Luis Cardei : El cantor del estilo sencillo.

BARRIO.
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Luis Cardei actuaba en cantinas y cabarets. A los 50 años, su talento se hizo popular.
Maxima.

30/4/13

La mayor parte de su carrera se desarrolló en cantinas de barrio, esas que abundan en Buenos Aires. Era el tiempo en que las letras de viejos tangos y los acordes del bandoneón se mezclaban con el sonido de cubiertos y copas, el ruido de la máquina del café exprés y los mozos pidiendo “cerrame la mesa 4” o “ravioles con tuco para dos”. Pero un día de 1994, el viento, que siempre había venido de frente, cambió. Y el hombre, ya de 50 años, no sólo se convirtió en figura. También dejó atrás su historia de cantor y llegó a esa categoría a la que muy pocos acceden en el tango: fue “torcan”.

Se llamaba Luis Cardei y había nacido el 3 de julio de 1944 en un barrio tan tanguero que hasta tiene un estilo propio para los bailarines: el estilo Villa Urquiza. Entonces, esa influencia barrial, sumada al gusto de su papá, Luis Eduardo Cardei (un cantor que se había hecho un nombre en esos tiempos), lo metieron de lleno en ese mundo que uniendo notas y palabras llega al corazón.

Pero Luisito, como le gustaba presentarse, cargaba con un lastre importante: una salud vulnerable. La polio infantil lo había dejado rengo a los seis años y la hemofilia, que le habían detectado de chico, lo tenía en la cuerda floja de una vida difícil. Por eso su mundo fue distinto al de todos los chicos de entonces, que incluía fútbol y juegos callejeros. Él pasaba muchas horas pegado a la radio o escuchando los discos de un tal Carlos Gardel, a quien tenía como ídolo.

De todas maneras, así creció y aquellos sufrimientos no lo doblegaron. Mientras alternaba trabajos (desde vendedor hasta el ilegal “levantador de quiniela”) aquel espíritu de decidor lo fue metiendo en cabarets de barrio o cantinas, lugares donde los aplausos, aunque eran pocos, siempre superaban a los pesos. En ese recorrido llegó a “La esquina de Arturito”, un local de Parque Patricios donde junto a Antonio Pisano, quien lo acompañaba con su bandoneón, pasaron trece años desgranando tangos, valsecitos y milongas.

Fue ahí donde lo escucharon algunos periodistas. El boca a boca hizo lo demás. Y lo convocaron para que actuara en el Foro Ghandi y en El club del vino, donde se entreveraban intelectuales y famosos que poco a poco lo convirtieron en figura de culto. Los seis años siguientes fueron mágicos: Cardei grabó tres discos, participó en la película “La nube” (dirigida por Pino Solanas), lo aplaudieron en muchos escenarios y hasta la revista francesa Le Monde Diplomatique le dedicó notas, bautizándolo como “El rengo fascinante”.

Entonces, con ese estilo sencillito y sin estridencias, Luis Cardei llegó a la popularidad y a ser considerado un verdadero torcan. “Yo juego con el argumento de los tangos y me emociono interpretando al personaje que está en las letras”, solía repetir cuando le preguntaban por su manera de presentar sobre el escenario esas “obras de teatro” que se llaman tangos y duran apenas tres minutos.

Alguna vez, Marylin Monroe afirmó que la felicidad es efímera como una golosina. Y el final de Luis Cardei (simplemente Luisito, para sus amigos y hasta para darle título a uno de sus discos), le da la razón. En una de las muchas transfusiones de sangre que recibió por su hemofilia, Cardei se contagió una hepatitis C y murió el 8 de junio de 2000, cuando le faltaba menos de un mes para cumplir 56 años. El velatorio también fue en Villa Urquiza, su barrio. Su voz, pequeña pero llegadora, lo hizo figura. Algo similar a lo que ocurrió con otro muchacho que tuvo mayor repercusión en su carrera pero que también murió con apenas 54 años, cuando todavía podía aportar mucho. Este hombre se llamaba José Angel Lomio y con el seudónimo de Angel Vargas se ganó el mote de “ruiseñor de las calles porteñas”. Pero esa es otra historia.

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