En el nombre del hijo.

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Documental realizado con filmaciones caseras, tomadas, en distintos lugares del mundo, por padres que registraron el crecimiento de sus hijos. Desde la irrupción de Internet, los cineastas -como todos, obvio- han procurado abarcar el mundo, experimentar(lo), sin moverse de sus casas.
Materia prima Tokman editó en base a 120 horas de materiales caseros.

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17/5/13

Recordemos un par de casos nacionales, que no son los únicos. En 2001, Vanesa Binsztok y Sebastián Molina Merajver lanzaron una convocatoria en un sitio web para que emigrantes argentinos filmaran sus nuevas vidas. Apoyados en la red, hicieron Unsaludoparatodoslosquemeconocen. En 2009, Mauro Andrizzi presentó en el BAFICI Iraqui Short Films: intervención sobre imágenes de la ocupación de Irak (algunas casi surrealistas), con material bajado de Internet.

Planetario tiene puntos de contacto y divergencia respecto de estas dos películas. Por un lado, su materia prima son 120 horas de filmaciones caseras hechas, en distintos lugares del mundo, durante años, por adultos que registraron el nacimiento y crecimiento de sus hijos. Por otro, Baltazar Tokman, su realizador, no intervino el material: se limitó a seleccionar y editar las imágenes ajenas y, a partir de ciertas pautas, a “dirigir” a la distancia. Y algo previo: hizo el casting -un casting con postulantes que ignoraban serlo- vía YouTube.

Los más conservadores dirán que cineasta es el que filma; los otros, que el montaje -aun de material ajeno, como en el found footage - es el corazón del cine. Un debate sin importancia. Pasemos al resultado: en Planetario, Tokman (director de Tiempo muerto) logró abarcar un abanico de culturas/religiones/idiosincrasias en torno de un tema universal: el vínculo padres-hijos. Y lo hizo sin demagogia, sin abrir juicios, sin subrayados, casi sin lugares comunes: con una mirada poco condescendiente, más puesta en los padres que en sus hijos. De hecho, la finitud, el vano intento de perpetuarse en otro y el asfixiante peso de la herencia sobrevuelan - al margen del humor o la ternura- esta película.

Un padre que siente que su pequeño hijo se transforma en hombre cuando él le pone un arma en sus manos. Otro, muy maduro, que se convierte en padre soltero y no logra evitar que su hijo lo llame “mamá”. Deseos que van a constituir a los adultos del futuro, incluyendo, claro, sus traumas. Un tema que no le atañe a los realizadores sino a los psicoanalistas.



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