El nuevo CQC de Pettinato.

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En el comienzo de su 17 ª temporada, el periodístico que instaló Pergolini quedó tomado por la impronta del humorista.
CQC.

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15/5/13

Contra aquella teoría que sostiene que un formato instalado condiciona, el comienzo de la 17ª temporada de CQC (a las 23.45, por El Trece) desterró el concepto. Sencillamente porque en su nuevo cambio de conducción -del original Mario Pergolini se pasó a Ernestina Pais, de ella a Juan Di Natale y Guillermo López y de ellos, a Roberto Pettinato- el ciclo no obligó a seguir sus pautas, sino que se acomodó a las pautas del flamante conductor. Y, en ese punto, el periodístico que tuvo su época de oro en tiempos de Pergolini demostró, al menos antenoche, que en esta nueva era pinta más para ser el show de Pettinato , que un CQC clásico.

Si bien el equipo se sigue parando en cancha con tres de punta, y un puñado de noteros que transitan todo el campo, en esta apuesta Pettinato se recorta claramente como figura excluyente. En él se centró la desopilante apertura, en la que Homero -uno de sus hijos- pedía por la contratación de su padre mientras la cámara mostraba a personajes como Natalia Oreiro o Guillermo Coppola rechazando la oferta de conducir, y alrededor de él se construyó también la primera emisión de este año.

Con sus onomatopeyas y su elástica gestualidad enmarcando su estilo descontracturado, Pettinato fue más que uno de los tres conductores. La fórmula (a diferencia de la histórica Pergolini-De La Puente-Di Natale) fue Petti más dos : Clemente Cancela y Diego Iglesias. Noteros con historia en el ciclo, pegaron la vuelta al mostrador para completar el trío. Y, como sus propios caminos lo atestiguan, tienen distinto peso en el medio, realidad que quedó clara en el debut: no es que ellos dos hayan desentonado ni que les hayan quedado grandes las sillas, sino que Pettinato tomó la batuta para desgranar espontáneamente su ironía y su humor, más allá del guión. Y entonces el clásico ordenamiento de quién habla/cuándo/y a qué cámara quedó por momentos desprolijo ante la adrenalina, tal vez, del primer programa.

Pero amén de cierto desajuste inicial -con interrupciones y miradas a la cámara equivocada-, el regreso del ciclo dejó ver algunas dosis del CQC más auténtico, con los noteros afilando la punta del ingenio y la réplica para desacomodar ciertos esquemas. En esa dirección, se destacó el informe de Martina Soto Pose, que se propuso -y lo logró, claro- comprobar cómo a algunos políticos les cuesta decir determinada palabra, como ‘inflación’ a los oficialistas o ‘alianza’ a la oposición.

En otra línea, también fue ‘cequcesca’ -en caso de que se pueda inventar esa palabra- la cobertura que Gonzalo Rodríguez hizo sobre los primeros días del Papa Francisco en El Vaticano. A puro grito y osadía, consiguió que Jorge Bergoglio, en su flamante rol de Sumo Pontífice, se acercara a donde él estaba, le diera la mano y le compartiera el ruego de “que gane San Lorenzo”. Claro que, al mismo tiempo, hay que decirlo, el estilo ‘cequcesco’ siempre se definió por el abordaje de la actualidad (a veces desde los ángulos menos pensados). Y, cruda realidad mediante, aquellos días de sorpresa papal y euforia argentina -todavía era verano- seguramente quedaron lejos en la memoria de los televidentes.

Luego de haber desgranado humoradas sobre la vuelta o no de Marcelo Tinelli, sobre el programa de Jorge Lanata y sobre todo lo que su ágil cabeza le fue cruzando, Pettinato dijo un par de veces, a modo de slogan, que “ CQC es el programa que se ríe de los que se ríen de vos”. Antes de eso, había quitado del escritorio una mini figura moldeada de Pergolini para poner la suya, saxo en mano.

Un Pettinato auténtico, un tipo que, más allá de lo que se proponga el ciclo, sabe reírse. Y si para eso debe correr los límites de un formato, lo hace. No en vano lo llamaron a él, con todo lo que su nombre y su estilo significan.



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