock ’n’ roll- y el lado dos de su álbum de 1971, llamado Every Picture Tells a Story, son 20 minutos del mejor rock de la historia. The Faces, la banda que integraba paralelamente a esos álbumes, y con quienes le gustaría reunirse el año próximo cuando las agendas de todos lo permitan, fue ganando una reputación, marcada por borracheras, de ser la mejor garantía de pasarla bien que la música en vivo tenía para ofrecer.

El problema para muchos oyentes radica en los 40 o más años que pasaron desde entonces. Lo cual es muchísimo tiempo, aun cuando hayan sido años marcados por éxitos ocasionales. Aunque Every Picture y su single Maggie May llegaron al tope de los rankings de los EE. UU. y el Reino Unido simultáneamente, Stewart nunca pareció tener miedo de bajar su nivel para buscar hits. El no parece demasiado preocupado por su arte, parece más interesado en hablar de fútbol, de los precios de las propiedades en el norte de Londres y de nuestros respectivos hijos que en hablar de Time, el primer CD en el que aportó composiciones propias desde When We Were the New Boys de 1998, un intento fallido que también incluía covers de Oasis y Primal Scream.

¿Por qué dejó de componer?

Fue una combinación de los álbumes Great American Songbook, ser algo vago, y ciertos comentarios de un ejecutivo de alto nivel en una discográfica, que dijo que mis canciones eran una mierda y que no sonaban a nada nuevo. Componer nunca fue algo natural para mí, siempre fue como una lucha. Pensé que la inspiración me había abandonado, que ya había dado lo mejor y quizás no me había quedado nada más por escribir.

Recién volvió a componer porque su amigo Jim Cregan le insistió durante una visita a la mansión de Stewart en Essex, en el sudeste de Inglaterra (divide su tiempo entre Essex y Los Angeles). “Jim viene a cenar los domingos cuando estoy en el país y siempre trae su guitarra. Lo veo llegar a casa y pienso: ‘¡Carajo! Otra vez vino con la guitarra’. Siempre me insiste en escribir una canción. Entonces me dice: ‘Dale, sentate y probemos’. Le dije: ‘No, quiero dormir un rato. Acabamos de almorzar y es domingo. Y me dijo: ‘Dale, probemos’. Entonces empecé a cantar, y Jim se llevó el material a su casa, trabajó en la pista un poco, le agregó un par de guitarras más, y el resultado fue Brighton Beach ”.

Esa es una de las canciones semiautobiográficas del álbum, que reflexiona acerca de época de beatnik en los fines de semana, paseando en el muelle con su novia y su guitarra acústica a comienzos de los ‘60, y se complementa con canciones sobre sus hijos, su padre, su divorcio. Los críticos quizás se ponen nerviosos con Stewart porque éste nunca se ha sentido culpable por sus éxitos y los lujos que se da. “Siempre me expuse al ridículo”, dice. “Y los beneficios son maravillosos, por eso me aguanto cualquier palo que me pegue la prensa”. Entre los beneficios figuran la serie de mujeres de las que Stewart no se privó. Varios párrafos de su autobiografía, publicada el año pasado, están dedicados a los esfuerzos del cantante por mantener a sus numerosas novias alejadas unas de otras, y de la prensa, hasta que eligió la fidelidad en 1990 con su segunda esposa, Rachel Hunter, (se separaron en 1999 y se divorciaron en 2006). “Había mucho humo y espejos en aquellos días”, admite. “Era como una comedia de Brian Rix. Una puerta se cierra, alguien sale corriendo en corpiño, otro portazo y alguien sale con los pantalones por los tobillos. Era muy así”, dice.

¿Alguna vez pensó: “¿Esto realmente vale la pena?”.

No (lo dice con cierta nostalgia, pese a haber sentado cabeza con su tercer matrimonio, esta vez con Penny Lancaster-Stewart).¡Era lindo! El único momento en que comencé a sentirme triste fue probablemente a fines de los ‘80, cuando tuvimos este ‘largo y caluroso verano’, yo y uno de mis mejores amigos estábamos en el sur de Francia (él estaba haciendo un video con Tina Turner). Y las chicas entraban y salían, en toda Europa. Era maravillosamente fácil, pero también un poco triste, como un vacío con mucha superficialidad. Te echabas un polvo, y eso era todo.

Stewart confiesa haber dormido con una gran cantidad de mujeres: “Con un mínimo de tres. No con una por noche, que venía y se iba. ¡No, no tan mal! ¡Dios mío! Tres era el número. Quizás un máximo de cuatro. No entiendo cómo me salí con la mía. Nunca fui apuesto, pero tenía cierto encanto, y, lo más importante, era el cantante de una banda de rock. Y tenía algunos billetes. Eso me abrió las puertas”.

Las mujeres no son un mito. Algunas de las otras cosas, sí. Stewart nunca fue sepulturero “Yo sólo medía las tumbas”), ni jugador profesional (“No estuve ni cerca. Era bueno pero no tanto.”). Inventó esas historias para parecer más interesante en las entrevistas. Y asegura que un publicista inventó lo de los marineros y el lavaje de estómago por exceso de semen. “El tipo tenía mucha maldad. Pero no vas a encontrar, hasta donde sé, ningún material escrito sobre eso. Fue una mentira que él echó a correr. Y creo que lo mismo le pasó a Richard Gere con un ratoncito”.

Traducción: Susana Manghi



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