Los arroyos que se esconden bajo la Ciudad.

BARRIO.
Noticias.
Las inundaciones pasadas mostraron que Buenos Aires se construyó en terrenos surcados por canales que hace tiempo fueron a cielo abierto.
Villa Devoto.

9/5/13

La Capital está asentada sobre once cuencas, con barrios levantados sobre zonas que eran bañados. Los entubamientos ayudaron al saneamiento ambiental pero la alta urbanización produjo más riesgos de desastres. Por Sergio Limiroski La terrible inundación que castigó a los porteños a principios de abril pasado mostró que bajo la ciudad de Buenos Aires se esconden "enemigos" que alguna vez estuvieron a cielo abierto y formaron parte del paisaje urbano de la ciudad: los arroyos.

Un estudio del Centro Argentino de Ingenieros de los profesionales Ignacio Moya y Bernardo Rincón determinó que la Ciudad está asentada sobre once cuencas, con barrios enteros construidos en zonas que eran bañados (como La Boca o Villa Crespo).

Las once cuencas que dan lugar al régimen hidráulico del Area Metropolitana son: Medrano, Vega, White, Maldonado, Radio Antiguo-Ugarteche, Boca-Barracas, Ochoa, Elía, Erézcano, Cildañez y Larrazabal-Escalada, de las cuales tres se extienden sobre el conurbano.

La cuenca del Arroyo Medrano tiene su nacimiento en los partidos de Tres de Febrero, San Martín y Vicente López. La cuenca del Arroyo Maldonado nace en los partidos de Tres de Febrero, La Matanza y Morón. La cuenca del Arroyo Cildañez nace en el partido de La Matanza.

El progreso de Buenos Aires y del conurbano, con sus pavimentos, veredas y edificaciones, reduce cada vez mas las áreas de suelo absorbente, generando mayores aportes de agua a los arroyos que atravesando la ciudad desaguan en el Río de la Plata y el Riachuelo, y pone en evidencia la falta de un tratamiento integral (Ciudad-Provincia) del problema.

Cada una de las cuencas tiene comportamientos particulares que requieren medidas estructurales adecuadas, que consisten en planificar y construir sumideros, red de conductos primarios y secundarios, adecuación de emisarios principales, canales aliviadores, reservorios y estaciones de bombeo.

EL ARROYO VEGA

Uno de los arroyos que más dolores de cabeza trae a los porteños es el Vega, que corre siempre dentro de la Capital. "Es un arroyo que nace en Villa Devoto y termina en Nuñez. El emisario de su cuenca -conducto principal- corre por Blanco Encalada provocando las inundaciones que vimos muchas veces", señala a La Prensa Marcelo Arostegui, docente y miembro del departamento de hidráulica de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

El Arroyo Vega era el eje de la antigua Ciudad de Belgrano. Se originaba en los barrios en Devoto, iba por la La Paternal y Agronomía, atravesaba Colegiales y bajaba por la Calle Holmberg hasta Juramento. Luego recorría Estomba, Mendoza y Superí hasta volver a retomar Juramento. Atravesaba Freire y Echeverría, recorriendo Zapiola hasta doblar en un codo por Blanco Encalada, y por Húsares y Monroe desembocaba en el Río.

Arostegui menciona que al momento del entubamiento, los canales estaban realizados para soportar 30 o 40 milímetros de agua, y que con fenómenos como el cambio climático las lluvias han ido acrecentándose, produciéndose los anegamientos.

LA FIEBRE AMARILLA

La ciudad tuvo un primer plan de drenaje urbano posterior a la epidemia de fiebre amarilla, ocurrido hacia fines del siglo XIX, que diezmó una parte importante de la población. En esos años se proyectó y comenzó la construcción del sistema pluvio-cloacal que aún hoy presta el servicio en el Radio Antiguo, y que concluyó hacia 1910.

En la segunda década del siglo XX se proyectaron los sistemas de drenaje, separando el drenaje pluvial del cloacal, para las cuencas del Medrano, Vega y Maldonado, obras que se terminaron en la década de 1940.

Arostegui también destaca que Buenos Aires se decidió en aquellos años por el entubamiento, aunque no es la única opción.

"Por ejemplo en Córdoba se decidió por mantener cursos a cielo abierto. Tenemos los canales de La Cañada o El Suquía. Allí se optó por dejar a a los costados espacios verdes. Esto hace que cuando la canalización no es suficiente se tome ese espacio, sin dañar viviendas".

Arostegui agrega que se decidió por el entubamiento teniendo en cuenta también el hecho de que por esos arroyos tenía curso también residuos cloacales.

"El entubado fue también una solución, un saneamiento. El problema es que el crecimiento de la ciudad hizo que hoy pegado a estos canales aparezca todo urbanizado. Entonces ante el desborde el daño es grave".

NUMERO EXCEPCIONAL

En cuanto al problema actual de los desbordes, el ingeniero indica que hoy las lluvias son más abundantes y desbordan los canales. "Las lluvias son aleatorias, no se puede saber con exactitud cuanto lloverá en el próximo episodio. Por eso se hacen estudios de recurrencia para intentar predecirlo".

"Algunos estudios extraoficiales -explica el investigador- muestran que el caudal de lo llovido en la última inundación muestra una recurrencia de casi 1000 años, es un evento muy excepcional".

Arostegui agrega que esto no significa que no se sigan sucediendo grandes lluvias en breve. "Los canales en su momento fueron hechos para cierta cantidad de agua. Y a esto hay que sumarle que se perdieron espacios de absorción por la gran urbanización".

Es así como el perímetro de estos arroyos desborda e inunda casas y cocheras. "Lamentablemente no existe una obra económicamente viable para poder evitar en un cien por ciento una inundación. Esto no quita que hay que hacer obras par estar más preparados".

La obra en el Maldonado, considera el especialista es un buen ejemplo. "Se hizo una tubería por debajo del caño original y por presión cuando desborda el original pasa el agua al nuevo conducto". De todas formas, la grave inundación que se vio cerca de Juan B. Justo pudo tener que ver con que falló o aún no está bien terminada la interconexión, observa.

El gran anegamiento de principio de abril tuvo sus atenuantes y agravantes. "El hecho de que fuera un feriado creo que hizo que la situación no terminara peor. Lo complicado fue la hora en que sucedió el episodio".

Arostegui opina que una de las maneras de empezar a buscar soluciones es comenzando a entender el fenómeno.

"Cómo decía un profesor mío: los españoles tuvieron una gran capacidad en la conquista pero sabían poco de problemas hídricos".

"Estamos parados sobre una red de arroyos que convergen en el Río de la Plata. Es una zona difícil para poder levantar una ciudad, el agua está muy presente".

VARIOS FACTORES

A esta cuestión natural se le suma el hecho del cambio climático que provoca mayores lluvias, canales que no tienen lugar para desbordes y falta de obras estructurales.

Para Arostegui es importante que "así como la gente que vive en Miami sabe que está en una zona de riesgo de huracanes y los residentes de San Francisco saben que están en un sector de riesgo de terremotos, los porteños tenemos que asumir que estamos en una zona de riesgo hídrico".

El ingeniero expresa que el problema debe atacarse desde dos frentes. "Uno tiene que ver con lo estructural, realizar las obras de ingeniería que sean necesarias".

"El otro -continúa- pasa por contar con leyes y reglamentaciones que alerten y prohiban ciertas construcciones cuando se quieren hacer en zonas de riesgo hídrico".

"Por ejemplo si se quiere construir un edificio a metros del emisario de un arroyo, debe prohibirse que se haga con cochera subterránea. Es una manera de cuidar a todos".



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