Angelina Jolie se estirpó los senos.

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La noticia causó conmoción a nivel mundial: Angelina Jolie se hizo una doble mastectomía para disminuir el riesgo de contraer cáncer de mama. Lo contó ella misma en una columna publicada ayer en The New York Times.
Jolie.

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15/5/13

Desde entonces, somos millones las mujeres que no dejamos de pensar en la decisión de Jolie. En detalle contó Angelina como había llegado a esa opción médica tan drástica: Hija de una mujer que murió a los 56 años, después de haber peleado durante una década contra esa enfermedad, se sintió acorralada por la genética, se hizo los estudios y confirmó lo que temía: a causa de un gen defectuoso, sus probabilidades de contraer la enfermedad eran de un 87%. Con la operación, dijo, disminuyeron al 5%. A sabiendas del impacto que la noticia causó en la población, la TV corrió a consultar a los médicos, y ellos salieron a tranquilizarnos.

En “Telenoche” (El Trece), los especialistas le explicaron a Guillermo Lobo que el caso de Jolie es extraordinario: sólo el 5 al 9 por ciento de los cánceres de mama son de origen genético. Y los estudios genéticos debe indicarlos un médico; no son necesarios para todas las mujeres, a diferencia del protocolo general para la detección precoz del cáncer de mama, que se resume en unos cuantos pasos: “el autoexamen y el examen médico periódico, una mamografía anual luego de los 40 años y la consulta al mastólogo”. Además, en el peor de los casos, según informaron en el noticiero, el pronóstico es alentador: “Tomado a tiempo, la chance de cura del cáncer de mama es del 98%”.

En “Intratables” (América), el mastólogo Eduardo Cortese señaló que la cirugía que le practicaron a Angelina no elimina el riesgo de contraer la enfermedad, sino que lo disminuye notablemente. Por eso, Angelina no dijo que ahora esté libre de todo riesgo, sino que el riesgo bajó del 87% al 5%. Así y todo, Angelina tomó la decisión, que su marido Brad Pitt calificó de “decisión heroica”. Entiendo bien que haya usado ese término. Hay que ser muy valiente para someterse a un procedimiento que, según sus dichos en The New York Times, implicó tres intervenciones dolorosas. Las cirugías le dolieron en el cuerpo. La mutilación que implica la mastectomía le debe haber dolido en el alma, mucho. Pero infinitamente menos que la amenaza encerrada en la frialdad de un porcentaje: 87%. Allí donde los análisis genéticos señalaban un número, ella leía el terror a tener que despedirse de la vida y de sus hijos muy temprano.

Angelina, la celebridad global, el ícono de la belleza femenina, la mujer del hombre más guapo, la madre de tres hijos biológicos que además, adoptó otros tres y armó una familia encantadora. Sí, Angelina, la dueña de una vida que nosotros espiábamos en las páginas satinadas de las revistas o en los recorridos glamorosos de las alfombras rojas, y se nos antojaba puro brillo, un día supo que la genética había sido más despiadada con ella que con la mayoría de las mujeres, y tomó la decisión. Angelina Jolie, la del cuerpo envidiable, antepuso la vida a la belleza, y entró al quirófano. No fue a buscar la inmortalidad, que no existe. Y ni siquiera una garantía de longevidad, que nadie puede concederle. Capricho de la finitud, todos podemos morir en cualquier momento y por cualquier causa. Angelina fue a librar una batalla desigual contra el azar de la vida y la muerte. Fue a hacer todo lo que estaba a su alcance para intentar aplazar el momento de la partida: achicar el riesgo respecto de una y sólo una posible causa de muerte.

La decisión de Jolie me hizo pensar en esas mujeres que se vuelven adictas al bisturí en la obsesión por verse bellas. No me refiero a las que se hacen una cirugía estética. Hablo de las que las que peregrinan de cirujano plástico en cirujano plástico hasta que encuentran uno dispuesto a operarlas hasta el infinito. Sanas, se someten a cualquier riesgo. Cada tanto, aparece la noticia alguna que, por complicaciones o por mala práxis, perdió la vida en la búsqueda del paradigma de la belleza. Paradojas de las personalidades, Angelina Jolie, la encarnación de ese paradigma estético, acaba de poner el valor de la vida por encima de la belleza. Para pensarlo…



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