Narváez impuso su jerarquía y retuvo el título en fallo dividido.

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En el Luna Park, consiguió su séptima defensa del cinturón supermosca OMB ante el mexicano Orucuta. Un poema de boxeador es este Omar Narváez (39-1-2; 20 KO’s), ahí está, mírenlo, con su boxeo que tiene una métrica justa, ni un golpe de más, ni un esquive de menos.
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26/5/13

Ahí está, el campeón, enamorando otra vez al Luna Park, a ese público que lo arropa desde hace 11 años cuando empezó su reinado ininterrumpido. Parecía que el peligro, esta vez, estaba latente porque al chubutense le trajeron un rival bravo para destronarlo, pero ni el mexicano Felipe Orucuta (27-2-0; 23 KO’s) pudo romper la leyenda del Huracán de Trelew. El cinturón supermosca de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) se quedó, por séptima vez, en estas tierras gauchas. Se vio una versión muy activa de Narváez, que, quizá, aceleró a fondo por temor al veredicto de los jueces.

“Con la inteligencia, la experiencia y los años de trayectoria que tengo, lo pude sacar adelante, no sé que vio ese juez con todo respeto, le gané al más peligroso de la categoría; el título se queda en casa, estoy orgulloso de ser argentino. No sé cómo va a seguir mi futuro, de eso se encarga mi manager, pero hay campeón para rato”, dijo Narváez, que ganó por puntos en fallo dividido. José Torres y Roark Young dieron 115-113 para Narváez. William Lerch vio 118-110 para Orucuta. Insólito. Esto reafirma la teoría del mánager Rivero que a Narváez lo querían perjudicar. Para Clarín fue 118-112 a favor del oriundo de Trelew.

Narváez, que muchas veces fue tildado de ser un campeón protegido por la OMB, se enfrentó esta madrugada ante un retador que venía con respaldado con el aura del negocio, y patrocinado por Zanfer, la empresa más importante que maneja el boxeo en Latinoamérica. Al cabo, Narváez venció a un rival 10 años más joven que él. Y 11 centímetros más alto. El es un especialista que enrieda a los más largos, basta con recordar lo que le hizo alguna vez a Rayonta Whitfield (170cm), y a César Seda (1,68cm).

Con su boxeo cerebral, zurdo, atildado, Narváez hizo gala de su enorme repertorio: entrar y salir, tirar lo justo, pegar mucho; Orucuta, que se venía entrenando hace tres meses (reemplazó a Daniel Rosas, que se bajó por una supuesta lesión), no lo pudo encontrar, no logró estirar su temible racha.

Después de los dos rounds deslucidos, Narváez ganó el tercero con claridad, con dos izquierdas curvas que llegaron al rostro de Orucuta, que entregó ventajas en defensa. Poco a poco, Narváez fue minando a su rival, que avanzaba intempestivamente, pero que erraba en demasía. Daba la sensación que Narváez, efectivo, prolijo, estaba cansando al mexicano, que era más potente, pero menos eficaz. De tanto ir Orucuta, terminó dañado en el quinto round sufrió un corte en la ceja derecha. En la segunda mitad, Narváez agrandó las distancias: trabajó con los uppercuts, bloqueó los golpes, y aguijoneó a Orucuta, que se fue desesperando: ¡fue advertido 7 veces por el árbitro Samuel Viruet por golpes ilegales!. Y se fue desdibujando. No veía porque la sangre le inundaba un ojo. Lo mejor de Narváez llegó en el 10mo, hasta se dio el lujo de sacar un golpe de codito. Con valentía, igual, Orucuta ganó los últimos dos rounds.

Pese a sus 37 inviernos, las raíces de su boxeo siguen bien fuertes: la fotosíntesis de su talento está en la cabeza.



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