Entre jóvenes y fuerte violencia.

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“The Bling Ring” trata sobre adolescentes que entran a robar en las casas de sus ídolos. Y se exhibió un muy duro filme mexicano. Mientras anteanoche por la incesante lluvia los inmigrantes nigerianos se hacían de unos euros de los desprevenidos visitantes que llegaban a la ciudad sin paraguas (diez euros los de mano, 20 los de mango; no se aceptan tarjetas de crédito), el Festival de Cannes ofreció ayer tres películas en las que actividades ilegales ocupaban buena parte de sus tramas, y de las vidas de sus protagonistas.
La película de Coppola compite en la misma sección que “Wakolda”, de la argentina Lucía Puenzo.

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17/5/13

Abriendo la sección “Una cierta mirada” (en la que compite Wakolda, de Lucía Puenzo, con Natalia Oreiro y Diego Peretti), Sofia Coppola ofrece The Bling Ring, precisamente, una mirada entre comprensiva y no crítica de las transgresiones de una banda de adolescentes que en Calabasas, California, se dedica a chequear qué celebridades no están esa noche en la ciudad, para irrumpir en sus mansiones, ingresar por una ventana o puerta que dejaron abierta y llevarse ropas, relojes, joyas y otros souvenires.

El filme con el que la hija de Francis regresa a Cannes tras la mala respuesta a María Anotonieta en 2006, se basa en hechos reales, y entre las víctimas se cuentan Paris Hilton, Lindsay Lohan, Orlando Bloom y Megan Fox. Sofia ha construido su carrera con los problemas que afrontan sus personajes adolescentes, ya desde Las vírgenes suicidas (1999), también vista en Cannes. Aquí, los estudiantes que están más preocupados por fumarse todo, por la moda y vestir a la ídem y actualizar Facebook no tienen, como Charlotte en Perdidos en Tokio, una angustia que compartir con el espectador. Al menos de manera explícita. Rebecca, Mark, Nicki, Chloe y Sam deambulan fascinados por los zapatos de Hilton, pero lo que más irrita es el desprejuicio de sus declaraciones.

Allí, en esa velada crítica a una sociedad consumista, donde las transgresiones de las estrellas parecen nimiedades al lado de las de los protagonistas, reside el mayor de los golpes de Coppola, cuando habla sobre el comportamiento adolescente.

En sintonía que la recién estrenada Spring Breakers, sobre cuatro chicas que sólo quieren divertirse y se meten en un camino sin retorno entre drogas y alcohol, The Bling Ring se toma el asunto con menos seriedad. Y si en aquélla Selena Gomez sorprendía con un papel alejado a sus productos Disney, aquí es Emma Watson quien está en la vereda de enfrente de su Hermione de Harry Potter.

Ya por la Palma de Oro, el parisino Francois Ozon vuelve a la competencia tras S wimming Pool (2003) con Jeune & jolie (Joven y hermosa), con otra estudiante adolescente de familia bien, Isabelle, que decide ganarse unos euros (300 es su tarifa; no acepta tarjeta de crédito) prostituyéndose, sin que su familia se entere.

Se le reconoce a Ozon su buena mano a la hora de escribir personajes femeninos y de dirigir actrices. Marine Vacth tiene 23 años y pasa por los 17 de Isabelle. Tampoco Ozon, como Coppola, analiza o da pie a interpretaciones de por qué Isabelle hace lo que hace. Su filme, que fue mejor recibido por los críticos locales que los extranjeros, tiene en sus últimos cinco minutos una presencia estelar, que no vale develar, que le imprime una fuerza que el filme venía necesitando de antes.

Y es una pena que la única película latinoamericana en competencia por la Palma sea la mexicana Heli. El filme del catalán Amat Escalante, afincado en México desde su juventud, trata sobre la violencia en un pueblo desolado. Escalante es uno de los dos niños mimados mexicanos de Cannes (el otro es Carlos Reygadas, que coproduce Heli). Las producciones de ambos suelen ir por una vereda distinta de la selección argentina. Son agrestes, secas y tremendamente violentas en el caso de Escalante.

Heli trabaja en una planta automotriz internacional, al que cuando su hermanita de 12 años planea escaparse con un cadete de la policía, quien se roba dos bolsas de cocaína de una decomisión, le pasa de todo. De todo es poco. Si las películas se midieran por sus escenas más shockeantes, tener torturas (quemadura de pene con alcohol y fuego incluido), desaparición y embarazo de una menor, aborto no posible, asesinato y abandono de un cadáver, colgamiento de un puente otro y dos perros masacrados son suficiente como para detener de contar. De-sesperanzada en todo momento, parece ser la mirada que gusta a la hora de elegir los filmes desde México en la competencia cannesina.



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